jueves, 16 de octubre de 2008

SVETLANA SOLA , EN EL PUERTO PRINCIPAL (Parte final).

Su cuerpo le ardía por todos lados. Cada azote era como un fuerte jeringazo quemante ¡cuanto dolor¡, sentía que se ahogaba y que todo le daba vueltas. La manaza de ogro del rapado le impactó otra vez en la cara, era el aviso de que iba a hablarle.

-Te pondré unos adornos en tus tetas.
Tiró de sus pezones torciendo las areolas y les colocó, a cada una de ellas, una pinza; no fue gran cosa el dolor ¿sería porque no se comparaba con la golpiza que estaba recibiendo?. Cuando al señor X le ponía pinzas en las tetillas, él se quejaba, pero ella presumía que sus lamentos eran sobreactuaciones. Después de un minuto, los pezones también le ardieron lo que fue en aumento ¡que molesto era¡, el señor X tenía razón en sus quejidos.
El rapado agregó pinzas en los labios de su vulva y colocó una en la nariz. El ardor no tardó en llegar también a la vagina. Con la pinza de la nariz sintió que se ahogaba, no podía inspirar ni exhalar el aire ya que además estaba llena la boca por aquella bola.
La desesperación la hizo bufar con fuerza escapándosele algo de saliva por la comisura de sus labios, pero casi no pudo aspirar aire, paralelamente, los golpes y el ardor en la vagina y pezones se multiplicaban ¡cuanto sufrimiento¡, ¡que desgraciada forma de morir¡
Se miró al espejo y su cuerpo desnudo estaba cruzado por líneas horizontales rojas y otras violáceas.
Si no era la lujuria ¿cuál era su pecado?. Claro ¿cómo no lo había pensado antes?, el pecado de una puta no era la lujuria sino la codicia. El dinero la había llevado a convertirse en una prostituta de lujo y lo había ganado en abundancia, se podría decir que era exitosa en su oficio. A los 23 ya era dueña de un departamento con todas las comodidades, y de un automóvil, podría perfectamente haber pagado vacaciones en el extranjero. ¿Ese había sido su pecado?, ¿querer mejorar su situación económica? ¿aquella era la infracción a una norma moral? la infracción estaba dada por poner el dinero por sobre valores y personas, pero ella no era así, siempre que podía compartía su bienestar con sus cercanos; tampoco, jamás, perjudicó a nadie por conseguir dinero, al contrario. Se había acostado con Cristián y nunca le había cobrado porque él era un amigo y para ella eso era más importante que el precio de una cópula; si hubiese podido habría pasado la noche con el gótico, sin cobrarle, tan sólo porque le había simpatizado, sólo para hacerle un regalo a ese joven que la había acompañado en su soledad. Conclusión: ella no era codiciosa. Había resuelto venir al puerto rechazando a un cliente que ofrecía pagarle el triple para que ella lo sodomizara con un dildo. El dinero no era lo principal en su vida y ese no podía ser su pecado.
Un fuerte pinchazo le raspó la nariz. El rapado le había quitado, de improviso, la pinza; al instante inundó sus pulmones de aire hinchando su tórax e irguiendo sus pechos pinzados. Se miró en el reflejo del espejo: notó sus costillas que sobresalían por la acción del estiramiento y de sus pulmones inspirando aire lo que creaba un extraordinario vacío abdominal con el ombligo en el centro. Seguía pensando que se veía bonita a pesar de las circunstancias.
El hombre del pasamontañas le quitó las pinzas de los labios vaginales y se bajó los pantalones; enterró el pene en su agujero llenándola. El mete y saca fue lento y persistente, paralelamente el rapado había dejado de golpearle.
El violador comenzó a acariciar su frente y mejillas con delicadeza; pasó suavemente sus dedos por los rojos labios, hizo que cerrara los ojos y le extrajo la bolita de la boca. De pronto, ella sintió un beso y la lengua del hombre buscando la suya, en su bajo vientre Svetlana atisbó un leve cosquilleo que fue progresivamente subiendo. Abrió los ojos. El hombre se había quitado el pasamontañas. Ella retiró la cara tomando distancia, se desconectaron las lenguas ¡era Cristián¡, ¿cómo podía ser?, ¿cómo sabía dónde estaba ella?

-jajaja ¿te sorprendes?.

¿qué estaba haciendo Cristán con ese rapado neonazi?. Cristián le dio una cachetada y volvió a introducirle la bolita dentro de la boca sin darle tiempo a hablar.

-te lo dije, Svetlana, no debías venir sola a Valparaiso pero tú no hiciste caso, te crees autosuficiente, eres orgullosa y egocéntrica; pretendes prescindir de los hombres y te las das de femme fatal, deseas ser la diosa Afrodita, una princesa a la cual los machos deben rendir pleitesía y todo ¿para qué?, para tu vanidad, para tu ego, he ahí tu pecado, era algo más simple y más complejo a la vez . Vanidad es la palabra y su hermana es el orgullo.
No puedes, ni debes estar sola, Svetlana, ya ves las consecuencias. Ahora eres la princesa caída, una diosa que será sacrificada. Bebe tu cáliz amargo, veremos si resucitas, pendeja de mierda, mocosa pretenciosa.

