viernes, 14 de noviembre de 2008

JULIA SÁDICA (Parte 3).

“Estoy de visita en tu país, te espero en el café X, a las 12:00 AM del día X. Con Sandra queremos conocerte, hemos venido sólo a eso".
Ese era el lacónico mensaje firmado por Julia; no podía creerlo ¿sería verdad?. La vieja fea y sádica estaba aquí. Me dio escalofríos, no podía ser cierto ¡viajar hasta acá¡. Tal vez el motivo de su visita era otro y, de pasada, quería conocerme, o tal vez nunca fue mexicana y todo el tiempo estuvo cerca, o podía ser una broma de alguna ociosa. No quise contestar la misiva y estaba claro que no iría a la cita; y ¿si fuera víctima de un secuestro? y ¿si se trataba de alguna suerte de psicópata o algún tipo de mujer repulsiva?. Si todo era cierto, al menos sabía que era una sádica lujuriosa y eso me ponía a mil. Estuve días intranquilo, no podía dormir, trataba de imaginarme a Julia. Inevitablemente la vi con un vestuario típico mexicano, a lo Frida Khalo, bigotuda como ella en sus cuadros ¡que tontera¡; tendría una voz grave, amachada, sería una pesada a más no poder.Volvieron las pesadillas horrorosas y la fiebre ansiosa. Una buena paja cada noche arreglaría el problema, pero no quise recurrir a ella; indudablemente era un masoquista, esa tensión me gustaba y quería mantenerla viva y expectante.
Me presenté en el café X el día convenido y allí estaban, Sandra y Julia. Mi esperanza de que las cosas no fueran como las imaginaba se cumplió.
La verdad, ambas mujeres me parecieron bellas e interesantes, tanto que a primera vista me sentí emocionado; supe al instante cuál de ellas era Julia. Ambas vestían igual. Una pollera muy corta, negra con encajes, tipo mini falda; una mezcla de estilo gótico con sexy; sus hombros iban descubiertos y lucían un llamativo escote. Parecían dos putas esperando a su cliente. Julia era morena, de cabello negrísimo, largo y tomado en un moño; sus ojos eran oscuros y su piel canela brillaba como una estatua de bronce, su mirada era profunda; sus hombros y brazos descubiertos revelaban que era una fitness adicta a los gimnasios; tenía un busto regular y unas piernas musculadas de miedo; se notaba que su porcentaje de grasa corporal era muy bajo. Su cuello iba adornado con una cinta roja que la hacía ver arrebatadora y despampanante. Tenía un porte orgulloso. Lo único que la diferenciaba de Sandra, en cuanto a vestuario, era que llevaba guantes negros y unas argollas grandes que pendían de las orejas.
Sandra, no obstante ser más alta, no se veía con la misma prestancia. Era rubia y muy blanca, de ojos azules intensos, claramente gringa -de hecho era alemana- llevaba el cabello corto y su físico no era duro y fibroso como el de su amiga; era más redonda, curvilínea, tetona y culona, una mujer muy apetitosa, como para chuparla toda. Era también muy linda, ambas en su tipo eran hermosas.
Mis nervios me volvieron tímido de repente y no supe cómo abordarlas.

La mirada de Julia me atrajo como un imán y lo primero que dijo fue,

-En cuanto te vi supe que eras tú. Eres exactamente como te imaginé.

No había ninguna voz grave ni arrogante, ni siquiera autoritaria. De sus cuerdas vocales emanaba una suavidad y serenidad que con el acento mexicano se remarcaba. Cada una de sus eses bien pronunciadas eran miel para mis oídos y constituyeron un relajante para mi nerviosismo. Me sentí encantado, se había ido la ansiedad, incluso la excitación. Del semblante de Julia emanó una alegría de la cual me contaminé. Comenzó a hablar cosas baladíes que deshicieron rápidamente hasta el hielo más duro. Como Sandra se quedó seria y con la mirada baja, sin decir nada, y Julia parecía ignorarla, mi mirada se volvió interrogante en relación a ella. Julia me aclaró que Sandra era su esclava y que no le diera mayor importancia; le manifesté mi discrepancia al respecto ya que el encuentro era de a tres.

