viernes, 12 de junio de 2009

LA DOLOROSA EN ISLA NEGRA.

Até las muñecas de la dolorosa con una soga. De una de las vigas del techo de la cabaña pendía una cadena que yo había puesto ahí con anterioridad. Uní las muñecas atadas a la cadena de tal manera que la dolorosa quedó con los brazos en alto, casi colgando (sólo casi) y en punta de pies. Contemplaba un cuerpo desnudo y estirado en la postura que siempre he considerado una de mis favoritas; ver una mujer así simplemente me pone a mil; era también la postura preferida de ella según me había confesado. Sus piernas estaban tensas por el esfuerzo al estar de puntas. Coloqué 2 libros gordos en el suelo como punto de apoyo o promontorio para que se parase sobre ellos y así descansase. Con el resto de la soga le até también los tobillos, muy juntitos. Al fin estábamos uno frente al otro.
La dolorosa me gustaba, ¿por qué? no sabría decirlo. Con el pasar del tiempo he tratado de racionalizar las posibles causas de ese gusto formulando hipótesis que al final no me dicen mucho porque ella era un misterio, tal vez por eso me gustaba......,me gusta aún ¿dónde estarás, Dolorosa?.

La dolorosa, la Claudia, era una mezcla, un collage de ciertos fetiches sexuales que tengo (desde la infancia) unidos a una personalidad que a mí siempre se me antojó atractiva en las mujeres, eso sin mencionar su morbidez lujuriosa, su imaginación, su actitud de entrega, el estoicismo conmovedor. Al verla con sus brazos en alto, obligada a mantener su tórax erguido y el vientre contraído, me dieron unas ganas de hundir mi nariz en sus senos y sobacos afeitados, pero no lo hice, había que esperar.
Dije que Claudia, la dolorosa, era una mezcla de aspectos que me gustaban, todos reunidos en una mujer. Su mirada oscura, insondable y melancólica, su boca pequeña poco acostumbrada a la risa; era una mujer de tez blanca y cabello castaño, muy bello. No era de hablar demasiado, más bien callada, tal vez sublimaba esa escasez de palabras con la escritura, claro, porque esta mujer escribía: narraciones, ficciones, poemas, todos tan extraños como ella misma.
"CUANDO ESTEMOS EN EL PALACIO DE LAS TORMENTAS NOS ABRAZAREMOS DESNUDOS EN LA LLUVIA, MOJADOS DE NOSOTROS MISMOS Y ENTONCES TÚ VERÁS ...."
¿verás?, ¿qué vería? me preguntaba yo. Esos fueron los primeros versos que me envió por mail. Me ví envuelto por ella y por la atmósfera que parecía seguirla siempre donde quiera que fuera. Claudia también era de una lujuria a flor de piel que se encendía sobremanera cuando se ejercía fuerza física sobre ella, entiéndase torturas, fuertes azotaínas y cualquier manera brusca o animal de hacer el amor; dejaba su cuerpo ser invadido por otro cuerpo el cual lo tomaba por asalto, a pesar de eso no podría decir que ella se rendía a ese asalto, no lo hacía y creo que nunca lo hará. Claudia no era de esas "sumisas" o "esclavas" ; creo que era de una categoría aparte, sui generis y ese era otro motivo más para admirarla. Pero además, la dolorosa satisfacía un particular gusto que tengo por la abundancia. Su cuerpo era prominente, exuberante a niveles que nunca había visto en vivo. Cuando me entrevisté con ella por primera vez no lo podía creer. Debo reconocer que era algo gorda, de 1,64 m de estatura, su peso fluctuaba entre los 80 y 87 kilos. Las mujeres obesas no son de mi gusto, sin embargo Claudia salvaba el óbice con sus medidas casi increíbles: 124, 89 y 108. Era un verdadero 8 (ocho) muy semejante al cuerpo de las mujeres negras. Si tomamos en cuenta la grasa de su cuerpo, su cintura -no obstante lo anterior- seguía siendo bastante estrecha al igual que su espalda, todo lo cual contribuía a resaltar (y no creer) su gigantomastía. Tal era la abundancia de sus tetas colgantes que cuando vestía ropas anchas o un suéter negro que era de su particular gusto, se tendía a pensar que su gordura era mayor aun de lo que en realidad era, a éste respecto se le dificultaba grandemente hallar en el comercio la ropa interior adecuada. Cada uno de sus enormes pechos estaba adornado con una gran y ubérrima areola. Puede que algún remoto ancestro de la dolorosa haya venido de África, mas el color de su piel no lo delataba; era muy blanca, más aún si pensamos que habida cuenta de su gordura no acostumbraba a andar escasa de ropas, es decir, su piel se mantenía intacta al Sol. ¡Que cuerpo más delicioso¡ sin embargo ella decía estar profundamente acomplejada con él: que las estrías, que las celulitis en las nalgas y muslos; pero a mí, Claudia me parecía ser una bonita muñeca cuyo fabricante rellenó solamente en el busto, culo y piernas, y lo demás lo dejó vacío. En su rostro no se vislumbraba la gordura del cuerpo ya que era alargado y con nariz grande, esto último no era complejo ya que se trataba de una nariz fina, y creo que Claudia estaba orgullosa de ella.