Cristián la abofeteó una vez más, con todas sus fuerzas; esta vez las lágrimas de Svetlana fueron más abundantes que nunca, pero sus sollozos eran ahogados por la bolita en la boca. El dolor fue más allá de lo físico.
Las embestidas pélvicas de Cristián se hicieron violentas. Ella observó que el rapado se desnudaba; su verga era increiblemente grande, su grosor tenía dimensiones gigantescas; eso no era posible, era anormal ¿podía existir un pene de diámetro igual al de una botella?

-pelao, acabemos con ésta, dale por detrás- dijo Cristián, mientras le ponía a Svetlana la bolsa de plástico en la cabeza.
Había llegado la hora del fin. Su propio amigo la mataría. Sintió que los dos hombres la apretaban espantosamente. Comenzaba el ahogo. La verga gigante del rapado le rompería las entrañas. El culo trataba de abrirse mas no podía dejar pasar esa enorme masa de carne. El dolor se volvía insufrible, se destrozaba por dentro, prefería morirse ahogada, pero la asfixia se le hacía inaguantable; que me rompa el culo, no, la asfixia, no, el culo ¡por Dios¡, no quiero morir, no quiero este dolor, deseo gritar y no puedo, me ahogo, AUXILIOOOOO.


Cuando despertó, la almohada estaba encima de su cara antes de caer a un costado. Estaba totalmente desnuda sobre la cama, tenía el tubo del dentífrico dentro del ano y cuatro dedos de su mano derecha trataban de abrirse paso en la vagina. Su cuerpo entero estaba sudoroso y había mojado la cama, aún le corrían lágrimas. Se incorporó y sacó a los invasores de sus agujeros. Tenía un fuerte dolor de cabeza y el estómago se le revolvía. Debía ir al baño. Caminó hasta él pero antes de llegar al WC, vomitó un líquido con olor a alcohol y jugos gástricos. Todo se le oscureció por unos segundos y luego estaba en el suelo. Sudaba helado y su cuerpo sucumbía a una galopante fatiga.
Estaba claro, ya había amanecido, de pronto tocaron la puerta.

-Señorita ¿está ahí? ¿está bien?.
Quiso contestar mas no pudo sacar la voz. Se arrastró por el suelo desnuda, gateando llegó a la puerta y la abrió. Era el anciano de barbas blancas y su mujer, los dueños del camping. Ella se desmayó.
Cuando despertó estaba en la cama con su camisón. La mujer del anciano le daba un refrescante jugo de frutas.

-Bébaselo todo, hija, el doctor dijo que por hoy no podía dejar de beber, está deshidratada por la insolación y el alcohol que tomó anoche. En el velador hay una crema refrescante recetada por el médico, le ayudará a calmar la fiebre que tiene en su piel. Usted es muy blanquita, parece gringa, no debió asolearse tanto.
-gracias, señora.
-en la mañana escuchamos con mi marido, unos gritos y quejidos, vinimos a ver y supimos que tenía una pesadilla. El Doctor dijo que había sido por la fiebre ¡pobrecita¡. ¿vino sola a "Laguna Verde" ?
-sí.
-una niña tan joven y bonita no debe andar sola.

Entró el anciano, saludó a Svetlana y le dijo:

-puede quedarse acá hasta mañana, no le cobraremos. El Dr dijo que debe descansar y tomar mucho líquido. Mi señora la atenderá. Para nosotros no es molestia, nos gusta tener gente joven. Nuestros hijos están lejos y les cuesta mucho visitarnos.
-Muchas gracias, no se preocupen, les pagaré, tengo dinero, han sido muy amables. Además he tomado una decisión, me quedaré por dos semanas y les haré compañía.
-nos dará mucho gusto, señorita.

Svetlana se miró al espejo, sus ojos estaban enrojecidos al extremo, al igual que su piel. Se sentía afiebrada, los labios estaban resecos e hinchados, estaba fatal, todo el cuerpo le dolía. Tomó el teléfono celular y llamó.
-Aló ¿Cristián?, hola, me quedaré dos semanas en la costa, acompáñame por favor, te necesito, mi amigo.
-Allá voy, mi princesa eslava.

FIN.

1 comentario:

Strigolugius dijo...

te pintaste amigo, este relato se nota que paso su buen rato en incubación, tiene un perfecto acabado, dejando ese esperado o inesperado sabor amargo y dulce

en suma un texto que permite apreciar una aguda percepción cognoscitiva de los humanos en su cabal hondura y significación. me ha gustado

Va un abrazo para vos querido kristian