miércoles, 28 de julio de 2010

MÓNICA.

Por culpa de Mónica le habían dado de correazos a su hermanita de seis años. Para vengarla, arrojó a Mónica al lodazal del fondo de la quebrada y la llamó "infeliz". Mónica no supo qué le dolió más: si la paliza que le dieron por llegar a la casa con la ropa negra de lodo o que ÉL, precisamente él, la llamara "infeliz". Al día siguiente Mónica le dijo a él ,
-dios te va a castigar por lo que me dijiste.
Dos años después, él queda sin papá; un cáncer fulminante se lo llevó en el verano. Hay un momento durante el funeral en que a ÉL le da un ataque de llanto; es en ese preciso instante, cuando Mónica busca con sus ojos su mirada llorosa y al encontrarla sonríe malignamente, él detiene su llanto y un sudor helado le recorre el cuerpo junto a una sensación en que se mezcla el dolor, la derrota total y el miedo; sostiene la mirada dos segundos, luego mira para otro lado.

Han pasado 13 años desde aquel funeral; él camina por el centro de la ciudad, tiene la barba y la cabellera larga y negrísima....se siente bello y lleno de energía. A la vuelta de una esquina se topa de frente con Mónica (en esos trece años no ha sabido nada de ella); ya es una mujer y va con un bebé bastardo en brazos; él la mira directo a los ojos, ella baja la vista, él la encuentra fea y despreciable, por un segundo ella piensa que él la saludará, él sigue de largo como si nada. El resto de ese día, Mónica se sentirá triste, malvada e infeliz.

2 comentarios:

Betty M. dijo...

Hay miradas y silencios que duelen más que los golpes. Algunas almas comparten guerras infinitas.

Y personalmente, creo que absurdas. Aunque nada llene más que el condenado balanceo entre el amor y el odio, entre el placer y el dolor.

Creo que estos dos tendrían que echar un polvo salvaje.

Anónimo dijo...

jajajajaja