-Sucede que Sandra está un poco celosa.

Al decir esto, pellizcó en el brazo a la gringa la que, con una mueca de dolor, reprimió un quejido. El gesto de ambas me despertó el pene hasta ese momento en reposo. Sin duda y no obstante su suavidad, Julia era toda una dominadora.

-Sé que te parece fuerte esto, ya que te has hecho la idea de un encuentro de amigos y camaradas, pero a mí me gusta humillarla y a ella ser humillada. Es mi propiedad y hago lo que se me antoja con ella, pero no te apures, trataremos de aparecer delante tuyo como unas buenas amigas.

Ya me parecía que ellas debían tener una relación d/s y le pregunté a Julia si había venido a mi país para transformarme en su esclavo. Ella rió sin sorna y tomando mi mano cual gata mimosa me dijo:

-No, bebé, tú eres distinto, no servirías como esclavo, no tienes el tipo sumiso, eres ansioso, díscolo, huraño. Tú sabes a qué vine y estoy segura de que ambos cumpliremos nuestro sueño.

Si Julia tenía una esclava ¿por qué no la crucificaba a ella? o ¿por qué no buscaba un esclavo para crucificarlo? una mujer tan hermosa no tardaría en encontrarlo; se lo pregunté.

-Veo que no lo entiendes todavía. Traté de crucificar a Sandra pero me fue imposible, amenazó con dejarme, su sumisión acabó. No es lo de ella, ella es sumisa-esclava, no entiende, no logra asimilar mi fascinación por la cruz, la tortura y el dolor; no es una chica dolcett de las que aparecen en las caricaturas. De hecho la atormento pocas veces y en forma suave, ella goza más con el sometimiento que da la humillación y la servidumbre, goza con ser instrumento de otro, propiedad de otro, una cosa inferior a una persona; no gusta de ser atada, lo hago pocas veces y sólo cuando se porta mal. Para la cruz necesito a alguien que se sepa y se sienta persona, orgulloso, que se sienta vivo para que el dolor y el ultraje sea de verdad o lo más real posible y tú eres de esos, eres perfecto. Prefiero tener esclavas hembras, son mejores, y de los varones que han postulado para serlo ninguno ha tenido la fantasía erótica de la cruz de la manera como la soñamos tú y yo. Somos almas gemelas y por eso he viajado hasta acá, para que hagamos realidad nuestros sueños.

Esas palabras, dichas en un tono tan sedoso, despertaron de nuevo mi ansiedad lujuriosa, hasta me sentí mareado y con un ligero temor.

-No hay nada como ver a un hombre desnudo, recio, colgado de la cruz y con la cara descompuesta por el dolor, y tú eres perfecto y hermoso para eso.

Mientras lo decía, me acariciaba la mejilla, luego pasó su mano por mis hombros y pecho.

-Tienes el cuerpo exacto para la crucifixión: bajo de estatura, espalda ancha y delgado, te ves en buena forma.

Cada palabra que decía me hacía estremecer de miedo y excitación. Le aclaré a Julia que la fantasía que me quitaba el sueño, en la actualidad, era crucificar una mujer y que si bien alguna vez había pensado en ser un Cristo, ello había quedado en el pasado. Le expresé mis argumentos, seguro de que ella no los podría rebatir con fundamentos sólidos.

Durante mis fantasías eróticas de niñez, siempre fui yo el crucificado, el castigado, el condenado o el esclavo sufriente. Al llegar a la adolescencia la imagen fue sustituyéndose por una figura femenina víctima ante la cual asumía una actitud contemplativa de ensueño y romántica que me hipnotizaba y -por supuesto- a ellas recurría para pajearme.
El cine y la TV me proporcionaron las primeras figuras de mujeres atadas y cautivas. Por alguna razón, que en ese momento no comprendía, la imagen de la fémina doliente era extraordinariamente excitante, mucho más que imaginarme a mí mismo en el potro de estiramiento o en la cruz; nunca desaparecieron del todo dichas visiones, pero definitivamente encontraba más sublime y gozoso ver como sufría una mujer con su cuerpo sometido por una tela de araña gigante o atada a un árbol para ser azotada. De ahí a imaginármela en la cruz hubo sólo un paso.


