miércoles, 31 de agosto de 2011

MARGINAL Y VICIOSO (Parte 28 y final)

Toda la atención de los mirones, y también la de "Ojo torcido", estaba fijada en las dos crucificadas negras. Recién comenzaban sus suplicios por lo que los excitantes movimientos, propios de un cuerpo crucificado, se encontraban en todo su apogeo, máxime si se trataba de la desnudez de negras siempre tan llenas de curvas. Las tres cruces formaban un triángulo. La cruz de Claudia era la menos observada ya que ella prácticamente no se movía y estaba presa de una gran fatiga que me hizo temer su pronta muerte. No gritaba ni lloraba, su sangre estaba seca así como sus labios y sus ojos estaban a medias abiertos, tan sólo suspiraba de vez en cuando y contraía el vientre y pecho cada tanto, procurando respirar. También se había cagado, como las otras, mas al estar de espalda (con la cruz a sus espaldas) y su culo sentado en la protuberancia del tronco, sus heces habían ensuciado parte de sus pies y chorreaban por el stepe abajo; se me contrajo el corazón al ver ese escarnio, una tristeza mezclada de compasión y admiración inundó mi corazón y me acerqué a limpiarle la mierda con un pedazo de tela que arranqué de mis vestidos. Los soldados no impedían éstas muestras de piedad cuando el supliciado estaba agónico, en cambio las pobres negras aún recibían la parte más cruel del suplicio. Vi como, con el revés de su lanza, un soldado sodomizó brutalmente a una de las negras al tiempo que otro le daba los golpecitos típicos en los talones agujereados a fin de atormentarle. La negra aulló descontrolada y terminó desmayándose al tiempo que le extraían la lanza del culo provocando una caravana de mojones que cayeron uno tras otro ante la vista de su compañera. Ésta, a su vez, recibió lo suyo y al igual que la otra también perdió el conocimiento. Los soldados lanzaban chanzas y groserías entremedio de carcajadas. Me imaginé qué crueldades de ese tipo habría soportado Claudia en mi ausencia y mi embelesamiento hacia ella estuvo a punto de hacer que me pusiera de hinojos bajo su cruz."Ojo torcido", a invitación de un romano, participó también del escarnio a las pobres negras, mas no fue cruel, se dedicó a sobajear sus enormes culos cubiertos de sudor y pellizcarlos con avidez; su ejemplo animó a algunos mirones y ya todos estuvimos acariciando, en la medida de lo posible, los cuerpos de ébano aprovechándonos de la impotencia y la condena de ellas. La verdad, esas pobres mujeres apestaban, pero se soportaba el hedor atendiendo a la gratuidad de que ellas eran víctimas y nosotros favorecidos. Mientras transcurría el tiempo, "Ojo torcido" bebía vino de sus reservas como si no percibiera el calor que reinaba, se echó cerca de los caballos de los romanos los que no tardaron en ser objeto de la generosidad de mi amigo. Todos comenzaron a beber y entonces las risas arreciaron al lado de esos cuerpos humillados. Contrariamente a lo que pensé en un inicio, el vino pareció calmar la brutalidad de la soldadesca a modo de bebida amarga-dulce, ya que de ahí en adelante las crucificadas fueron prácticamente ignoradas por los romanos. Ya tenían bastante cada una con su cruz. Los soldados y "Ojo torcido" pronto se hicieron amigos y cada tanto mi compañero me lanzaba pícaras miradas y guiños de ojos que querían expresar su jactancia por estar bebiendo con los mismos que hacía unos días casi lo arrestan y mandan a la cruz.
Transcurrió el día lentamente y poco a poco los caminantes dejaron de mirar, luego de pasar por allí, las negras de retorcerse y los soldados de beber. Ya casi al crepúsculo se fueron los borrachos con "Ojo torcido" a la zaga, el que ni siquiera se acordó de mí dentro de su ebriedad. Claudia seguía viva, resistía, ya prácticamente no suspiraba. Al irse el pelotón de soldados me vi solo entre ése triángulo de mujeres crucificadas. Le di de beber a las negras: agua y del jugo amargo-dulce. Ambas deliraban y tenían la piel enfebrecida, pero se notaba que resistirían muchas horas más, incluso días, parecían no reparar en mi presencia, una tan sólo cerraba los ojos y la otra miraba a un punto fijo. Claudia, en cambio, estaba en sus últimos instantes. Me acerqué a ella y me quedé contemplándola por un buen rato, luego extendí mi mano y lentamente sobajeé sus piernas dobladas, les limpié la sangre, bajé a sus tobillos e hice lo mismo con ellos; besé sus ensangrentados pies, lamí un poco y probé algo de su amargura. Fui pasando la mano por ese divino vientre azotado y transpirado, su hedor de fatiga y entrepierna sudorosa era fuerte y dulzón pero me gustó, me inflamó y ya me disponía a poseerla agarrándome del patíbulo y subiéndome a los mismos clavos cuando ella abrió los ojos y comenzó a susurrar algo. Allegué mi oído a su boca mas nada escuché. Acaricié sus blandas tetas, olí sus axilas, derramé agua por su afeitado cráneo humillado, la besé en los ojos cansados, la hice beber jugo y agua. Una lágrima empezó a derramarse por el rabillo de su ojo derecho, se la lamí y le dije,
-ya todo pasará, divina Claudia, falta poco.
Ella abrió su boca y haciendo un esfuerzo fijó su mirada en mis ojos y susurró apenas,
-grrraaciassss- volvió a correr otra lágrima de su otro ojo. De nuevo le mojé el rostro cuando, fijando su mirada en un punto infinito, comenzó a hablar.
-¡Oh, que felicidad¡, el lago, dios mío, el lago, siento su frescura.

