sábado 6 de febrero de 2010

ENCUENTRO (Parte 7 y final).

Mientras me iba jabonando el cuerpo la bañera se llenaba de agua. Claudia estaba acostada en el suelo sin posibilidad de ponerse de pie. El agua fue subiendo rápido de nivel hasta casi tapar su cara. Ella hacía esfuerzos por respirar estirando su nariz y boca fuera de la superficie, pero cada vez le era más dificultoso hacerlo. Puse un pie en su frente y le hundí la cara bajo el agua. El glu glu glu fue acompañado de frenéticos movimientos desesperados de su cuerpo; la tuve así unos instantes hasta que lo consideré suficiente. Destapé la tina y el agua se fue. Claudia quedó respirando presurosa, subiendo y bajando el abdomen y el tórax y tosiendo por el agua tragada. Entonces me bajó la tentación de hacer lo que ella misma me había pedido. Comencé a acariciar su cara y tetas con los dedos de mis pies. Al pasar por sus labios ella chupaba mi dedo gordo mirándome hacia arriba con ojos de deseo, brillantes y provocadores y, a la vez, como si fuera una niñita que hace una "gracia" para llamar la atención de sus mayores. Mi sexo estaba erguido así que cuando salió el chorro de orina, hube de apuntar hacia abajo dirigiéndolo con la mano. La meada cayó sobre la cara y ella abrió la boca al mismo tiempo que sacaba la lengua muy afuera. Realmente trataba de atrapar la orina para tragársela. Regué el resto de su cuerpo hasta que expulsé todo el líquido. La ayudé a ponerse de rodillas y cuando tuvo su rostro al nivel de mi sexo, volvió a abrir la boca muy grande y me decía,

-Mi señor, quiero más, más, más; déme más.
-Vaca sucia, inmunda.

Contesté y le mandé un fuerte cachetazo en la mejilla. Ella volvió su cabeza por el golpe y le volví a mandar otro en la otra mejilla. La tomé del cabello y la puse debajo de la lluvia mientras seguía con mis cachetadas y tirones en los pechos.

-¡aaay¡ ay, me duele, me duele, tengo super delicado.
-eso te gusta, ¿no?

Por supuesto que tenía el cuerpo muy adolorido por los varillazos que le había dado en la noche, por eso estaba seguro de que los quejidos eran auténticos y nada de teatrales.

-Vaca sucia, te vamos a lavar.

Comencé a jabonarla bruscamente con la esponja: la cara, el cuello, las tetas, el abdomen, el sexo, el culo, todo, todo el cuerpo como si fuera una niña pequeña; a la primera muestra de molestia o quejido le daba un palmazo en las nalgas o muslos. Me di cuenta de que había una escobilla y empecé a usarla; como supuse, le causó mucho dolor ya que su piel estaba maltratada e irritada por los varillazos.

-quedarás muy limpiecita.

dije y dando vuelta la escobilla, embadurné su mango con jabón; se lo introduje en la concha con gran brusquedad como si la estuviera lavando por dentro. Luego hice lo mismo con su culo, pero esta vez chilló bastante, en respuesta mis movimientos recrudecieron y cuando terminé le di un par de golpes en los glúteos con la misma escobilla. Era todo un espectáculo ver ese cuerpo mojado, brillante y estremeciéndose por los escobillazos. A continuación le puse shampoo en el cabello y los ojos le comenzaron a lagrimear por la espuma que le caía allí. Al pasar por sus axilas reparé en que ya se asomaban los vellos , así que desatándola de sus tobillos y muñecas la reacomodé para ponerla en postura a fin de afeitarla. Le até las manos a la barra que sostenía la cortina de baño de modo que quedó con los brazos en alto, muy estirada. Llené sus sobacos con espuma de jabón y comencé la afeitada. Al principio, ella se mostró incómoda e insegura pero luego se quedó muy quieta. La rasurada fue perfecta y, modestia aparte, hice un buen trabajo. La desaté y salimos de la bañera. La fui secando con la toalla, siempre brusco y pesado y pasándola por sus partes. Llené el cepillo con dentífrico y apretando sus mejillas la obligué a abrir la boca. Cepillé fuerte no sólo en sus dientes sino también en sus encías y lengua. Estaba muy desagradada y creo que también cansada, así que no me demoré demasiado en el aseo bucal. Ya terminado la mandé a que se vistiera.
Por mi parte, una vez vestido, me dispuse a preparar el desayuno. Estaba con un hambre de perro y ella debía estar mucho peor, así que llené la mesa con todo lo que el día antes nos habíamos proveído. Claudia se había puesto su clásico vestido hipón que le llegaba hasta los tobillos; era muy escotado y dejaba los brazos descubiertos; pensándolo bien, más que hipón era un vestido similar al de las gitanas. Su busto se veía espléndido y se me imaginaba altiva y orgullosa por tener aquellas ubérrimas prominencias. Olía bien, muy perfumada; estaba muy linda, una hembra hermosa frente a mis ojos. Su cara expresaba cansancio. Mientras hervía el agua para tomarnos el café, le hablé de mi pesadilla, de aquella que se había motivado por las ilustraciones del libro bíblico. Le conté todo lo que había soñado, incluida las palabras que ella me había dicho en el sueño: humíllame, y otras más.

-Estabas desnuda, colgada y clavada de un poste como el Jesús del libro con los brazos en alto.

Apenas dije eso, ella se puso de pie de un salto mirándome directo a los ojos; se rasgó el vestido, liberando sus tetazas y alzó sus brazos, diciéndome,

-¿así, Cristián? ¿así estaba colgando, clavada al tronco?.

Yo no atiné a contestar nada y quedé con la boca abierta como un retrasado mental. Me lancé sobre ella y empecé con lametones furiosos en sus sobacos recién afeitados y perfumados ¡que suaves estaban¡ la besaba en el cuello, en su cara, la boca y volvía a bajar a sus axilas, pasando por sus ubres de vaca, mi vaca, mi tetona loca. Claudia no bajaba los brazos y se había puesto las manos sobre la nuca, tenía los ojos cerrados con cara de soñadora y se dejaba a hacer. Yo le terminé de rasgar el resto del vestido y bajé con mi lengua hasta su sexo peludo y oloroso; allí me quedé un buen rato, lamiendo y chupando, arrobado y sin reparar en lo que había a mi alrededor. Me tomó de la cara y subió mi rostro hasta ponerme frente a su mirada. Me desabrochó los pantalones y me los bajó. Comenzó con una caricia delicada en mi escroto, pero, de improviso, agarró todo el racimo de mis testículos con una mano y me dijo,

-Estas son mis pelotas, te tengo de los cocos, huevón.

Yo me quedé inmóvil y temeroso.

-quítate la polera- me ordenó. Yo le hice caso y quedé con el torso desnudo. Ella no me soltaba de las legumbres. Comenzó a acariciar mi pecho y a pasar la lengua por él, luego dejó los testículos y comenzó a menearme el pene. Respiré aliviado después de eso, pero aún así me sentí controlado por ella. Me tendió en el suelo alfombrado, boca arriba y se montó sobre mí, introduciéndose mi sexo en el suyo. La jinete cabalgó, primero lento para luego volverse frenética y siempre con las manos en la nuca, exhibiéndome sus axilas y dejando saltar libres sus pechos; aullaba y yo me uní al concierto de gemidos, vuelto loco por ese festival de tetas locas y gigantes. A veces se inclinaba para que yo estirara la boca y la lengua tratando de alcanzar sus pezones, lo que dado el tamaño de los volúmenes siempre ocurría. La verdad yo estaba como tetera hirviendo, pero tenía la sensación de que podría haber estado toda la tarde con la Claudia retozando sobre mí; no se si era el cansancio o el hecho de estar ella sobre mí lo que me hacía tener más resistencia, el orgasmo se veía lejano. Pensé que si hubiera estado yo sobre ella me habría corrido luego, así que estaba feliz de tenerla sobre mi cuerpo. Perdí la noción del tiempo; tal vez fueron cuatro minutos o quince o media hora, qué se yo. Claudia se movía y hacía sonidos guturales como una posesa, diciendo palabras sueltas y aparentemente inconexas y absurdas como: agua, dolor, muerte, soledad, Cristián, crucificada, clávame, tu verga, tus bolas, agárrame, tu vaca, soy tu vaca puta, guacho rico, culéame, dame tu moco hueón, culea, culéameee, etc etc etc. De pronto, abrió los ojos y me miró con la fijeza de una orate, lagrimeando.

-me voy, voy a irme cortada, voy a correermee, estrújame las tetas, ESTRÚJAMELAAAAS.

Contagiado por la demencial calentura le agarré los pechos y apreté; ella gritó poniendo los ojos en blanco con la saliva corriendo por la comisura de sus labios y haciendo realidad el sueño de toda masoquista; lograba unir el mayor placer con el dolor que le provocaba la estrujada. Se convulsionó varios minutos como si estuviera en los últimos reflejos y temblores epilépticos de un agónico, hasta que cayó sobre mi pecho como desfallecida. Tenía los ojos cerrados y ambos respirábamos aún agitados casi al mismo ritmo. Estuvimos abrazados un buen rato sin decirnos nada y con mi verga dentro de ella hasta que Claudia, la Claudia, Claudia alias la dolorosa me dijo,

-Me debías la follada, fue un buen encuentro- luego agregó -yo también tuve el sueño de la crucificada, Cristián, yo también lo tuve y me dio miedo y me gustó.
FIN.

miércoles 3 de febrero de 2010

ENCUENTRO (Parte 6)


-¿Crees que me ofendes en mi dignidad de macho o algo así? eso no va conmigo, Claudia. Reconozco que babeo por tus pechos, reconozco que me doblegaste con ese juego de la paja rusa, pero eso no me ofende, siempre he reconocido mis debilidades, mi fetichismo, mis neurosis, no tengo problema con eso. No estoy enojado y como no lo estoy dejemos el castigo hasta acá, no te seguiré castigando y no te voy a perdonar porque no hay nada que perdonar, te voy a desatar y mejor acostémonos que ya es demasiado tarde, debes descansar y yo también. Voy a buscar un cuchillo para cortarte las ataduras.

Di media vuelta y salí del baño.

-NOOOOO.

Me volteé y vi a Claudia que trataba de seguirme, arrastrándose por el suelo, cual gusano, encogiendo y alargando su humanidad rolliza transformada en Claudia la lombriz gigante. Me hizo gracia verla y el nuevo teatro que se le había ocurrido a su mente de orate fantasiosa.

-Nooo, mi señor, no hagas eso.
-ya, Claudia, córtala.

Ella se arrastró más hasta quedar a mis pies y los empezó a lamer y a chupar diciéndome,

-Mi señor, mi señor. Soy tu putita, has conmigo lo que quieras, no me dejes.
-¿no eres tú mi ama? ¿no eres tú la que me domina? entonces tú dime qué debo hacer, siempre decides tú.
-Nooo, mi señor, nunca más me sublevaré, nunca más seré rebelde. Clávame en una cruz si lo deseas, si ya no me quieres más en tu vida, clávame y luego préndeme fuego y olvídame si así lo quieres, yo moriré feliz si tu estás feliz de que te deje en paz. Seré humilde; si quieres humíllame, perdona a esta pobre mujer sola y desdichada, a esta neurótica e infeliz.
- ya te dije, Claudia, córtala.

Puse mi pie sobre su cabeza; se quedó quieta en el suelo. Traté de pensar qué debía hacer. Nuevamente la metí en la tina y estuve jalándole los pechos desde los pezones, sacudiéndoselos muy brusco.

-¿te gusta ser ordeñada, vaca?

Ella sólo me respondía con chillidos y los quejidos ahogados que tanto me gustaban. Y ya que se suponía estaba ordeñando a la vaca aproveché de tomar su leche así que me puse a chuparle la ubre a ese animal tan loco y sustancioso.
De pronto me vinieron unas ganas de orinar así que me detuve y salí de la tina, me acerqué al water para desaguar y en cuanto comenzó a salir el chorro amarillo, la vaca, poniéndose de rodillas con mucho esfuerzo (ya que estaba atada de pies y manos), me miró y abrió la boca muy grande sacando la lengua a su máximo. Al principio no entendí, y ella se dio cuenta por lo que me dijo;

-dirije la meada para acá, mi señor, soy tu orinatorio. Méame, méame mi señor, mea aquí dentro.

y abría la boca nuevamente con la lengua fuera.

-mea a esta pobre esclava; con tu pichí me basta, con tu pichí soy feliz, con que me humilles me haces dichosa.

Me quedé pasmado, la verdad nunca había pensado aquello. Allí estaba yo, con el pico en la mano, meando y sin saber qué pensar, sorprendido, impresionado de todo lo que había pasado y estaba por suceder.
Al terminar de orinar, me metí en la tina y le mandé una bofetada en la cara.

-Vaca inmunda, cochina y sucia.

Tomé otra vez la varilla y le dí tres golpes en las piernas al nivel de los muslos, luego tomando su cabello, volví a abofetearla en el rostro. Le puse una mordaza y la tapé con la frazada. Me miraba con ojos ansiosos comprendiendo que yo había terminado mi labor. Le puse la almohada debajo de su cabeza y la dejé allí para que pasara lo que restaba de la noche. Yo me volví al living empelotas, con el pene erecto aún y con muy poco sueño. Encendí el televisor y eché mano de un vodka que había pedido Claudia, lo mezclé con coca-cola y me senté a mirar. No soy muy bueno para los tragos así que pronto me dormí allí sentado. Al despertar ya estaba claro, el sol había salido hacía horas; el estómago lo sentía vacío y me pedía alimento. Me puse de pie y me dirigí al baño. Claudia me miró y creí descubrir en su expresión un dejo de protesta por no haberla desatado aún.

-Buenos días, esclava.

Le retorcí un pecho y le dije,

-¿No saludas?.

Antes de comenzar a preparar mi baño le quité la mordaza. Estábamos los dos en la tina, yo de pie y ella acostada en el suelo.

-Buenos días, Cristián. Me duele el cuerpo, ya no doy más con estas ataduras.

Puse el tapón al desagüe y abrí la llave de la ducha.
CONTINUARÁ.

domingo 31 de enero de 2010

ENCUENTRO (Parte 5).