La mujer era mucho más digna del sometimiento, pero no entendía por qué lo sentía así, de hecho en cierta medida me producía envidia. Con el tiempo, y conforme fui creciendo, racionalicé la cuestión y me postulé una teoría que encontraba apropiada para explicar el fenómeno. La mujer atada, colgada, crucificada o en las manos de King-kong está vulnerable, su delicadeza y todas aquellas cosas que la hacen linda y deseable se exaltan, aparece más estilizada, bella, digna de un martirio y logra conmover porque su femineidad queda más patente. El hombre, al lado de ella en la misma situación, aparece burdo, sencillamente ridículo, nada se exalta en él salvo lo feo y lo patético. La explicación no era muy convincente pero a mí me servía. Como no había desaparecido del todo la idea de ser yo el mártir, entonces fantaseé con la idea de ser crucificado junto a una chica, pero esta posibilidad era aún más remota que la de encontrar a una mujer para eso.

-Pues esa posibilidad, está a punto de ocurrir- dijo Julia.
En estos meses en que no habíamos tenido noticias, Sandra y Julia habían estado contactando a los integrantes del Club. Lo que yo no había podido hacer en dos años, ellas lo hicieron en meses. Habían activado el Grupo y casi todos sus miembros participaban asíduamente.


Se había fijado un encuentro internacional que tendría lugar acá, en mi país; el objetivo era conocernos y disfrutar de una crucifixión real en vivo. Todo estaba preparado: el lugar, los materiales, las personas que participarían y las víctimas. El evento sería llamado "la pasión".

-Una de las víctimas serás tú.

Debo haberme puesto pálido cuando escuché aquello, ya que un sudor frío recorrió mi cuerpo. Esto ya no era gracioso. Casi al instante expresé mi negativa y le recordé cuál era mi fantasía (yo el crucificador).

-Tenemos la oportunidad de realizar ambas, ya que la otra víctima será una joven española de 23 años. Mientras estés crucificado la contemplarás al mismo tiempo a ella en su suplicio: ambos dos, sufrientes y desnudos, como Dios los echó al mundo. Será hermoso, un ritual de dolor y placer, las dos cosas centrales en la vida humana, juntas y de la mano ¡genial ¡ ¿no te parece?

Casi me desmayo por el escalofrío y la calentura. Protesté por no saber nada de todos estos preparativos y porque no me encontraba digno de ser puesto en cruz, como ya se lo había explicado; entonces Julia me contra argumentó.
CONTINUARÁ .

5 comentarios:

Strigolugius dijo...

querido Lux cada dia o cada vez estas mas refinado... a mi me fascinan estos relaros exoticos y extravagantes

Salu2 :-)

Caminando con pies de Humano dijo...

me pillaste!!
soy lectora de tus historias pues me gustan los detalles. Me imagino todo!! XD!!
sigue escribiendo es demaciado grato para nos. los lectores!! y si algun dia puedes..junta platita para q publiques pues!!

saludos!!




pdt: sobre las fotos: claro..saca las fotos q kieras...si kieres puedo hacerte con la forma q tu kieras..las describes y yo te las hago...por puro amor al arte.

Caminando con pies de Humano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Strigolugius dijo...

oye Cristian mi buen amigo mas dulce que amrgo, lamento lo de la confusión, es que bueno el nombre, y cierta relación llegue a pensar que mi che broter y vos eran mutuos alter egos, pero ya veo que no andaba ni tibio, pues sin menospreciar a mi broter lux, que es más musikero que otra cosa, ni soñando se acerca estas filigranas de relatos cargados de divinas fantasías de fetichismo experimental...

buena cris, a ver para cuando te echas la zaga... tamos al pendiente

y gracias por la aclaraciòn

SoL dijo...

hola, otra vez por estos lados, a pesar de no compartir totalmente tu fetiche, me gusta mucho leer lo queescribes, yo creo que si tubiese ke describirme, seria sumisa, soy muy docil, a veces me gusta ke me dominen pero en su justa medida... bueno te dejo muchos besos y abrazos de SoL dominada...