Ahí estaba la Dolorosa, atada, casi colgando. Su pubis peludo (muy peludo) me hipnotizaba; tenía un bosque negro y brillante; más de alguna vez había pasado mi lengua por esos pelos y probado su sabor ¿Dónde estarás mi hembra dolorosa?, ¿dónde estará tu loca cabeza? Ella me había desafiado, me estaba probando y por esa razón estábamos en esa cabaña de Isla Negra.
La conocí un día en un Chat, después de eso nos estuvimos escribiendo mails por semanas, luego pasamos a hablar por mesenguer, estuvimos unos meses así; finalmente nos citamos en un café para echarnos un vistazo. Por supuesto que al verla me gustó de inmediato, es decir ya me gustaba, tan sólo confirmé ese gusto. Quedé fascinado. Nos volvimos a reunir y a la tercera cita tuvimos nuestra primera sesión sado.
Nuestra manera de vivir y entender el sadomasoquismo era coincidente. ¿Cuál era el sentido de la violencia y el maltrato?, ¿cuál era el sentido de ese sadomasoquismo?, con Claudia estuvimos de acuerdo en que la respuesta a esas preguntas era "UN PRETEXTO", el pretexto para llegar a la ternura. La fuerza y la violencia eran el pretexto, la causa, la motivación que nos hacía desembocar en ternura. Yo siempre había opinado así. Desde niño me excitaron las mujeres en situaciones vulnerables en donde se exaltara su delicadeza, la belleza de sus formas, las situaciones en donde aparecieran como víctimas desprotegidas, por eso me gustaba provocar esas situaciones de dolor y sometimiento, para posteriormente tener el "PRETEXTO" de derramar mi ternura, de hacerles probar mi consuelo y congoja por ellas. Claudia decía estar de acuerdo con mi postura, me señalaba que dicha manera de entender la cuestión no era tan extraña como podría pensarse. Yo creí encontrar entonces un alma gemela; ahora no estoy tan seguro de ello. Antes de cada sesión acordábamos los términos de ella, siempre lo hacíamos así. Ella ponía los límites: lo que no quería sufrir, lo que no estaba dispuesta a soportar y yo me comprometía a respetarlos; en todo caso, estaba la fórmula de emergencia, la palabra mágica: ¡STOP¡. Yo tenía carta blanca para hacer todo lo que se me ocurriera dentro del margen de límites que ella me había puesto, pero si en el transcurso de la sesión la dolorosa no se sentía capaz de resistir podía darme el aviso correspondiente, ¡STOP¡ sólo ante esa palabra yo me detendría, esto es, si por ejemplo la dolorosa estaba siendo azotada y ella me pedía parar el castigo, llorando e implorando desgarradamente, yo no me detendría sino cuando escuchara de sus labios la fórmula mágica ¡STOP¡. Se suponía que los chillidos y lágrimas formarían parte del juego lo que no quería decir que no fueran reales o fingidas. Según ella, lo que más esperaba en la sesión eran mis muestras de cariño y ternura; el dolor valía la pena por las caricias y besitos que traerían como consecuencia, por eso Claudia me exigía dureza y humillaciones al por mayor durante las sesiones.
El primer encuentro fue una sucesión de bofetadas, pellizcos, estrujamiento de tetas y un Spanking contundente, para luego dejarnos llevar por el remanso esperado (de ternura). En la sesiones que siguieron, Claudia pedía dureza en términos crecientes, siempre más, y yo se lo daba. En cada encuentro los quejidos eran mayores y el dolor fue ocupando el lugar principal. Al verla tan doliente cambié mi forma de enfrentar el trabajo de hacerla sufrir. Comencé a dosificar las torturas con muestras de consuelo intercaladas: azotes, luego caricias, pellizcos, luego besos, apretones luego arrumacos ..., y así. Estimaba que era una buena forma de que Claudia pudiera absorber el castigo, pero a ella estos intermedios de dulzura no le gustaron y prefería seguir con el modelo de las primeras sesiones en que dividíamos el encuentro en 2 partes: la tortura, propiamente dicha y la ternura subsiguiente. Traté de volver al régimen antiguo pero confieso que no pude, simplemente me era imposible propinar por un lapso prolongado de tiempo dolores tan fuertes. Se lo hice saber y cuando ello ocurrió su mirada se hizo más inescrutable que nunca. No me habló más y dejamos de encontrarnos.
CONTINUARÁ.

4 comentarios:

jjadde, seda negra de Gor dijo...

y la belleza esta en los ojos dequien la ve....


bella tu Claudia, bella a traves de tus ojos....bella por que es tuya, Dolorosa y tuya....

Victoria dijo...

Y las fotos?

lady morbo dijo...

Realmente es bellísimo como le escribes a la dolorosa, ambos se pertenecen, es muy lindo verlo así, la intensidad de las relaciones D/s es para mi, mucho más fuertes a las tradicionales.

Es una suerte y un privilegio tener un Amo, pertenecer a alguien.

Ariadna dijo...

Guau, me ha encantado...¿Quién no adoraría a la Dolorosa?

Pronto volveré por más