Cambié de canal y llegué a uno de erotismo. Eran esas típicas películas "Play-boy" de un porno o erotismo suave con minas rubias tipo modelo top, todas parecidas entre sí, onda Pamela Anderson o Ann Nicole Smtih ¡trillado, repetido¡. Seguí el camino y me topé con otro canal de sexo; luego caí en la cuenta de que había decenas de ellos y ahí me quedé pegado más de una hora aburriéndome. El porno era una mierda, ¿qué estaba buscando en realidad en esos canales?. Más que una película, buscaba la imagen de una mujer o alguna escena en particular que me calentara, pero siempre era lo mismo, siempre igual, la repetición de lo que se suponía debía excitar a los machos, las mismas tomas una y otra vez en todas las películas desde que había visto la primera de ellas durante mi adolescencia ¿estos directores porno, no innovaban acaso, no tenían imaginación?, ¿no creaban algo mejor?. Es que no somos artistas, ni pretendemos serlo, sólo queremos ganar dinero y darle al público lo que desea ver. ¡Puta la huevada¡ ¿acaso el público no quería ver cosas nuevas?, ¿acaso yo no era público?, ¿es que algo bien hecho, algo más artístico, no era más excitante, más estimulante y por ende más lucrativo?, ¿es que el sexo estaba reñido con algo más de argumento, con lo nuevo?. Sencillamente no lo podía comprender. En realidad estaba buscando una película "sado" o donde apareciera alguna mujer de tetas gigantes, eso era ciertamente. Hasta que apareció una. Era una negraza entradita en carnes, con las típicas ubres alargadas africanas, muy abultadas, de areola enorme, con muchas curvas a pesar de su tejido adiposo; una hermosa mujer de broncínea piel de ébano, altiva y orgullosa de sus formas. Pero la escena era corta, es decir, la negraza se iba y dejaba lugar a otra negra que creo el director suponía más atractiva para el espectador y que era del tipo modelo, algo así como Naomí Cambell; era una bonita chica, pero cambié el canal. Entonces me llevé una sorpresa; al parecer entraba en el territorio de los pechos ya que la pantalla fue llenada de repente por la figura de una mujer de tetas realmente gigantes, las más grandes que había visto, siliconada claro está a un nivel ridículo por lo notoriamente falso. La mina aparecía follando con un huevón que terminaba eyaculando en su rostro y busto. ¡No, no podía ser¡ la escena me hizo picar y acordarme de mi frustración al eyacular encima de las tetas de Claudia, pero me descubrí endiabladamente excitado.
Cuando entré al baño, Claudia estaba con los ojos cerrados, pero no dormía. La destapé y me quedé contemplándola en su pose de bondage-girl, atadita y amordazada, con su rollizo cuerpo desnudo. Se me quedó mirando interrogante y esperando. Le libré los labios de la mordaza y la ayudé a salir de la tina, la hice arrodillarse para luego restregar mi miembro tieso por su rostro, pero sin dejar que su legua tocara el glande; finalmente, tomándola del cuello por detrás, hice que bajara hasta tocar su frente en el suelo.

-Quédate así, quietita y por nada del mundo te muevas o cambies de posición, ni menos levantes la cabeza porque será peor.


Al pegarle el primer varillazo en la espalda lanzó un AAY muy agudo lo que era de suponer ya que pretendía usar todas mis fuerzas en la golpiza; automáticamente levantó la cabeza, pero al instante volvió a bajarla chocando su frente en el suelo, entonces fui por una almohada y la puse debajo de tal manera que apoyara en ella la frente. Comencé el suplicio dejando caer una verdadera tormenta de varillazos sobre su espalda y trasero alternativamente; no las contaba y no paraba un instante; se los daba con furor. Al principio, ella ahogaba los gritos en la misma almohada apretando su boca contra ella y reprimiéndolos con bastante estoicismo, pero hubo de darse por vencida y comenzar a sollozar. Sus gorduras y glúteos vibraban con cada golpe lo que alimentaba mi excitación que me pedía más y más y cada vez más fuerte. Luego de los primeros segundos paré un rato y anuncié que empezaría la verdadera azotaina, le daría 20 varillazos; tal vez ya le había dado esos veinte pero no sabría decirlo con certeza.
Al golpe número 5 y debido a que sólo caían en su espalda y nalgas, el dolor la hizo moverse tratando de esquivar los golpes, o más bien procurando que no siguieran castigando las mismas partes las que, por cierto, estaban enrojecidas. Se botó de lado tratando de ponerse boca arriba pero sin éxito ya que sus manos atadas por detrás se lo impedían; quedó así tendida. Le dije que por haber cambiado de postura el castigo subiría a treinta azotes. Comencé a darle donde cayera la varilla, pero por su posición caían preferentemente en sus brazos, hombros, muslos, piernas. Claudia se retorcía como una boa gigante haciendo temblar su abdomen y tetas alocadamente. Movía su cabeza a uno y otro lado tratando de escapar del suplicio, haciendo cientos de muecas inútiles, a veces hilarantes e increíbles, abría y cerraba la boca y cerraba sus ojos apretados. Dirigí los varillazos a sus pechos lo que le hizo abrir los ojos como expresando su sorpresa de recibir los golpes allí. Sus lágrimas se volvieron ríos y sus sollozos se transformaron en carcajadas de llanto.

-PERDÓN, PIEDAD, YA NO MÁS, MI SEÑOR, PERDÓN.

Detuve el castigo sorprendido por esas palabras que me parecieron extrañas, ¿perdón? ¿perdón por qué?. Le lancé más golpes furiosos y ella de nuevo,

-AYYY, NOOO, PIEDAD, PERDÓN, MI SEÑOR, PERDÓNAME.
-¿de qué estás hablando?
-perdóname, mi señor.
-¿de qué quieres que te perdone?
-tú lo sabes, Cristián.
-no, no lo se.
-si, si lo sabes.
-no, no lo se, dímelo.
-lo sabes.

Le lancé otro golpe en las tetas y su AAAY quedó en mi mente con la imagen de su boca abierta, su boca pozo oscuro en medio del temblor corporal. Le di otro más para ver de nuevo esa boca de mártir, de mi santa en el suplicio.

-DÍMELO, CLAUDIA.

Seguía llorando sin decir nada. Le retorcí un pezón con mis dedos pero no lo dijo. Agarré una mata de sus pendejos púbicos y comencé a tirarlos, arranqué mucho matorral hasta que lo confesó.

-Perdón, mi señor, perdón por manipularte.
-¿queeé, manipularme? ¿de qué hablas?
-he estado manipulándote para que hagas lo que yo quiera.

Extraño lo que me decía, no me sentía manipulado para nada.

-No, no es cierto, no me siento manipulado.
-claro, esa es la idea de manipular, hacer que el otro haga lo que una quiera sin que se de cuenta y convencido de que actúa por su propia voluntad.
-pero si he actuado por mi propia voluntad.
-no, por eso estás enojado conmigo, porque te he obligado a degradarme, a que me castigues de forma salvaje, porque te sientes sometido a mí, porque ya sabes que nadie más te excitará como yo lo hago y te enojas por eso.
-No, no me enojo, estás jugando conmigo, no te creo nada.
-si, he estado jugando contigo. Al principio me dijiste que no serías mi amo, que sólo te gustaba esto como un juego sádico, pero que amo no eras de nadie y que preferías las relaciones de camaradas, igualitarias, sin jerarquías ¿te acuerdas?
-Si, por supuesto yo dije eso y lo sostengo hasta ahora y no niego que soy sádico y me gusta torturarte.
-Pues yo te he manipulado para que te transformes en mi amo, en mi señor de verdad, sin juego, sin performance, para que sólo sea una muñeca tuya, algo de tu propiedad, para que no te importe si estoy caliente o no, para que te de lo mismo mi placer y sólo te importe el tuyo.
-eso no es cierto, me importa tu placer, desde un principio te lo dije y lo puse en claro y así lo quiero, sólo acepto este juego en la medida que los dos gocemos.

Metí un dedo dentro de su vagina y comprobé que estaba como embadurnada en miel, viscosa, luego chupé mi dedo y le dije,

-mmm, que rico, a pesar de que no me importa tu placer veo que te he dado mucho y que estás muy recaliente.
-si, si estoy caliente, no te lo niego, pero has hecho todo lo que yo quería.
-entonces coincidimos porque yo también quería todo esto.
-pero estás furioso conmigo, ¿no?
-¿yooo? no es así.
- si lo es, estás enojado, reconócelo; reconoce que lo estás porque te he dominado.
-jajaja, ahora te contradices ya que me habías dicho que me estaba transformando en tu señor absoluto, pero veo que tú misma lo desmientes al decirme que me has dominado, luego, tú eres la señora y yo el esclavo.

Claudia se quedó un momento estupefacta, sin decir nada y luego dijo,

-te obligué a derramar sobre mis tetas, las tetas de vaca que te hacen babear y eso te hace enojar y te enojas porque ya eres mi amo y no toleras que yo te domine, un amo es el que no tolera esas insubordinaciones, un amo es el que se enoja porque su puta lo tiene tomado de las pelotas. Tus pelotas son mías, Cristián.
CONTINUARÁ.

jueves 21 de enero de 2010

ENCUENTRO (Parte 4).

Cada vez que eyaculo me sucede aquello en las yemas de los dedos y es que no puedo ni siquiera sostener un lápiz; se me agarrotan los dedos, quedan sin fuerzas y como electrificados; no se a qué se deba, es decir, si se, estoy cierto de que se ha de tratar de un efecto en algunas terminales nerviosas que completan el circuito glande-cerebro-yemas de los dedos, y que se activa en el evento de mucha excitación y al estallar el clímax sexual, mas ignoro si será algo normal, lo he consultado con amigos y a nadie le pasa lo que a mí.
Claudia dirigió el salpicón blanco de "leche" a sus ubres e hizo lo que ya me había comentado innumerables veces que deseaba hacer o que le hicieran: ser eyaculada en la cara y en los pechos para luego lamerse ella misma. Esa era una fantasía suya inspirada en el porno; a mí me daba igual a fuerza de tantas veces verlo en las películas XXX, era aburrido pero, sin duda, ella pensó que satisfacía también una fantasía mía, habida cuenta de mi obsesión fetichista por los pechos enormes; las mujeres tienden a pensar que todos los hombres somos iguales como fabricados en serie (y tú eres un error de fábrica, Cristián), ¡escoba ¡ me respondería Claudia.
Yo la veía conforme y satisfecha en su rol; eso me gustaba, pero me había frustrado en cierta manera. Aún no deseaba correrme; es más, había fantaseado con no hacerlo nunca aquella noche; sabía que, si me concentraba, podía lograrlo, pero había ocurrido. Por supuesto nada dije y mientras ella tragaba el esperma la besé en la boca. Sentí el sabor de mi propio semen: mi semen salado, su saliva, mi saliva, su lengua, mi lengua, la espumita, baba chorreando como un yo-yo, dos caracolitos voluptuosos y cochinones, dos niños con la boca sucia de mermelada.
Ella estaba transpirando, mojada entera. Miré mi pecho y yo también estaba húmedo de sudor al igual que en mi cuello y axilas. Era como si hubiera despertado de un trance y volviera en mí. Me extrañé de estar tan mojado sin haber reparado en ello antes. Se notaba que Claudia quería más y lo quería ahora YA ¡AQUÍ Y AHORA¡ pero yo no quería, algo me había pasado, algo se había desinflado más allá de mi orgasmo; me sentí frustrado y desganado. Por supuesto no se lo dije. En un pequeño instante se me había ocurrido confesárselo pero desistí. No es que no me haya satisfizo, pero el juego que tenía planeado se había venido abajo con la felación de Claudia como un castillo de naipes. Pensé confesárselo porque en nuestra relación, en nuestra "seudo-relación sadomasoquista" habíamos llegado a la tesis de que siempre debíamos desnudarnos de manera descarnada frente al otro, exhibiendo nuestros más recónditos temores y pudores, lo más insoportablemente inconfesable debíamos decirnos, incluso lo inconfesable ante nosotros mismos, lo que nos doliera y aunque nos doliera, lo más morboso y sucio; nuestra relación sería un lago para vomitar en él todo lo que teníamos que vomitar así fuera algo muy vergonzoso o doloroso o desviado; sería un área de libertad para mostrarnos sin máscaras, ni mecanismos de defensa, ni censuras; he ahí nuestra utopía. Pero algo me decía que no debía mover esa pieza, que algo se destruiría si lo hacía.
-la cagaste Claudia, todavía no podías felarme, lo arruinaste todo. No, no podía decirle eso, no podía mostrar todas las cartas; nuestra utopía era utopía al fin.
Otra vez al baño con ella, rápido, a punta de nalgadas. Los brazos en alto y las manos contra la pared, las piernas separadas como en una inspección policial . Le metí la mano en el culo hasta llegar al pubis, sobajeo clásico de tetas, mi pene a media asta y bajando. Preparé la varilla. SLAP, el primer varillazo calculadamente doloroso pero no insoportable, sus nalgas temblaron; SLAP otro más, ella cerró los ojos haciendo un zzzzzzzh de dolor que me dejaba frío; SLAP, ese cayó un algo más abajo de sus pompis y se movió un poco. La cosa me aburría, tal vez sólo fuera que debía reposar para que los testículos volvieran a producir algo más; descansar para calmarme; pero si estaba calmado ¡demasiado calmado¡. SLAAP ¡AAY¡ dijo, pero no le creía. No, así no. Dejé la varilla de herr profesor y le até las muñecas por detrás con la cinta para embalar; hice igual con sus tobillos, muy juntitos y apretados. La metí en la tina de baño, acostada y antes de salir le pegué otra cinta en la boca a modo de mordaza. Me fui al living y prendí la tele. Apenas encendida y aparece otra vez, en la pantalla, QUEEN con su video de "friends wil be friend" ¿acaso estaban transmitiendo todo el día ese video? me quedé hasta que terminara para comprobarlo. Siguió otro video de Led Zeppelin en concierto y luego más música de los 60 y 70. Con el control remoto rebusqué en los canales, había cientos de ellos, se veía entretenido, nunca había visto la tele del cable.
Como se anunciaba que me quedaría viendo tele decidí ir por una frazada y tapar con ella el cuerpo desnudo de Claudia en el baño. No quería que se resfriara. Al entrar yo me vio hacia arriba con cara de perrita humilde y con la mirada me preguntaba ¿me vas a dejar aquí sola?. Antes de salir le mandé un varillazo en un muslo provocándole un retorcimiento que casi me levanta de nuevo el alicaído falo.
Descubrí un canal de películas de cine arte. Me vi una entera; "el huevo de la serpiente" creo que se llamaba y trabajaba David Carradine; extraño verlo actuar en una película así. Me topé con un filme Chino de artes marciales, antiguo, de los años 70. Aparecía un joven atado a un árbol mientras era golpeado por un viejo, precisamente con una varilla; los golpes parecían ser feroces y el chinito chillaba como condenado. Tenía mi varilla a mano y quise hacer una pequeña prueba. Me golpeé en el muslo lo más fuerte que pude; estrellas y relámpagos vi. Uf ¡que duro¡ pobre Claudia, pensé, un castigo así era insufrible. La verdad, los cuatro golpes que le había dado no habían sido demasiado y, sin duda, ella había actuado, un poco, su dolor a fin de animar el cuadro. Me puse de pié y me propiné otro golpe con todas mis fuerzas en mis glúteos; el dolor fue peor que el anterior y casi grito. Me imaginé castigando de ese modo a Claudia; veinte varillazos en todo su cuerpo desnudo, treinta más y ella aullando desesperada; pensé que aquello estaba más allá de su umbral tolerable de dolor y más allá de lo que yo podía soportar como castigador; el peso de la culpa se vislumbraba como abrumador para mí. Alguna vez, Claudia, ante mi afirmación de que me gustaba babear de placer me había respondido que a ella le gustaba babear de dolor. Sus palabras me impresionaron y le dije que era una exagerada, entonces ella, muy picada, me dijo que su fantasía era ser azotada de manera salvaje de tal forma que se le obligara a rogar piedad entre lágrimas, pero que sus ruegos no fueran atendidos y, por el contrario, fueran la señal para que la azotaina recrudeciera hasta ella desfallecer y cagarse de fatiga y dolor.