-¿qué estáis viendo, Claudia? decidme, por favor.
-allí, el lago, el lagg.... 
Dejó caer su cabeza y la coroné con la diadema de olivos que había elaborado, y ya comenzaba a llorar por mi desdicha y mala fortuna cuando comprobé, por el movimiento de su pecho, que Claudia aún estaba viva. Entonces se me ocurrió que no todo estaba perdido y que todavía podía hacer algo más, que todo debería tener un sentido y comencé a buscar un palo para que me sirviera de punto de apoyo y poder así desclavar a ésta divina prostituta, diosa de los oasis de mi negra alma y bajarla de su cruz de tormento y hacerla mía y regresar a las praderas y desiertos de mis ancestros con ella, pensé todo eso a pesar de que sabía que salvarle la vida era completamente imposible, yo lo sabía, ¿comprendéis?, sabía que era del todo imposible mas quise desafiar a todo lo que mi sensatez me enseñaba y volverme demente deliberadamente y ya no volver jamás a éste basural, sucedió todo eso cuando, de pronto y atendiendo a un llamado extraño, miré al punto fijo infinito al que había estado mirando Claudia y en ese momento el crepúsculo rojo hizo su entrada y el sol muriente enrojeció el cuerpo desnudo de mi crucificada, haciéndola perversamente hermosa y triste y, entonces, un punto verde que hizo su aparición en el horizonte se inflamó más y más, agrandándose y creciendo, mas no crecía sino que se aproximaba a donde estaba y luego el punto era una bola de fuego verde de la que salisteis vosotros con ésas vestiduras encandilantes a la vista y ajustadas a vuestra garbosa silueta, como si fuerais ángeles o dioses, pero vosotros me dijisteis que no lo erais, que yo no comprendería si me explicabais, que veníais a ayudar, que a pesar de no hablar mi lengua os haríais entender y que yo os entendería lo que vosotros me dijerais a pesar de que no veo que uséis mi lengua, mas yo de igual modo me puse de hinojos frente a vosotros, pero ignorándome desclavasteis con alguna ciencia que desconozco a Claudia y la acostasteis en aquel camastro hermoso y le colocasteis todos esos cordeles encima y esa máscara en su cara que veo que le insufla vida y la hace respirar otra vez.

Y esa es mi historia que os cuento porque vos me lo pedisteis aunque no lo reconozcais porque veo claramente que sois unos virtuosos en modestia y generosidad, mas retirad la oferta que me habéis hecho, yo no atravesaré la bola de fuego verde desde la que salisteis, sólo llevad de ésta tierra maldita a vuestro mundo a Claudia que, con seguridad, es a donde pertenece y creo que por eso habéis venido a rescatar a vuestra compañera que por algún error del destino vino a caer en éste infierno de incomprensión. No, no, os lo repito, declino la invitación, no iré, me basta saber que Claudia va a un mundo mejor, de sabiduría y buena voluntad, a la eterna belleza; yo me quedo aquí aguardando en mi basural maldito para cuando vengáis en otro momento, entonces la misma Claudia vendrá por mí y yo iré gustoso, por ahora he cumplido mi propósito más inmediato y urgente, adiós, la paz sea con vosotros, hombres misteriosos del otro lado.
FIN.

6 comentarios:

Mixha Zizek dijo...

Tu historia es loquísima, tienes una imaginación que desborda, muy original todo, besos

Cristián Kristian . dijo...

Muchas gracias, Mixha, gracias por tus comentarios, al parecer has sido, sino la única, uno de los pocos lectores que he tenido el último tiempo.

un abrazo

mistressjuliette dijo...

Hubiese deseado que Claudia te rechazara , rechazara tu piedad aun sufriendo el peor de los castigos. Si eso hubiese pasado y con la misma lentitud del relato , hubiese sido genial.

Cristián Kristian . dijo...

Julliette: ¿que me rechazara? ¿a mí? ¿estoy yo ahí? vaya, tal vez.
Yo también hubiera deseado eso y mucho más, pienso a menudo en eso pero la cosa salió así y prácticamente casi no tuve nada que ver...casi.

un abrazo

Wai Yan dijo...

Con esta entrada he terminado de leer todos los cuentos de este blog, todos alucinantes y conmovedores (algunos demasiado conmovedores, hasta las lágrimas).

Si alguna vez se propone publicar un compilado de estos relatos en papel, tenga por seguro que yo compraría su libro (fantaseo con que estoy en una larga fila, esperando a que éste sea autografiado por el autor).
Admiro profundamente sus letras y lo aplaudo de pie.

Cristián Kristian . dijo...

gracias, Wai. Usted es muy gentil y generosa. Gracias por leerme, no sabe lo mucho que se lo agradezco