-¿y qué tiene eso de placentero?, ¿cuál es el momento de tu placer? ¿viene después de los golpes o deben hacerse caricias y folladas intermedias entre azotaína y azotaína?- le pregunté.
-mi placer no es después, sino más bien antes, al pensar, al imaginarme yo, colgando desmayada y derrotada y que me estés mirando en mi derrota, que te compadezcas en mi victimización, que te excites con verme empelotas y desfalleciente, que me ames en ese instante por mi entrega total a ti, aunque sea un segundo nada más; que digas, mi pobrecita Claudia, mi niña delicada y sufriente. Y si sucediera que no me amas en esa entrega total o te ríes, o te da lo mismo y me dejas, luego de azotarme, abandonada en mi soledad de víctima, será más excitante todavía imaginarme eso porque se me ocurre que mi entrega fue absoluta, me desvanecí sin que te importara nada más que para tu placer inmediato y fugaz y habré sido sólo un instrumento, un juguete para ti y si soy un juguete entonces me se una contigo, una prolongación de ti, parte de ti, un órgano tuyo, sin existir mi yo sino tú, tu yo tan sólo, yo fundida en ti, yo hecha nada, yo viviendo a través de ti.
-huevona, morbosa- había contestado yo, pero sus palabras recargadas y barrocas me habían calentado y me estaban calentando al recordarlas. Me imaginé a mí mismo viviendo las palabras de Claudia, yo recibiendo una lluvia de varillazos en mi cuerpo desnudo como el chino de la película, gritando y llorando como un niño, pidiendo piedad y sintiéndome una mierda, humillado, avergonzado, tratando inútilmente de cubrirme las "legumbres" para protegérmelas de los huascazos. Me dio miedo pensar eso, me daba terror descubrirme pensando en semejante tortura sobre mi, en la posibilidad de vivir una entrega de esas, de esa desnudez total (porque esa es la verdadera desnudez) despojado de todo, incluso de mi dignidad para quedar tan sólo un estropajo cobarde y sin coraje para soportar aquel martirio. Me daba miedo, pero el pene se fue elevando de a poquito.
CONTINUARÁ.

miércoles 6 de enero de 2010

ENCUENTRO (Parte 3).

Le acaricié las nalgas y la espalda, pero ella seguía plácida; fue entonces cuando recordé que, mientras caminábamos hacia el mirador aquella tarde, unos Testigos de Jehová nos abordaron. Yo me corrí a un lado fastidiado y pretendiendo ignorarlos, pero Claudia se quedó conversando con ellos; estos le mostraron un libro; después de un minuto, Claudia vino hacia mí con el ejemplar en la mano dejando a los sectarios esperando. El texto era una selección ilustrada de historias bíblicas para niños; ella les había dicho que éramos un matrimonio con hijos y que se encontraba interesada en él (libro), pero que antes debía consultar con su marido, es decir yo. Todo no era más que un pretexto para enseñarme las ilustraciones. Yo había visto ese texto en algún momento durante mi infancia y me habían llamado poderosamente la atención sus dibujos. A mi seudo-esclava le había pasado lo mismo durante su niñez. Como a mí, aquellos dibujos habían dejado en la cabeza de Claudia una ligera inquietud que ya no salió más de su imaginario.
Juntos recordamos los dibujos que más nos gustaban; coincidimos en todos: Adán y Eva siendo expulsados del paraíso, abrazados semidesnudos y con sus rostros acongojados; Abraham a punto de sacrificar, en un altar, a su hijo Isaac; José siendo arrojado desnudo a un pozo seco por sus celosos hermanos; la mujer de Lot con cara de espanto convirtiéndose en estatua de sal; Jezabel linchada por una turba y lanzada desde la altura de un edificio por ser una idólatra pecadora; Daniel encerrado en una cueva y rodeado de leones y, finalmente, Jesús crucificado. Esta última imagen era la preferida de ambos y la que más nos alucinaba. Según la creencia de los testigos de Jehová, Jesús no fue colgado de una cruz latina, en forma de T, como las que popularmente conocemos, sino de un "madero", es decir de un stepe sin patíbulo o travesaño. La secta da gran importancia a este detalle y al parecer lo consideran fundamental ya que acostumbran a armar polémicas y debates a este respecto con católicos e iglesias protestantes. Pues así aparecía el Jesús del dibujo, colgando desde un sólo tronco con sus brazos en alto y no extendidos como acostumbramos a verlo en las imágenes. La ilustración estaba muy bien hecha; la expresión de dolor en el rostro, los brazos en alto, los clavos en las muñecas, la sangre corriendo desde los agujeros; incluso detalles como el vello de las axilas y las marcas de los azotes le daban gran realismo y cierto aire épico.
-Cuando niña, al mirar estos “monitos”, me imaginaba ser yo la clavada así en un poste y disfrutaba con ese juego imaginario.
-a mí me pasaba igual- dije y besé a Claudia realmente emocionado por la coincidencia.
Mi inconsciente había quedado turbulento al ver las ilustraciones esa tarde y, sin duda, era esa la causa de mi reciente pesadilla. Tenía el pene tieso y el glande húmedo. Había llegado el momento.
El enorme poto blanco con sus dos cachetes se veía tan suave y reposado; en verdad, Claudia estaba disfrutando de un sueño profundo, el sólo despertarla iba a ser un castigo por sí mismo. Al primer palmazo en una de sus nalgas, Claudia levantó la cabeza al instante, pero se la volví a hundir presionando sobre su nuca la almohada como si fuera a asfixiarla. Comenzó a moverse frenética, tratando de liberarse, pero la inmovilicé subiéndome arriba de su espalda y poniendo mis rodillas sobre ella. No se cuántos cachetazos le di en las nalgas, pero fueron rápidos y caían como una lluvia sonando tap, tap, tap y haciendo que tiritaran gelatinosamente lo que me hizo enardecer aún más. Cuando la agarré del cabello y puse su rostro frente al mío, la expresión de sus ojos me habló de su espanto y de que aún no se ubicaba en el tiempo ni en el espacio, tal como me había pasado a mí, minutos antes, al despertar de la pesadilla. Hundí mis dedos en el cuello, apreté sus mejillas y pasé una lengua, lo más salivosa y babienta que pude, sobre su cara. Toqué mi mejilla con la de ella y le susurré al oído.
-¿No querías ser violada y humillada, cerda? ¿no querías sentir el dolor máximo? ¿todavía lo quieres?
Ella me miró sin pestañar y entonces le retorcí un pezón.
-contesta, mierda.
-¡AAAAAY, AAY¡ si, si , si lo quiero, lo quiero, mi señor, úsame como quieras.
Le di una bofetada en la cara y torciéndole un brazo por detrás, a modo de llave inmovilizante, la llevé hasta el baño. Nos paramos frente a un gran espejo de cuerpo entero; yo, detrás de ella, con un brazo aprisionándole el cuello le sobaba groseramente sus gordas nalgas hundiéndole los dedos hasta que le doliera. La obligué a que se mirase en su reflejo. Nos observamos unos segundos, quietos y mudos, entonces comencé a lamerle el cuello y cada vez que ella bajaba la vista volvía a pellizcarle brutal las nalgas para que se mantuviera mirándose a sí misma en su blanca desnudez y a mí en mi lascivia furiosa y babosa. Deliberadamente me inducía la baba como un caracol hasta hacer globitos y que me colgaran hilos de saliva desde mi lengua y la comisura de los labios. Deseaba desesperado que mirara, que se mirara a ella misma despertándome el instinto de animal-bruto-salvaje, que mirara cómo era ella la que causaba esa tormenta en mí.
Suavemente bajé hasta sus tetas y comencé con unas caricias delicadas que se trocaron, de pronto, en frenéticas, hasta acabar enterrándole mis dedos; lo hice muy fuerte. Ella abrió su boca ahogando un grito; estrujé y estrujé los pechos y mientras lo hacía lamía su cara fervorosamente, entremedio de palabras soeces, demenciales y absurdas.
-Lamo tu dolor de cerda, me gusta tu cara afligida, tu cara de esclava, de amarga puta calentona, me gusta tu boca abierta, tu boca de dolor, tu boca de desesperación, tu boca pozo oscuro, tu bocaaaa.
El cuello y la cara de Claudia sabían saladas y estaban cálidas y suaves; olía bien, olía rico. Miré al espejo y ví sus ojos cerrados; una palmada en la nalga los hizo abrir.
-Te lo voy a preguntar una vez más ¿quieres seguir con esto, Claudita? ¿No te parece que ya ha sido suficiente?.
-sabes muy bien que quiero seguir.
-lo que he hecho no es nada.
-lo se.
-no sólo habrá dolor, habrá también humillación.
-descuida, Cristián, me está gustando; soy tu esclava, has lo que quieras conmigo, mi señor, sigue toda la noche, degrádame, no te preocupes por mi placer, me sacrifico por tí, mi señor, soy tu puta chancha; si viene de tí el dolor no me importa.
Mirándola a través del espejo le señalé con el índice las estrías de su vientre.
-¿Te gustan esas marcas, chancha ? ¿te gustan las estrías, dime?.
Cerró los ojos y no contestó por lo que, con ambas manos, agarré brutal las gorduras de sus caderas y se las sacudí.
-¡AAAY, AY, AAAAYY¡
-CONTESTA ¿TE GUSTAN?
-NO, NOOO, MI SEÑOR.
-míratelas, mira esas gorduras, sos una cerda.
Le estrujaba sus gorduras y le daba cachetazos en el trasero; hice eso hasta que noté que se le llenaron los ojos de lágrimas lo que fue como una punzada en mi corazón; ya no quise seguir con eso, me había cagado de onda, así que decidí cambiar el cuadro. Del pelo la arrastré (no en el sentido literal claro está) hasta la cama y la hice tenderse de bruces. Me puse el condón y me monté encima de ella. La penetré por el culo y mientras cabalgaba le daba de nalgadas diciendo, ARRE, ARRE, ARRE, YEGUA. Tiré fuerte de su pelo a modo de rienda.
-Será más fuerte el tirón si no me relinchas, yegua. RELINCHA COMO UNA YEGUA.
Mis cachetazos aumentaron en intensidad y cantidad, pero ella no quería ni podía relinchar; creo que en verdad se sentía muy basureada.
-arre, arre, relincha, vamos.
La pellizqué y después del ¡AAY¡ trató de esbozar un relincho.
-eso, eso, relincha fuerte.
Le di otro pellizco salvaje y ella relinchó; lo hizo una y otra vez como potra domada. Cuando consideré que ya era suficiente dejé ese juego y retiré mi instrumento; no me corrí, no quise hacerlo aún, deseaba aguantarme; de alguna forma pensaba que si derramaba se acabaría todo, que el sentido del "ritual" desaparecería, que el sentido de todo el juego estaba dado por la circunstancia de no correrse, porque una vez el orgasmo triunfando ese remedo de eternidad se acabaría ¿de donde había sacado eso? no lo se, no me lo pregunten. Le estuve chupando las tetas un rato. Sus mega areolas y pezones carnosos me enloquecían; tanto bulto, tanto volumen, tanta carne curvada a punto de salirse como una represa al tope. A menudo, en lo cotidiano, Claudia se sentía incómoda con esos pechos, entonces, haciendo los correspondientes gestos de molestia, trataba de acomodárselos en los sostenes, siempre insuficientes para tanta carne a punto de estallar; bastaba eso, una arruga en su nariz, un movimiento en orden a ajustar los elásticos del brassier, una señal de que había debajo de la ropa una prenda que apretaba su busto prepotente y orgulloso, bastaba solamente eso, para que mi falo se volviera roca y sus venas se hincharan de sangre corriendo furiosa por los ríos de ese apéndice. Claudia, Claudia, tus tetas de vaca, tu gigantomastia.
-Sos una vaca, Claudia.
Mientras le decía eso, aprisioné mi miembro entre sus volúmenes de mujer.
-tus ubres, tus ubres, vaca; me enloquecen, naciste para esto, naciste pah ser una vaca esclava, una vaca con ubres.
Tanta lujuria me hizo perder el control y ella se dio cuenta (ella la astuta, ella la muy oportunista), tomó mi miembro con una mano y se llevó el chupete a la boca. Le agarré la cabeza con la intención de zafarme, mas ella había comenzado a chupar y fue más fuerte que yo, años luz más fuerte. Felación y "paja rusa" alternativamente. No se qué cara habré puesto, pero con seguridad era sumamente ridícula y chistosa ya que en un instante, ella soltó una carcajada divertida. En ese punto, mi sentido del ridículo, mi orgullo de filósofo estoico, mi pretensión de místico Chaolín amateur se habían ido a la mismísima mierda, pero me importaba un reverendo carajo. Creo que puse los ojos en blanco o turnios, o sacaba la lengua, qué se yo. La electricidad llegó a la yema de mis dedos y supe que iba a eyacular.
CONTINUARÁ

lunes 28 de diciembre de 2009

ENCUENTRO (Parte 2).

Llegamos al hotel y nos sentamos abrazados a ver unos videoclips que pasaban en un canal cable de la Tele. Recuerdo que me llamó la atención uno de "QUEEN", "Friends wil be friends", nunca lo había visto. A esa altura yo no sabía qué iba a hacer. Mandé a Claudia a acostarse y me encerré en el baño; allí, apoyado contra la pared, dejé unos trozos de bambú que previamente había partido en dos con mi cortaplumas a fin de que no resultaran unas varillas demasiado gruesas y una cinta para embalar; luego oriné, cepillé mis dientes y me metí en la cama. Claudia había comenzado a ponerse melosa sobándome las pelotas y con palabras que pretendieron ser rudas le dije que se durmiera.

-Lo que usted desee, mi señor.

En ese "usted" detecté un dejo de rebeldía y provocación de parte de mi seudo-esclava, provocación que yo, de buena gana, habría correspondido, pero aún no me animaba. Le di un besito y me volví a mi lado dispuesto a dormir. Me preguntaba qué estaría pensando de mí, no me habría extrañado que se levantara furiosa por mi inercia, se vistiera y se fuera, mandándome previamente a la mierda. Extrañamente me relajé y me quedé dormido.
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Con el sol pegándole implacable en el rostro, Claudia se debatía entre alaridos y estertores desesperados. Estaba con los brazos en alto, colgada de un grueso tronco al que tenía sus muñecas clavadas al árbol y lo mismo sus pies. Por su cuerpo, enteramente desnudo, corrían hilos de sangre que se mezclaban con el sudor que abrillantaba su piel. Su pecho subía y bajaba con desesperación, como si se ahogara. Sus labios vaginales estaban atravesados por un anzuelo del cual pendía un letrero pequeño en el que podía leerse "PUTA ESCLAVA, DESDICHADA". Su cara, descompuesta por el dolor, los ojos cerrados y apretados, sus axilas regadas por la transpiración y la sangre y sus abultadas tetazas moviéndose al compás de su agitado tórax, formaban un conjunto de horror que me llamaba a acercarme hasta su cadalso. Cuando tuve sus ensangrentados pies a la altura de mi boca, incliné la cabeza hacia arriba y le miré al rostro; ella abrió los ojos y con la voz temblorosa díjome:

-DOLOR, DOLOR, MI DOLOR ES INSUFRIBLE, CRISTIÁN; MI DOLOR ES TUYO, MI DOLOR, AY, MI DOLOR .........BÉSAMEEE, CRISTIÁN, BÉSAME.

Entonces le besé los pies sanguinolentos, lamí sus dedos, tobillos y el horadado empeine. Mis labios se llenaron de sangre, pero no me importó. Yo mismo me extrañé de no sentir ningún tipo de asco o pudor por haber hecho aquello; luego, rocé mi mejilla y frente en sus pies como en una caricia de gato. Claudia seguía con unos uf, uf entrecortados mientras yo la miraba como embobado y horrorizado al mismo tiempo. De pronto, su cuerpo comenzó a convulsionarse; se estremecía como si sufriera algún tipo de ataque o electrocución; abrió los ojos con desmesura como si se le fueran a salir y cientos de gotitas de sudor perlaron su frente y mejillas; lanzó un agudo grito y luego, bufando y berreando, como si se entremezclara el dolor y la ira, dijo:

-SUFRIMIENTO, SUFRIMIENTO, MI SUFRIR, SOLEDAD, MI SOLEDAD, HUMILLACIÓN, MI HUMILLACIÓN, MI DESDICHA, ACOMPÁÑAME, CRISTIÁN.

Su ataque convulsivo se hizo más feroz hasta que, con la vista hacia arriba y derramando gruesas lágrimas, gritó.

-HUMILLAS, ME HUMILLAS, CRISTIÁN, HUMILLACIÓN, HUMILLACIÓN, POR DIOS, HUMÍLLAME, CRISTIÁN, HAZLO, HUMÍIIILLAME, TORTÚRAME.

Luego de esto se desvaneció y su fatigado cuerpo expulsó una cascada de orina amarilla y mojones de excremento.
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De un salto desperté medio aterrorizado. Desconocí el lugar en donde estaba. Encendí la luz y allí a mi lado vi el poto grande y blanco de Claudia; dormía boca abajo, muy serena y tranquila. Yo todavía tenía el corazón acelerado y casi saliéndoseme por la boca por el espantoso sueño.

CONTINUARÁ.

miércoles 23 de diciembre de 2009

ENCUENTRO.

Nunca en mi vida había dormido desnudo, es decir, más de alguna vez lo había intentado, pero habían resultado sólo noches de insomnio de un dormir sobresaltado. No se crea que la culpa era la costumbre de Onán; no, no era eso.......... no se qué era, pero empelotas se me hacía un mundo dormir plácido, necesariamente debía ponerme una camiseta y calzoncillos. Pero esa vez, si estaba absolutamente empelotas y tenía una somnolencia demoledora; no creo que se debiera al cansancio de la caminata hecha por los cerros del puerto esa tarde, más bien la razón de que la desnudez no me impidiera dormir era que a mi lado yacía Claudia que, como es de suponer, también estaba vestida de Eva; esta última circunstancia, que haría pensar con mayor razón en toda una noche de vigilia, me hacía estar tranquilo, relajado y algo así como "vestido".
Nunca había pasado la noche durmiendo con alguien a mi lado, de hecho no me gustaba compartir la cama. Todos mis anteriores encuentros sexuales habían sido furtivos, de un solo momento, de una mañana o una tarde, pero pasar una noche entera compartiendo un sueño, jamás. Una cama matrimonial de dos plazas no me interesaba y me era inconcebible. El caso es que ahí estábamos los dos, en esa habitación y desnudos, y yo con ganas de dormir y bastante contento. Tenía el miembro parado e hinchado, con los cuerpos cavernosos llenos de sangre, pero no obstante eso quería dormir, deseaba aplazar el momento para darle más intensidad. Eso pensaba o quería pensar; la verdad, debo confesar que no me animaba a empezar lo que tenía que empezar. Era el primer encuentro con Claudia, nuestra primera sesión sadomaso.... mi primera sesión ... y no me atrevía. De chico se me había educado bajo la doctrina de que no se debía golpear a las mujeres y que un hombre está precisamente para ponerlas a salvo de los peligros. Más de veinte años con esas imágenes sádicas en mi cabeza a un nivel fantástico e irrealizable, reprimidas y ahora yo estaba allí, acostado, con mis genitales a punto de reventar, al lado de una desnuda tetona, consuetudinaria masoquista y media loca.
Habíamos decidido pasar el día en Valparaiso, turisteando por ahí, en un periplo que podríamos llamar "romántico". Besitos, arrumacos, sobajeos, charla agradable, risas, cafés, cervezas, un almuerzo con productos del mar, paseos en lancha por la bahía etc, etc. Claudia había dejado todo en mis manos. A medio día las muchas ternuras y lo dulce y simpática que se mostraba la "mina" (más de lo que yo esperaba) me hizo vislumbrar que se me haría "cuesta arriba" agarrarla a varillazos. Si no lo hacía quedaríamos frustrados, y yo particularmente, debería concluir que esto no era lo mío y no resultaba ser un sádico como siempre había supuesto ¿era tan malo concluir que no era un sádico?, no era un "ogro" y ya ¿qué tanto?, pero la cuestión era que la loca neurótica de Claudia me estaba comenzando a gustar demasiado. Claudia tenía algo, un "no se qué"; su locura, su fantasía romántica y, por supuesto, sus tetazas que me hacían literalmente babear. Para quedar cubierto y darme un tiempo para entrar en "situación" le avisé a la chica que el "sometimiento" vendría en cualquier momento y cuando ella menos lo esperara.

-Soy tu esclava, has conmigo lo que se te plazca- dijo.
-¿y si decido mandarte a tu casa sin hacer nada?
-has conmigo lo que quieras, mi señor.

Al decir aquello esbozó una sonrisa y puso una cara de falsa humildad que me hizo reír. Así me gustaba mi esclava: cooperadora con su "señor ogro", inteligente y chistosa.
CONTINUARÁ.

jueves 26 de noviembre de 2009

OTRA VEZ VIENES..

Otra vez vienes al sur, otra vez llegas a mi ciudad, otra vez el entusiasmo mezclado con el nerviosismo, otra vez la ansiedad placentera, el spleen que acaba y el corazón saltando y los miles de proyectos -no sueños- en la cabeza de lo que podríamos hacer juntos, de lo que podríamos decirnos y mostrarnos. En alguna medida se repiten los viejos esquemas que me gusta repetir, cómo no: te voy a buscar al barrio Brasil, a algún hostal repleto de mochileros gringos y rubios y de niñas aventureras como tú. La misma euforia, tal vez mayor que la de antes, los abrazos y besos, los olores a perfumes y colonias, las mejillas de ambos tocándose después de tanto tiempo. Nos encontramos, nos vemos al fin.
Damos un primer paseo por el centro tomados de la mano así como antes lo habíamos hecho; nos tenemos tanto qué decir.Estoy solo en mi caverna y te invito a ella ¿vamos? ¿quieres conocerla? ¿quieres ver mi cuchitril de perro salvaje?, lo pregunto con la seguridad de que contestarás con un si lleno de alegría, curiosidad y ansiedad colmada de excitación húmeda, y tomamos el metro desde estación "República" o puede que desde "Santa Ana" y ya estamos viajando en ese tren como antes ya lo habíamos hecho la primera vez que viniste a verme, hace como treinta mil años.
Cuando el tren sale del túnel subterráneo ves esa parte de la ciudad que no conocías y te señalo con el dedo hacia la distancia, hacia los faldeos de los contrafuertes cordilleranos incipientemente verdes (porque es primavera como la primera vez que viniste) y te digo, por ahí vivo yo, allá vamos. Vas eufórica y yo cargando tu mochila quizá más pesada que antes. Te vuelvo a decir que estás linda y nada respondes, entonces nos quedamos en silencio observando el transcurrir del paisaje. Llegamos a destino y debemos caminar cerca de un kilómetro y medio hasta mi casa; como siempre, tu cámara va registrando todo lo que te parece importante y digno de recordar. Dices que mi barrio es lindo y te creo y no pienso que lo digas tan sólo por cortesía. Llegamos a mi casa, te hago pasar con reverencia y todo y ya estás dentro de ese refugio semioscuro y de paredes derruidas. Por supuesto, días antes, había quitado el polvo y hecho un aseo exhaustivo para que no te lleves una mala impresión de este anfitrión siempre miserable, pero cualquier prevención o temor está demás, eso lo veo cuando te solazas tocando las paredes y muebles de mi caverna. Te llevo a mi dormitorio y lo primero que te señalo es el atrapa sueños colgado en el umbral de mi ventana y que me habías obsequiado en tu anterior visita. Conoces mi exigua biblioteca, mis papeles arrumbados, mi viejo computador inservible del año 98 y los pósters en la muralla; todo lo tocas y hueles y hurgas y de pronto te detienes y me miras y preguntas -¿puedo tocar?- si, claro, como no, adelante, estás en tu casa, eres mi huésped.-es que me emociona tanto estar aquí- me dices.-todo tiene tu olor y tu marca, este ambiente es tuyo, se nota demasiado.Tu cámara colgando de tu muñeca empieza a trabajar disparando todo lo que se cruza por su lente, hasta que de nuevo preguntas ¿puedo? si, claro que puedes, toma todas las fotos que quieras y estás en eso y te agarro del cabello por detrás con fuerza y ya no me aguanto, mi lengua se pasea por tu cuello y mi mano derecha soba un cachete de tu trasero blindado con esos jeans tan apretados; te empujo y caes sobre mi cama y me tiro encima tuyo y estamos ahí en interminables minutos corriéndonos mano como desesperados y besándonos con harta lengua y saliva. Te quitas la polera, me quito la mía y te desgarro el sostén.-quiero teta, mujer- te digo y comienzo a chupar ávido y baboso tus pezones.-quiero pico, mi señor- me pides tú y suelto entonces una carcajada mientras me bajas el cierre del pantalón y yo no puedo parar de reír, no puedo seguir chupando teta lo que aprovechas para bajar hasta mi pubis, bajar mis calzoncillos y meterte mi vienesa entera, cuan larga, hasta tu garganta; quedo en tu poder, en tus manos o más bien en tu boca y chupas y lames y embabas el glande y te lo refriegas por las mejillas, por la frente, por el cuello y tus ubres de vaca calentona mientras a lo único que atino es a acariciarte la cabeza y los ojos lo más tierno y agradecido que puedo.

Ya has conocido cada rincón del lugar en que vivo con el patio incluido. Te pido disculpas por ser quien soy y de mi vida de perro fracasado y por recibirte en mi caverna tan oscura y húmeda, pero contestas que te gusta mi cueva y todo lo que ella destila y que nada importa y que mi inmundicia y mi hedor te son estimulantes. Ya cansados de manosearnos y pajearnos mutuamente, salimos a caminar por ahí cerca. Te voy mostrando mi barrio en aquellos lugares que conforman mi vida cotidiana: la feria, el supermercado, el ciber del cual te escribía, la pequeña placita, el lugar donde compro el pan y el café. Hacemos unas compras para el te de la tarde y de vuelta a mi madriguera pasamos por el frente de la casa de la gitana tetona de la que tanto te había hablado. Miras con curiosidad y justo estás en eso cuando de adentro de la casa aparece la mentada zíngara y sin decírtelo sabes que ella es y te ríes y me dices que esa es mi "patas negra" y me río y la gitana nos mira con ojos censuradores sospechando que hablamos de ella; nosotros nos besamos celebrando todo lo que ha ocurrido con la convicción de que se trata de una suerte de destino inevitable.
Cuando ya estamos en la casa te hablo de algunas ideas que me gusta llamar perversas y que se me han ocurrido desde que esperaba tu visita. El cielo de mi pieza está roto y pueden verse las vigas de madera; son firmes y resistentes, te digo. Te explico que de ellas penderá una larga cadena que guardo por ahí y que te colgaré con los brazos en alto, te dejaré toda una noche de esa manera, desnuda y después de haberte azotado el cuerpo. La idea te parece genial y ya quieres desnudarte al instante porque, según dices, te chorrean jugos desde el sexo; para comprobarlo meto mi mano entremedio de tus pantalones y claro, está húmeda tu vagina y peluda y caliente y me miras y dices que no te has afeitado como una especie de homenaje que me haces. Está bien, okey, te digo yo, pero dejamos la azotaína para más adelante.
Llega la noche y empelotas nos tiramos en mi estrecha cama de una plaza, mirando la negrura de mi oscuridad. Yo te digo, esta es mi oscuridad de perro huraño y salvaje, te presento a mi oscuridad, en esta oscuridad te pensé cada una de mis noches, aquí te proyecté en películas en donde eras mi heroína, la esclava crucificada desnuda, la mujer encerrada en un horno, la condenada al dolor y al cadalso; es aquí donde te acompañé a tu abismo profundo, en donde no paraba de estrujar tus tetas como lo hago ahora. Un gusto conocer a tu oscuridad, un placer, me dices tú. Tu oscuridad se parece a la mía y aquí la traigo, viene a acompañar la tuya, dale tu mano, mi señor; y yo entonces, acaricio tu concha peluda y cálida y empiezas a gemir para que yo me enardezca de esa manera furiosa que a ti tanto te gusta. Me pides que te azote, que te cacheteé y te pellizque, pero yo me limito a tirarte de los pendejos púbicos porque se que ahí tus gemidos se volverán un gritito agudo. Enciendo la luz y te miro; me gusta con la luz apagada, me dices, quiero que me encadenes como me prometiste y me azotes como a una zorra; yo te respondo que no puedo hacerlo con la luz apagada, pero si quieres con luz apagada entonces la alternativa que te propongo es dejarte colgada de los tobillos, cabeza abajo, toda la noche viendo nuestra oscuridad invertida; a ti te da miedo quedarte así y mientras lo pensamos y discutimos fumamos y comenzamos a beber del destilado que has traído del norte. Dejamos el punto y te empiezo a confesar cosas que nunca te había dicho, pero tú no te sorprendes y sólo acaricias mi cabeza con ternura; luego tú me confiesas cosas que ya suponía y me toca a mi ser el tierno. Me da sueño y otra vez oscuridad.

Algo me despierta, no logro entender lo que sucede, el mundo me parece asfixiante, pero no es eso, la oscuridad no me deja ver; hay presión en mi cabeza, quiero ponerme la mano en la frente, mas no puedo, mis manos están atadas por detrás, tu mano está acariciando mis piernas, mis muslos, mis pelotas, el abdomen; sigo sin entender hasta que caigo en la cuenta de que estoy colgando de cabeza desde la viga; siento las cadenas que rodean mis tobillos.No comprendo cómo es que lograste suspenderme de esa manera, y cómo no me di cuenta ¿me has dado algo mezclado con el trago? tengo la seguridad de que así ha sido. Enciendes la luz y luego el mundo se me hace más comprensible. Desnudo estoy colgando cabeza abajo, las cadenas lastiman mis tobillos; miro hacia arriba, es decir hacia abajo, y me percato de que el suelo está a menos de un metro de mi cabeza; luego miro para abajo, es decir hacia arriba, y veo que mi cuerpo está sudoroso a partir de los muslos. Trato de doblarme, de flexionarme como haciendo abdominales subiendo mi cabeza y tronco, pero compruebo que es extremadamente difícil hacerlo teniendo las manos atadas por la espalda. Te pido explicaciones, no me las das y te ríes, entonces simulo estar enojado aunque, en realidad, me está gustando y te ordeno bajarme al instante; por toda respuesta acaricias mi sexo con toda facilidad y te lo metes a la boca; evidentemente se me erecta; sobas mis testículos y de improviso, maldadosamente metes tu dedo índice en mi ano, entonces yo me estremezco de desagrado y tú con un jajajajajajaja te burlas de mi impotencia. Otra vez lo haces y escarbas dentro haciendo que mi colgado cuerpo se retuerza y ahora sude copiosamente, pero de ira contenida. Me siento humillado y verdaderamente torturado. Vuelves a escarbar mi recto y yo sólo tengo los ojos cerrados procurando reprimir cualquier tipo de expresión. Así que al niño no le gustaban los supositorios que la mamá le metía en su potito cuando estaba enfermito, me dices impostando la voz a modo de niñito de 4 años. SUÉLTAME, MIERDA, BÁJAME AHORA, te grito furibundo a más no poder y sintiendo que ahora si las sienes y los ojos me explotarán por la presión. Por mi frente y mejillas destila el sudor caliente y ya estoy proyectando que te echaré de mi casa para no verte nunca más cuando se me ocurre que te estás vengando por todas las azotaínas y torturas que te di en el pasado, lo que hace que mi sentido igualitario de justicia aflore a la superficie; me dispongo a soportarlo todo con resignación justo cuando comienzas a arrancarme los pelos del pecho uno por uno. Doy gracias mentales de que dejaste de invadir mi culo, pero cada pelo arrancado me hace temblar. El castigo se hace insufrible cuando decides sacarme los pelos del escroto, entonces suplico piedad pero suplico de verdad y con cero voluptuosidad. PERDONA, YA NO SIGAS, NO LO SOPORTO, NUNCA MÁS TE VOY A TORTURAR, CORAZÓN. Mis palabras te dejan perpleja y me miras con cara de no entender nada; dejas el suplicio de los pelos y es cuando sacas, de no se dónde, un látigo de una sola cola como los que usan los conductores de carrozas o calezas para estimular a los caballos. Yo nunca he usado látigos contigo, sólo mi correa de cuero, mi inocua correa. Me da temor cuando lo haces sonar en el aire, SSSSHHLAP, SSSHHAP. Te retiras unos cinco pasos hacia atrás y empiezas mi flagelo. Cada latigazo me va cortando la piel y va llenándome el tronco, pecho, abdomen, espaldas, glúteos y piernas de unas rayas sanguinolentas. El líquido rojo y caliente se derrama hacia abajo y comprendo que lo mío si es un martirio, no como aquellos que te hice pasar. A medida que el retorcimiento de mi cuerpo crece, va aumentando la intensidad y cantidad de los golpes. El látigo se enrosca en mí y me parece que también envuelve mi cabeza porque ya estoy loco de dolor y lanzo espuma por la boca y lloro como un niño al pensar que en el mejor de los casos quedaré con el cuerpo lleno de cicatrices para siempre si es que no muero en manos de ti, una loca de atar. La risa estridente, la carcajada de una bruja malvada se deja sentir junto a los huascazos que me torturan y yo me preocupo de lo que irán a pensar los vecinos acerca de lo que está ocurriendo en la casa de al lado, la del vecino tan raro y solitario (ese soy yo). Ya veo a la fuerza pública que llega a golpear mi puerta requiriendo una explicación por tantos chasquidos y alaridos de loco y yo tratando de explicar lo inexplicable, medio empelotas y cubierto de sangre como un cristo, haciéndome el tonto y pretendiendo justificar todo el bullicio en un inocente juego que tengo con mi novia.

La luz del amanecer invade mi pieza y al abrir los ojos me topo contigo durmiendo plácida a mi lado. Me levanto de la cama, voy al baño y me miro el cuerpo desnudo ante el espejo. Mi piel está perfecta, sin ninguna marca, no hay cicatrices, sólo atino a rascarme la cabeza y pensar que tuve una pesadilla, pero fue tan real todo, parece imposible que todo lo de anoche haya sido un sueño. Me volteo y reparo en mi espalda una marca roja; me la palpo, está delicada; no se qué pensar.
Soñolienta y desnuda te veo llegar por el reflejo del espejo; me abrazas por detrás y tus manos se quedan en mis testículos descansando. Te sondeo sobre lo que hicimos en la noche; tú sólo dices que estuvimos conversando y bebiendo. Te cuento mi pesadilla, tú pareces no darle importancia.
-Amor, ¿qué bebimos anoche?

-es una fórmula especial: campari, dos gotas de ajenjo, y tres de mis jugos vaginales jajajajaja.
Cuando tus carcajadas se vuelven estridentes me da un escalofrío, es entonces que tus dedos con uñas largas se hunden en mi espalda y rasguñas; luego la otra mano hace lo mismo en mis pectorales y soy testigo, ante el espejo, de cómo 4 rayas sanguinolentas surcan diagonales mi pecho, como si hubiera sido atacado por la zarpa de una puma furiosa. Al llevarme las manos a las heridas, tu rapidez felina se apodera de mi escroto, lo aprisionas con tus dedos, lo retuerces y dices, con una sonrisa maligna.
-te tengo de las pelotas, hueón, tus testículos son míos ahora.
Me das una cachetada en la cara y te pones a lamer la sangre de mi pecho. Desde ese día todo cambia.

jueves 19 de noviembre de 2009

EN LA FERIA.

La única mujer, de las que conozco, y que no espera casarse algún día y tener una familia es Claudia. Hace rato que pasó los treinta y no parece preocuparle como he visto que le preocupa a las demás, eso al menos me parece porque nunca se sabe bien lo que está pasando por su cabeza. También es la única mujer (de las que yo conozco, insisto) que no obstante hablar mucho -como casi todas- se queda a ratos sumida en unos silencios insondables y prolongados. A veces me parece raro que Claudia no muestre intereses maternales ya que a ella le encantan los niños.

-¿No te gustaría ser madre, Claudia?

Ante la pregunta ella sólo mueve el rictus de su pequeña boquita, como esbozando una sonrisa, y nada dice. Ante preguntas como esa, su mutismo hace aparición; a mí eso no me molesta ya que nunca he sido muy parlanchín que digamos, soy de esos huevones que la gente llama "callados". Me gusta Claudia en su silencio, Claudia silenciosa.
El Domingo pasado nos encontramos en la feria. Ella estaba instalando su puesto de libros y revistas viejas en el suelo de la calle. Decidí poner el mío al lado del de ella. Yo también vendo libros viejos. Me fijé que tenía uno de Nietzsche al cual alguna vez le había leído un par de capítulos; "Aurora", una obra sobre la moral; ese fue el pretexto para que parloteáramos largo y tendido. El sadomasoquismo, sus causas y sus implicancias éticas y morales; hacía tiempo no hablábamos de eso, es un tema que nos gusta a ambos y hacía tiempo que no la veía a Claudia. Me embrujan las enormes tetas de la Claudia, me es imposible despegar mi vista de ellas cuando conversamos, es como si tuviera su rostro en el busto.

-Tanta femineidad y no pretendes tener hijos.
-¿quien dijo que no pretendo tener hijos?

Se va para adentro después de decir eso y se calla por un buen tiempo. No se crea que esos silencios de ella son señal de enojo; cuando recién la conocí los interpretaba de esa manera, luego caí en la cuenta de que a Claudia le cuesta enojarse; tampoco le importa que le mire descaradamente las tetas casi babeando, ni le parece risible que lo haga.
Me gusta la Claudia en su serenidad, Claudia serena.
Para pasar el vacío de silencio empezamos a fumar los cigarros perfumados que a ella le gustan y jugamos a mirar a la gente a través del humo verde que lanzamos con la boca. Nos sentamos en la solera de la calle y sin casi darnos cuenta nos tomamos de la mano. Apoya su cabeza desganada en mi hombro.
Una viejita con un bastón se acerca y me pregunta por el precio de unas novelas de Corín Tellado que Claudia vende de a montones.

-No se, señora, esos libros son de ella, ella sabe el precio.

La viejita me mira por encima de los lentes y luego a Claudia y dice,

-Ahh, ustedes son un matrimonio con separación de bienes.

Claudia estalla en una carcajada estridente como nunca la había visto y que a la ancianita parece ofenderle ya que se retira con el entrecejo arrugado. Se estuvo riendo por mucho rato después de que la vieja se fue.

-Oye, Claudia ¿y si tuvieras críos, me darías de mamar la leche de tus ubres?
-Si, seguro- me contesta pensativa y seria.
-¿No te daría asco?- me pregunta de pronto sin mirarme.
-No se, nunca lo había pensado, de repente se me ocurrió. ¡Dios mío, como crecerían tus pechos con la lactancia¡ te verías monstruosamente maravillosa; no, ni cagando me daría asco.

Claudia se vuelve a abstraer hasta que me dice,

-Si continuamos viéndonos, que sea aquí en la feria solamente, me gusta estar contigo vendiendo y que hablemos, pero no quiero volver a lo de antes, al menos por un buen tiempo, no quiero otra vez estar adicta a los correazos y al bondage; tú sabes, siempre quiero más y la tregua no ha sido suficiente con el tiempo que ha pasado, la otra vez casi caímos al abismo.

Cuando levantamos el puesto me regaló el libro de Nietzsche y nos despedimos con un beso suave en los labios.
El próximo Domingo te veré, Claudia Dolorosa.

jueves 12 de noviembre de 2009

CONDENADA (Parte 9)

Este es el final de esta historia. Si desean leerla desde el principio no tienen más que retroceder ocho entradas.

Mientras era violentada por los custodios, la 1555 no dejaba de llorar y rogar piedad; la 1556 la miraba de reojo tratando de mantenerse inconmovible frente a las atenciones del gordo; veía que su compañera era penetrada por ambos agujeros al tiempo que el tercer custodio refregaba el pene contra su cadera y zonas aledañas. El gordo olía a cebolla y a algo parecido a aceite de lámparas, no dejaba de acariciar ni maltratar sus pechos. Le metió su sexo por la vagina y en cortas embestidas ya estuvo terminado.

- No te lo meteré por el culo, tetona, se que lo tienes delicado por el tratamiento con los cilindros ¿ves que soy bueno contigo?, se que en un tiempo, no demasiado largo, me amarás, serás mi golfa oficial aquí, te convertirás en la reina y te gustará, no dejarás de ser consciente de que eres una perdida destinada a sufrir y lo aceptarás resignada, lograrás todo eso porque eres una hembra de verdad y eres zorra, pero antes debes pasar por varias etapas: ahora te haces la fuerte, mas luego te vendrá el berrinche, la desesperación, el terror, sentirás que no puedes, te encontrarás en el abismo infernal; ese es el primer paso, el segundo será la tristeza, sólo pensarás en morir, si logras pasar esa etapa sin suicidarte o echarte a morir, vendrá el acomodo, aceptarás todo, te volverás un criatura vil, capaz de matar para poder conseguir migajas, capaz de vender a los que amas sólo para satisfacer tu egoísmo y cuando hayas vencido ese periodo, entonces lograrás amarme, si, amarme, a este viejo gordo, asqueroso y maloliente lo amarás, ¿y sabes por qué lo harás? pues porque no te quedará otra, porque no tendrás a nadie en tu vida, tan sólo a mí y ante la alternativa de la nada preferirás la mierda, el hombre que te provoca dolor. Te gustaré, verás que sólo yo te colmo aunque sepas que te uso para mi sólo placer, aunque sepas que para divertirme un día te mande a la cruz y te desvivirás por conseguir mi dicha, te sacrificarás sólo para que yo te mire.

Mientras el gordo discurseaba así, los otros custodios ponían de rodillas a la 1555 y la exhortaban a chupar sus penes. La 1556 vio que su compañera se resistía y volvía la cara en rechazo de los falos, pero cuando recibió la lluvia de bofetadas en las mejillas, presta dejó los chillidos y remilgos y tomando un pene con la mano comenzó la succión del glande. La 1556 se divirtió y maravilló del poder de una bofetada; un golpe que no causa mayor daño, no tanto como la quemadura con un hierro candente, pero que es capaz de hacer que una mujer dejé de gemir y comience a lamer un pene maloliente ¡vaya¡ la bofetada tiene poder. El gordo advirtiendo que la 1556 miraba la felación, le dijo,

-no dejaré que me la chupes por ahora, tienes sangre en la lengua por la argolla que te hemos colocado y me desagrada la sangre de las perras sobre mi sexo, pero has de lamerme las pelotas.

Tomándola del aro de la nariz, la hizo bajar hasta quedar de rodillas; volvió a manar un delgado hilo de sangre del agujero. El olor a cebolla mezclado con algo que ella no adivinaba salía de los genitales colgantes del gordo asqueroso. Con la punta de sus dedos tomó el arrugado escroto y comenzó a pasar la lengua; cerró los ojos mientras lo hacía; no sentía sabor alguno pero el hedor era chocante. La 1556 se dijo que podía aguantar eso y mucho más y que si su estadía en prisión estaba dada por tareas como esas entonces le iría bien.Cuando la 1555 iba a ser obligada a beber la orina de los custodios para diversión de estos, el gordo hizo un alto y dijo:

-NO, deténganse, tengo algo mejor; miren a mi tetona, miren estas ubres, sus areolas grandes, esta carne de su trasero, miren como tiembla ante un palmazo esta masa abundante y sustanciosa, es una delicia la reclusa 1556, ¡tan curvilínea¡ pues, ella nos bailará ahora.

La 1556 quedó paralizada, no dijo nada y miraba a los hombres con ojos de espanto; no se esperaba eso. Los custodios empezaron a palmear haciendo un remedo de melodía para que ella se moviera. El gordo la miró directo a los ojos y ella comprendió que debía hacerlo so-pena de funestas consecuencias; entonces comenzó a moverse desgarbadamente y sólo los pies; un pasito adelante, otro atrás; sudó helado, luego sus mejillas las sintió ardientes, pensó en cómo se estaba viendo ante esos bárbaros; pelada con aros infames, con sus partes pudendas y gorduras a la vista, marcada la frente y moviéndose ridículamente tras las palmas de esos hombres. El gordo avanzó hacia ella y de las argollas de los pezones recién atravesados, sacudió las tetas con verdadera furia, reanudando el dolor y la pequeña hemorragia de sus heridas.

-¡AAAAAAAAAAH, AAAAAAY¡, NOOOOOO.
-ASÍ, ASÍ DEBES MOVER TUS TETAS, ASÍ, Y DEBES MOVER ESE CULO Y LA PELVIS HACIA ADELANTE COMO SI ESTUVIERAS FOLLANDO, Y MOSTRARNOS EL CULO Y BAMBOLEARLO Y SALTAR Y DEBES SONREIR, UNA BAILARINA DEBE SONREIR Y COQUETEAR, VAMOS, DEBES HACERLO, Y LANZAR MIRADAS INSINUANTES A NOSOTROS, VAMOS, PERRA TETONA, HAS DE HACERLO.
-NOOOO, NO LO HARÉ, puedes matarme, crucifícame, pero no lo haré, no puedo, quisiera, pero no puedoooooo, por favor, no me hagas pasar por esto.

La 1556, lloraba al decir aquello, sentía una vergüenza insoportable y estaba dispuesta a preferir ser torturada antes que bailar.

-está bien, 1556, cómo quieras, pero debes saber que entonces la 1555 será crucificada, mas antes, la haremos comer su propia mierda, le sacaremos los ojos, le arrancaremos las uñas de pies y manos, verteremos metal fundido en ellos y la flagelaremos, y cuando fallezca en la cruz, te obligaré a comer de su carne cruda, te obligaré, ¿entiendes? personalmente te abriré la boca a la fuerza y deberás tragar el corazón que tú misma asesinaste.

La tetona 1556 sintió una corriente de sudor helado otra vez; subía desde su entrepierna por la columna vertebral y llegaba a su cabeza; orinó y su meada la sintió fría, cayó amarilla en el suelo salpicando sus pies, cerró los ojos y derramó abundantes lágrimas. Lloraba desde abajo y desde arriba, pero no hipó, ni rogó, ni chilló. Ella sabía que el gordo haría lo que estaba anunciando.
Se llevó las manos a la nuca y comenzó a mover su pelvis como con lascivia; movía su hombros; sonrió a los hombres sin dejar de derramar lágrimas, les hizo sugerentes movimientos de cejas, se tocó los pechos y el vientre, procuró moverlo y darle vida, se acercó a los custodios y sopló en sus caras, rozó sus sexos con los dedos, les susurró a sus oídos palabras dulcemente lujuriosas, volvió a balancear las ubres como sabía que le gustaba al gordo, les ofreció sus abundantes nalgas y las hizo temblar como gelatina; daba saltitos coquetos provocando una tempestad marina con sus carnes, se acarició el peludo sexo con descaro y giró, giró, giró y giró como un trompo. Los custodios, al principio, se quedaron sorprendidos y perplejos porque pensaron que no bailaría, mas al ver tanta gracia y belleza luego comenzaron a hacer palmas y todo fue diversión, incluso se alegraron de verdad, con emoción y todo, se arrobaron por unos instantes de ese lugar en las entrañas de la tierra. El gordo rió con satisfacción y se dijo que no lo esperaba tan luego, yo sabía que esa tetona era un zorra, lo está comprendiendo, será mía.
Minutos más tarde iban una detrás de la otra las condenadas, caminaban con la vista baja por el laberinto hasta que se detuvieron; en el suelo les apareció ante su vista un pozo pequeño, una tapa metálica lo sellaba, la tapa tenía una abertura por donde podía verse que había reclusas dentro. Al abrir los custodios la tapa, cuatro rapadas cabezas alzaron su mirada. El pozo era circular y de un diámetro de algo más de un paso; una sola persona habría cabido con incomodidad en él y tendría que haber estado de pie, mas dentro había cuatro reclusas, apretadas y aplastadas una contra la otra; sus caras afligidas sudaban copiosamente y presentaban signos de sofocación, ni siquiera les era posible levantar los brazos ya que estaban atorados; el hedor no era para desmerecer. Los custodios les extendieron la mano a las sepultadas y las fueron sacando de allí una por una con bastante dificultad; cuando quedó vacío el hoyo, el gordo se acercó al borde y miró; sonreía maliciosamente. Las recién liberadas tenían los pies negros de mierda y olían en consecuencia, sus miradas eran bajas y humildes, no hablaban. El gordo dirigiéndose a la 1555 y la 1556 dijo:

-1555 y 1556, hemos llegado al lugar donde vivirán de ahora en adelante, este es su hogar, no es del todo cómodo, pero hemos hecho todo lo posible para una mejor estadía, jajaja. Como son nuevas, la primera semana estarán exentas de trabajar en los campos, no me lo agradezcan, es tan sólo para su propio bien ya que significará una etapa de adaptación a las nuevas condiciones; estarán juntas, créanme, solas no se sentirán.

La 1556 pensó que las dejarían encerradas en ese pozo infecto, se veía hediondo y asfixiante, incómodo a más no poder, dos mujeres prácticamente sepultadas; ciertamente había llegado la hora de sufrir, la hora de su real condena.

-en este pozo dormirán y comerán lo que todos los días uno de los custodios les arroje, no hay platos ni cubiertos sólo se les tira la comida, así que deben estar atentas para atraparla con sus manos si no prefieren recogerla del suelo, eso si es que pueden agacharse ya que es muy difícil como verán. Defecarán y orinarán ahí mismo, no se les abrirá sino hasta la próxima semana y cuando lo hagamos deberán limpiar con sus manos la celda. En este lugar se apagan las antorchas así que estarán en completa oscuridad. 1555 y 1556 tendrán tiempo para hacerse amigas, mucho tiempo, espero que lleguen a quererse.

Cuando ya estuvieron abajo, una sensación de encierro y asfixia le invadió a la 1556, comenzó a temblar. El gordo había dicho que cuando se les abriera la tapa la semana próxima deberían limpiarla con sus propias manos de la mierda cagada, pero ahora, las reclusas que acababan de liberar no habían limpiado nada, deberían ellas soportar las suciedad ajena de esas cuatro ¡que castigo más terrible¡ y así sería por diez años.

-1555 y 1556, ahora deben encogerse en posición fetal en el fondo del pozo y abrazarse mutuamente; vamos, perras, enrédense una a la otra con brazos y pies, háganlo ya.

La 1556 se preguntó qué clase de juego se le ocurriría al gordo. El suelo olía insoportable y las mujeres levantaban, en la medida de lo posible, las cabezas para no tener que tocarlo con sus mejillas. Había mierda y orina, incluso esta aún estaba cálida. La 1555 hizo arcadas y al verla la 1556 sintió ganar de vomitar; comenzó a llorar y gemir, entonces el gordo les dijo.

-perras, abrácense una a la otra y quédense allí en el suelo, cerraremos la tapa.

La tetona sentía la calidez sudorosa del cuerpo de su compañera y le ardieron los pezones atravesados cuando sus senos se juntaron con los de su compañera; a la 1555 le pasó otro tanto ya que se quejó y entonces su aliento pudo ser olido por la nariz herida de la tetona. La 1555 lloraba como una niñita y tetona pensó que era la hora de llorar juntas y que el abrazo no estaba tan fuera de lugar, aunque fuera en el suelo inmundo de un pozo, ella sería su hermana en el dolor dentro de ese útero de sufrimiento y pestilencia. Besó la frente de la 1555 y apretó su abrazo sudoroso. La 1556 ya planeaba levantarse y ponerse de pie cuando cerraran la tapa y se fueran los custodios cuando el gordo ordenó a las cuatro reclusas que habían estado antes apretujadas que volvieran a meterse al pozo. El sudor helado volvía a invadir el cuerpo de Claudia llorosa cuando sintió cómo los pies descalzos y embadurnados de mierda y orines de las reclusas le aplastaban su cara, las costillas, la cabeza y las nalgas, luego, comprendió los motivos de estar abrazadas en el suelo del pozo; ellas mismas ahora serían el suelo del pozo. El estruendoso grito de horror de Claudia se escuchó en toda la galería y contagió a su compañera Regina, que así se había llamado en su vida civil y ya las dos mujeres gritaron histéricas y abrazadas irremediablemente.

-NOOOOOOOOO, NOOOOO, SÁQUENME DE AQUÍ, NOOOOO, PIEDAD, POR FAVOR, NOOOOOOO.

El gordo rió satisfecho y pensó que la primera etapa ya había comenzado; te lo dije, gorda tetona, ahora aférrate a la vida.
Marchado ya los custodios todo quedó en la más negra oscuridad y los espasmos y horrorosos gritos de Claudia y Regina fueron sofocados con las innumerables patadas y meadas de sus cuatro egoístas compañeras que estaban sobre ellas aplastándolas.

FIN.

miércoles 4 de noviembre de 2009

CONDENADA (Parte 8).

Cuando la mujer fue desnudada, sus frenéticos movimientos hicieron que recibiera innumerables patadas en el suelo de parte de los custodios hasta que cayó en la inconsciencia; luego, arrastrando se la llevaron de vuelta por la galería, camino al ascensor.La marcha se reanudó, esta vez con sólo el gordo delante. Caminaron mucho rato antes de dar una vuelta en una esquina; las dos mujeres habían pensado que la galería tan sólo era un estrecho túnel recto, pero había otros perpendiculares a este.
Al doblar la esquina se vieron las mismas celdas con abiertas rejas en las paredes y en el suelo, mas algunas tenían sus rejas cerradas y dentro a sus reclusas; en la mayoría de ellas las prisioneras estaban todas apretujadas entre sí. En compartimentos hábiles para dar lugar a una reclusa con dificultad, podían verse hasta tres; sus caras presionadas contra las rejas revelaban una inmensa angustia e incomodidad; gemían y gemían y, las que podían hacerlo, extendían sus manos al ver pasar a los custodios, implorando agua. Si el hedor era inmenso en las celdas vacías, este se volvía insufrible en las ocupadas, mezcla de sudor, flujo menstrual y mierda. Cada tanto comenzaron a ver prisioneras encadenadas a los aros fijados a la pared, ya sea colgadas de las muñecas o de cabeza, colgadas de los tobillos; en todos los casos sus cuerpos, cruzados por rayas sanguinolentas, revelaban haber sido flagelados con ferocidad. Al doblar otra esquina, una reclusa era doblemente penetrada por dos custodios, uno adelante y otro detrás, estaban en medio del laberinto y obstruían el paso; el gordo se limitó a mover las cejas a sus colegas en señal de saludo sin manifestar la menor sorpresa ninguno de los hombres. Si bien la compañera de Claudia no gemía ni expresaba una conducta intranquila, demostraba su desazón a través de las profusas lágrimas que se iban derramando por su cara. Después de pasar por el lado de los dos hombres que violaban a la reclusa, el gordo se volvió y dirigiéndose a Claudia dijo,

-¡hey¡ tetona, no pareces tener miedo, te ves muy controlada, me gusta eso. No has llorado, conozco a las de tu tipo; me gustan así, ya que cuando les llega la hora es divertidísimo.

Cuando les llega la hora ¿a qué se refería? era una amenaza ciertamente pero ella no temía, aún le parecía raro esa tranquilidad; había visto lo más degradante de su vida y ella estaba a punto de vivirlo, mas la dejaba casi indiferente, era raro considerando que al escuchar la sentencia en el tribunal casi se había orinado por la impresión.
Llegaron a una puerta de hierro que el gordo abrió, daba a una habitación un tanto amplia, esculpida también en la roca, las antorchas la iluminaban con algo más de luz que el laberinto anterior. Dentro también había celdas con las rejas abiertas y vacías pero lo que, de inmediato, llamó la atención de Claudia y su compañera fueron dos enormes cepos de madera y metal; uno para atrapar la cabeza y las manos y otro para los tobillos. Al lado, unos instrumentos de variado diseño hicieron suponer a Claudia que se trataba de otros artilugios de tortura. Tres custodios, muy pálidos y flacos se encontraban allí y saludaron con sonrisas al gordo, quien volviéndose hacia ellas comenzó a hablar.

-Bien, perras, es este lugar en el que oficialmente serán incorporadas a "Las entrañas del dolor" por lo que les doy la bienvenida de rigor….. de mucho rigor JAJAJAJAJAJA. Se les despojará de sus ropas y deberán andar completamente desnudas. Serán afeitadas de cabeza y marcadas con el signo infame de "las entrañas ", es una marca hecha por un hierro candente; en verdad dos serán las marcas, la I de infame en la frente y el número que les corresponde aquí dentro y que reemplazará al nombre de ahora en adelante, dicho número irá en la nalga derecha. Además sus narices serán atravesadas por una argolla metálica, ella servirá para que, con posterioridad, los custodios las manipulen con mayor facilidad; similar función cumplirán los aros en los pezones de sus tetas y en sus lenguas y luego serán incorporadas de inmediato al lugar que les corresponderá.

1555 y 1556 fueron los números asignados a las mujeres. Claudia fue la 1556. La 1555 fue tomada de los brazos por dos custodios y se le quitaron los grillos del cuello y muñecas, rasgaron sus vestidos quedando desnuda. En un movimiento reflejo trató de taparse con las manos el pubis y los pechos, pero una fuerte bofetada en la cara la hizo comprender que eso no era del agrado de los custodios quienes la sobajearon con lascivia por todo el cuerpo; a pesar de ello, los hombres no se mostraban entusiasmados y parecía ser un hábito casi rutinario el de sobar. Se le puso su cabeza en el cepo quedando fijados su cuello y manos y su cuerpo en ángulo recto, con el culo exponiéndose a los hombres. Cuando estuvo instalada en la incómoda posición se tomó a la 1556 (Claudia) y se le desnudó; también, instintivamente, la 1556 procuró cubrirse las tetas con las manos pero los pechos eran de tales dimensiones que era prácticamente imposible, lo que causó risa en todos los hombres. El gordo se acercó y con una mano agarró una teta y con la otra una gordura de su cintura, apretó fuerte, la 1556 sintió dolor pero aguantó el quejido, el gordo, sin soltar la teta, acarició toda la redondez de su enorme trasero y luego la peluda entrepierna, pasó los dedos por la vagina y tiró fuerte de sus vellos; nuevamente la 1556 ahogo un grito. El gordo, luego de lamer su cara, se dirigió a sus compañeros.

-¡como me gusta esta gorda tetona¡ es una zorra, lo se bien y se hace la valiente, cree ser mejor que las otras perras e incluso les aseguro que las desprecia, pero les apuesto que sus berrinches serán chillones al extremo, sufrirá un ataque de nervios precisamente porque es una zorra, una perra; mírenla.

Al decir eso agarraba brutalmente las enormes tetas de la 1556 y les daba de palmadas para que se balancearan.

-¿lo ven? ¿miran esto? ¿estas ubres?, estos volúmenes, aquí se acumulan los berrinches, acá, aquí están los ataque nerviosos jajajajaja, en estas gorduras, en estas tetas; este animal exuda alaridos agudos, es toda una mujer y gritará, ya lo verán, llorará histéricamente porque eso es, es una mujer, la más mujer que he visto pasar por este penal y por eso se cree lista y tiene esa actitud de reina, es una zorra. AAAAAAH, ¡COMO ME GUSTA¡ ¡COMO ME GUSTAS, GORDA TETONA¡ SERÁS MIA EN ESTE PENAL.

El gordo, hambriento de lujuria, apretaba una y otra vez los senos, los estrujaba, daba palmadas en sus nalgas, la tironeaba del cabello y la cacheteaba en la cara. La 1556 no demostraba emociones y se mantenía, en lo posible, fría, sin temor e indiferente ante la lascivia del gordo. Podía oler la transpiración de ese hombre y sentir repugnancia, pero no estaba intimidada y esperaba resistir así hasta el final. No lo lograrás, gordo asqueroso, pensaba, te ganaré, no me verás llorar porque no tengo miedo y ya estoy muerta. Fue puesta también en el cepo. Cuando les metieron los enormes cilindros metálicos ¡tan helados¡ por el ano, se escucharon los gritos de dolor de las dos, mas sólo los de la 1555 se prolongaron en todo el tratamiento. La 1556 se reprimió y se decía mentalmente que al fin y al cabo no era tan doloroso, aunque si incómodo y desagradable, sólo cerrar los ojos y resistir.Terminado el tratamiento de cilindros, comenzó el corte de cabello y posterior afeitado. La 1555, al ver su pelo en el suelo, lloraba sintiéndose impotente y ultrajada; la 1556 nada decía. El gordo, dando una palmada en el culo de la 1556 dijo.

-me gusta escuchar los quejidos de las mujeres en esta parte del tratamiento, pero la 1556 no nos colabora, se resiste ¡vamos, tetona¡ llora de una vez ¿no ves que eso me excita?, me hará quererte más, no lo entiendes eh.

El gordo pellizcaba el rollizo cuerpo de la 1556, pero nada lograba, algún pequeño grito pero ninguna lágrima.

-¿crees que no te quebrarás eh?, o crees que lo harás si te causo dolor, créeme que lo harás y no necesitaré ponerte la mano encima, gorda tetona; mira como quedas pelada.

Cuando estuvieron completamente afeitadas, ambas sintieron la cabeza muy fresca en ese lugar tan caluroso; lo sintieron más caluroso que nunca y era porque detrás de ellas y sin repararlo hasta el momento, los hombres calentaban los hierros en una fragua. Sin mediar aviso la 1555 recibió su bautizo de fuego en su nalga; su fuerte grito estremeció a la 1556, la que trató de girar su cabeza para mirar el rostro de su compañera sin lograr ver demasiado. Gotas de abundante sudor llenaron la calva y frente de la 1555 y ese mismo número quedó estampado para siempre en su trasero. La 1556 se preparó para recibir el punzante dolor del rojo metal y cerró los ojos apretadamente.

-¡AAAAAAAAAH, AAAAAAAAY¡.
-JAJAJAJAJAJAJAJA ¿duele, tetona?, ¿duele? desde ahora en adelante tu nombre es 1556, pero de cariño siempre te llamaré gorda tetona, aunque si te quedas conmigo demasiado tiempo te aseguro que muy pronto ya no serás gorda, JAJAJAJAJA.

La 1556 sintió que se le mojaba el rostro y la cabeza rapada de transpiración, también le salieron lágrimas pero aún así ella no estaba vencida. Sintió un mareo y la vista se le humedeció. Un grito (de la 1555) la vino a sacar de su momentáneo sopor y de primeras no se explicó la razón de ese alarido hasta que un calor la hizo reaccionar, el hierro candente y rojo se acercaba a su rostro, la iban a marcar en la frente, de ahí en adelante ya no habría esperanza de nada, era mierda ¡oh, no¡ ¡cuanto va a ser el dolor¡.
Gritó la 1556 con todas las fuerzas de su garganta, se le cayeron babas de la boca y parecía sentir que se derretía su cabeza entera, que se quemaría en sus ojos, en su cerebro y hasta en su corazón; luego, todo se oscureció. La frescura la sintió primero en su cabeza y luego en la frente, tomó algo del agua que le daba el gordo, trató de mirarlo levantando las cejas pero al hacerlo, la frente recién marcada le provocó un dolor de mil aguijonazos. El gordo le echó, luego, agua sobre su espalda inclinada y en la quemadura de la nalga. La 1556 sentía todo su cuerpo bañado en sudor y agradeció mentalmente el agua que se le echaba encima; volvió a desmayarse. Ahora el dolor dentro de su boca casi en la garganta, la despertó abruptamente y pudo ver que unas tenazas metálicas atrapaban su lengua desde casi el nacimiento, se la sacaron fuera y una gruesa aguja la traspasó, acto seguido atravesaron un aro por el agujero; el gusto amargo de su propia sangre pudo sentir y estaba concentrada en eso y con los ojos cerrados cuando un fuerte dolor los hizo abrir. Un instrumento de metal había, ahora, agujereado su nariz la que fue atravesada por una enorme argolla que le llegaba hasta el mentón; sintió que esa argolla si que era ridícula en extremo y denigrante, pero de inmediato eliminó ese pensamiento. La sangre caliente descendió hasta su boca y la amargura que percibió su lengua fue mayor. Cuando fue sacada del cepo y le ayudaron a ponerse de pie, vio que la 1555 no dejaba de llorar; lo hacía como una niña pequeña, con hipos y carcajadas de llanto, y muy suave; no había ataque nervioso como la histérica que fue mandada a la cruz, pero lloraba con pasión; la 1556 sintió pena de ella hasta que la otra fijó su mirada en ella y recrudeció su llanto al verse a sí misma a través de la cara de su compañera; rapada, marcada y denigrada con un aro en la nariz; la 1556 se dio cuenta de eso, de la razón del recrudecido llanto y quiso llorar por efecto demostración, pero se reprimió y pensó que sólo le sucedía aquello porque la histeria es contagiosa, mas en realidad no le daban auténticas ganas de lagrimear.
Un custodio tomó por detrás a la 1555, pasándole su brazo por el cuello mientras otro agujereaba las areolas de las tetas; chillidos de la prisionera y ya estuvieron las grandes argollas colgando como adornos desde las abultadas femineidades; dos pequeños hilos de sangre dejaban su rastro hacia el vientre de la mujer dolida. Le tocó el turno a la 1556 y cuando la punta metálica se abrió paso entre la suave piel y carne de sus pechos, ella pensó que, después de todo, el dolor de los hierros candentes hacía que este otro dolor de las argollas no fuera nada en comparación, de modo que la 1555 estaba exagerando al chillar cuando le atravesaban los pechos.
-serás mía, tetona, te ves bonita con tus aros- decía el gordo y le lamía la cara con su lengua viscosa. La tetona 1556, mantenía su vista baja mientras el gordo la babeaba en la cara y cuello, sin moverse en absoluto. Ponte en cuatro patas, 1556- le ordenó y ella lo hizo dispuesta a aguantar los embestidas de todos los custodios que se encontraban presentes, mas el gordo dijo a sus colegas,

-diviértanse con la 1555, que ninguno de sus hoyos quede sin ser bautizado por ustedes; esta tetona es mía así que déjenmela, quiero gozar solo esta carne de mujer antes de que la escuchemos relinchar de desesperación JAJAJAJAJAJA. CONTINUARÁ.

jueves 29 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 7).

Este será otro juego cruel, en eso consiste la estadía aquí, se divierten con juegos crueles, sólo somos piezas de un gran tablero, sólo juguetes; así pensaba Claudia cuando el gordo explicaba.

- La primera alternativa es: castigarlas a ustedes dos por el berrinche de esta perra ¿cómo ha de ser?, serán colgadas de las tetas y desnudas en la superficie, bajo el sol, deberán pasar tres días así, sin comer ni beber, y antes de eso, se les dará una azotaína. Si aparecen cuervos, no les espantaremos; a los cuervos les encanta el sabor de los ojos humanos, JAJAJAJAJA. Es claro que es probable que mueran antes o, si completan los tres días, mueran luego por los padecimientos o queden con las tetas horribles o hasta sin tetas. Si fallecen, serán cocinadas y servirán como alimento para las demás reclusas, un aporte nutritivo para la débil dieta que llevan acá, seguramente ya habrán oído que ese es el fin de los cuerpos de las que mueren en "Las entrañas".
La otra alternativa contiene dos subalternativas, la primera: arrojaré al abismo ahora mismo a esta egoísta, morirá sin mayor dolor, aunque con un poco de vértigo, JAJAJAJA; la otra alternativa también es de muerte: será clavada en la cruz, en la superficie, quedará al sol, desnuda, quemándose y desangrándose de a poco hasta que muera; creo que a ella le gustará ya que no ha dado muestras de gustarle nuestra casa, parece que la encuentra algo lúgubre y oscura, entonces que se quede tomando el sol JAJAJAJAJAJA.

Los demás custodios también carcajeaban cada vez que el gordo reía y Claudia percibía, por el temblor de manos, el terror que ahora estaba apoderándose de su compañera que tenía al lado; si esta caía en un ataque de histeria, entonces ahora ella debería pagar según las reglas de la cárcel y no habría alternativas ya que entonces sólo sería ella y nada más que ella, pero también pensó que a fuerza de ser un juego de diversión completamente arbitrario y cruel, nada podía preverse tratándose de los custodios, el capricho de ellos era el que mandaba. Si la arrojaban al abismo no sería tan malo, el pozo era profundo y nada podía verse, caería y caería y no vería nada, absolutamente nada por la oscuridad y sería mejor así, el miedo estaría aminorado y al llegar al fondo un impacto daría cuenta de ella y ya no quedaría rastro de una mujer que alguna vez se llamó Claudia; ciertamente eso era mejor a cualquier cosa, ¡que feliz se sintió de pensar así¡ si, ella deseaba ser arrojada a lo insondable, la tierra se la comería.

-vamos, decidan, perras, les estoy dando una oportunidad, decidan o las crucificaré a todas después de torturarlas durante una semana. TÚ (dirigiéndose a la compañera de Claudia), DIME ¿QUÉ DECIDES?.
-arroja al abismo a la egoísta.
-JAJAJAJAJA, NO DEMORASTE DEMASIADO EN DECIDIR JAJAJAJA; dime ¿por qué debería a ella arrojarla al abismo y no a ti? tú también eres una egoísta ya que prefieres la muerte de esta y no ser tú la colgada de tetas, vamos, recuerda que debes fundamentar tu elección, vamos, has de convencerme ¿por qué debo lanzarla al abismo?.

He ahí con el jueguito otra vez, se dijo Claudia; ella ya había decidido y su fundamento lo consideró irrebatible, de eso estaba segura, la elección de ella sería la que el gordo adoptaría; ya se cómo funciona este lugar, pensó. La otra mujer, después de dar su respuesta, no sabía cómo debía fundamentarla, no encontraba el argumento preciso y que dejara satisfecho al gordo, ¡que juego más cruel¡ se sentía perdida ya que, pensó, cualquier cosa que dijera podría volverse en su contra ¿cómo dejar contento a ese gordo horrible? Mientras, la histérica se había recuperado en algo y había oído lo que hablaba el gordo sobre su nefasto futuro que habrían de decidir sus compañeras por lo que sus gimoteos y llantos se reanudaron con más fuerza; la interrupción que significaba el nuevo escándalo dio tiempo a la mujer para pensar en lo que diría al gordo, mientras este daba de latigazos a la llorona. Una patada en el vientre volvió a callarla y el gordo dijo:

-DAME TU RESPUESTA AHORA.
-debes arrojar al abismo a esa gritona, nos perjudica, es egoísta y altera el equilibrio de este penal, será mejor para todos, además es justo, ella fue la que cometió la infracción.
-no eres muy solidaria, ni compasiva ¿no piensas en su dolor y angustia? eres también cruel y más egoísta que ella.
-sólo soy justa.
-y cruel como bandida que eres, por eso estás condenada a este presidio.
-no soy cruel, señor, sólo pido un castigo para quien lo merece y pido que sea arrojada al abismo y no crucificada, ya que la cruz prolongaría su dolor y eso si es cruel, en cambio cuando la lances al vacío todo terminará para ella en forma rápida, es un castigo compasivo.

Ante aquellos argumentos el gordo quedó estupefacto sin saber qué decir, era muy razonable la fundamentación. Claudia también pensó lo mismo y ya no estuvo tan segura, como antes, de la solidez de los fundamentos que pensaba argüir.

-has razonado en forma brillante, reclusa, debo reconocerlo ¡uf¡ hasta me gustaste, me gustan las perras inteligentes como tú, ¿o debo decir zorras? JAJAJAJA, sólo una zorra astuta podía contestar así; cuando ya estés oficialmente declarada reclusa, con la marca infame y los aros, te sodomizaré, sentirás la fuerza de mi sexo en tus entrañas, esa será tu recompensa y bienvenida JAJAJAJA ¿qué opinas?.

La mujer se quedó callada; el gordo la abofeteó fuerte y dijo,

-CONTESTA CUANDO SE TE DIRIJA LA PALABRA, ESA ES UNA NORMA AQUÍ QUE DEBES APRENDER.
-SI, si, si, señor, opino que está bien, gracias por tu regalo.
-JAJAJAJA, así está mejor ¿ves que es fácil la vida en "las entrañas" si se tiene paciencia y se respetan las reglas? JAJAJAJAJAJAJAJA.

Al reír el gordo movía involuntariamente la barriga, Claudia se imaginó desde ya a esa barriga encima del cuerpo de su compañera cuando la estuviera sodomizando; todos los custodios que había visto hasta el momento le parecieron hombres feos o en estado lamentable por lo viejos o gordos o demasiado escuálidos de carnes; todos tenían una expresión triste en los ojos cuando no era siniestra como la del gordo, sudaban hediondo y sus pieles lucían pálidas o en extremo bronceadas, ninguno vio que le mereciera al menos una admiración a primera vista. De improviso el gordo se volvió hacia ella diciéndole,

-ahora tú, gorda tetona, dime tú ¿qué has decidido?, ¿has decidido algo para la egoísta?
-si, señor, he decidido que debería ser crucificada bajo el sol.
-¿QUÉEE? ¿en verdad, hablas en serio?
- muy seriamente, señor.
-eso si que es cruel, no tienes nada de compasión.
-puede ser, mas es lo que se merece.
-y tú ¿qué te mereces? eres egoísta también, más bien cruel.
-no se lo que soy exactamente, pero como has dicho, soy como todas aquí una condenada y una cosa, no tengo derechos, no pretendo ser otra cosa, mi vida ya acabó y no tengo miedo de decir que prefiero ver a esta chillona colgada de la cruz.

-nada de solidaridad tienes en tu corazón.
-ella tampoco la tuvo.
-AAAAH , ¿ERES RENCOROSA?.
-sólo elijo de entre las alternativas que tú me diste.
-y ¿qué te parece si decido colgarte de tetas allá arriba? tus tetas son grandes, eres especial para eso, además tu corazón duro se lo merecería.
-si me cuelgas sólo me queda aceptar con humildad y resignación.
-¿eso es humildad o un desafío de orgullo?.
-sólo la verdad, no hay más reglas que el capricho de los custodios y el sufrimiento de nosotras las reclusas de "las entrañas del dolor".
-eso es cierto, hablas con verdad, pero no me has dicho por qué debo crucificar a esta y no arrojarla al abismo o colgarte a ti de las tetas; quiero que fundamentes tu elección, porque así como vas creo que terminaré colgándote de las ubres por falta de solidaridad y egoísmo.
-cuélgame si es eso lo que deseas, mas te digo que esta se merece la cruz porque es egoísta; llevó al castigo a su compañera allá arriba hace un rato pensando que su vida, que su miedo, eran más importantes que la vida o el temor de nosotras, a pesar de tu advertencia y de la lección contundente que le diste, y yo diría, generosa lección; no escarmentó y volvió a fastidiar en este lugar cuando ni siquiera es oficialmente una reclusa marcada y cuando su condena no pasa de un año de prisión, estimulando con sus berrinches aterrorizados el miedo de nosotras y no importándole.
-es verdad todo lo que dices, pero debo decir que es un castigo cruel el que eliges para ella, hay rencor en ti e ira, creo que te colgaré de las tetas, los rencorosos lo son debido principalmente a su egoísmo, eres egoísta, al fin y al cabo no dejas de ser una delincuente que sólo piensa en sí misma.
-en realidad, si pensara en mí misma elegiría el abismo para ella, así se acabarían sus molestos gemidos de una vez y para siempre, pero elijo la cruz ya que si la lanzas al abismo su carne se perderá, en cambio si muere arriba, colgada de los clavos, al morir se aprovechará su cuerpo y mis compañeras reclusas se verán beneficiadas con algo más de nutrición a sus escuálidas dietas de tal modo el sufrimiento de ella no sería en vano y en algo aliviaría el dolor de la demás.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, en verdad me sorprendes, tetona; si tu compañera es una zorra, tú eres una serpiente de la cual se debe uno cuidar, tu inteligencia es proverbial JAJAJAJAJA. Creo que has comprendido más que tu compañera el espíritu que gobierna "las entrañas". Custodios, desnuden a la gritona y que vuelva a la superficie y sea clavada en el acto a la cruz.

CONTINUARÁ.

miércoles 21 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 6).

Esta vez si, Claudia se extrañó de no sentir temor ni horror, tan sólo miró la escena de la chica siendo arrojada a lo insondable y se quedó como si nada extraordinario hubiera ocurrido; debía de estar enferma, sólo una enferma era tan indiferente; miró a las compañeras de la arrojada y se sintió plenamente identificada con la indiferencia de ellas ¿sería que ya estaba aprendiendo a comportarse como le corresponde a una perra condenada a "las entrañas"? si era así entonces aprendía muy rápido. Los sollozos malamente reprimidos de la histérica ahora le causaron desprecio, sólo un año de condena y se comportaba mal, ¿qué le quedaba a ella que estaba condenada a diez años? un castigo a la histérica le habría parecido bien merecido, el más humillante, el más degradante le habría producido placer; interesante sería comprobar la reacción de la mujer al anuncio de algo así, seguro se habría meado, jajajaja ¡ que divertido¡ con sorpresa comprobó que ya asumía sin culpa su condición de criatura despreciable, le serviría sin duda para soportar lo que se le venía, así todo sería más fácil.
Emprendieron marcha las tres mujeres por el laberinto de la galería; atrás quedaron las otras esperando el ascensor con sus cestos de mierda, el gordo iba delante y dos custodios atrás de ellas. Cada dos pasos dos argollas sobresalían de las paredes y cada cinco se veía una celda, todas estaban vacías y con sus rejas de metal abiertas. Las reclusas se encontraban en la superficie trabajando en el campo; cada tanto además, un pequeño foso (en el suelo) les obstaculizaba el paso, por lo que debían bordearlo; esos fosos eran también celdas; hay que decir que no había patrón común en diseño y tamaño, las había muy amplias, otras de techo curvado, unas estrechísimas como una tumba en donde una sola persona habría cabido con esfuerzo y apretujada, aquellas en donde se percibía claramente que a gatas se entraba o en donde sólo era posible permanecer con la espalda curvada y las piernas encogidas. Las celdas estaban esculpidas en la roca y mal olían.
Los sollozos de la mujer histérica causaban una sonrisa en los custodios, aunque no parecían tener ánimo de castigarla. Caminaban y caminaban y no encontraban más que penumbra y un calor que, si bien era similar al del desierto que estaba en la superficie, se sentía más sofocante debido al enrarecimiento del aire. Claudia vio que las ropas de sus compañeras y de los custodios estaban mojadas, se miró las suyas y comprobó que también lo estaban, se tocó entonces la frente y se dio cuenta que empapaba en sudor. Los sollozos histéricos se detuvieron de improviso y Claudia, que venía con la vista pegada al suelo, levantó la cabeza y se tropezó con la visión de una prisionera que se encontraba parada en un costado del camino; les daba la espalda, la que estaba cruzada por marcas frescas y rojizas de latigazos en nalgas y piernas, su nuca echada hacia atrás permitía apreciar plenamente su cabeza rapada brillante de transpiración; unos grilletes en los tobillos le mantenían las piernas juntas y otros en sus muñecas con los brazos cruzados por detrás. Se quejaba y parecía respirar con dificultad, lo que era efecto de tener su lengua atravesada por un fino anzuelo metálico unido a una de las argollas que pendían de la pared por sobre su cabeza; su lengua fuera de la boca se mantenía estirada al máximo y la chica debía hacer un esfuerzo continuo por permanecer en puntas de pies si no quería desgarrarse la lengua; las lágrimas le corrían por las mejillas y una abundante baba le chorreaba de su boca sin poder evitarlo. El gordo, volteándose hacia sus conducidas, dijo:

-Colgada de la lengua por hablar demasiado, JAJAJAJAJAJAJA ¿qué les parece, recién llegadas? un tratamiento que no falla; hace una hora dejamos aquí a la reclusa 1009 y ya no da más, estará tres días allí, sin comer ni beber, no dormirá demasiado cómoda, JAJAJAJAJA, pero no debe reclamarnos ya que quedará exenta de trabajar en las extenuantes jornadas del campo, YA VEN, NO SOMOS TAN DESCONSIDERADOS, JAJAJAJAJAJA.

La risa del gordo fue coreada por los otros custodios y ya la histérica estalló en un berrinche; se comenzó a dar golpes ella misma en la cabeza y a rasgar sus vestiduras. El gordo la miró serio y la que acompañaba a la gritona padeció terror al recordar que un error de una reclusa era pagado por la compañera de al lado. A Claudia nada le pasó y no sintió miedo. El gordo tomó a la histérica por el cabello y principió una lluvia de cachetadas en la cara las que no eran suficientes para acallarla, por lo que un fuerte puñetazo en el abdomen dio cuenta de su algarabía; cayó al suelo aturdida y sin aire en los pulmones, abriendo al extremo sus ojos y boca tratando de recuperar el aliento. Mientras la histérica aún boqueaba en el suelo, el gordo hizo ademán de dirigirse a las demás; Claudia se dijo, este es el final, anunciará mi fin o el fin de nosotras dos, y todo por culpa de esa, pero mejor así, no temo.

-amigas mías, ustedes han sido testigos de que he explicado a su compañera la regla según la cual el error de una es pagado por las demás o por la que está al lado, ello para estimular la solidaridad y buenos sentimientos generosos en las delincuentes cuyo defecto radica precisamente en su egoísmo malsano; pero veo que esta prisionera no tiene remedio alguno, es muy egoísta y no le merece importancia la vida de su prójimo, el comportamiento que ella acaba de tener debería ser pagado por ustedes dos pero, por otro lado, soy un hombre justo y no puedo amparar una iniquidad como esa, menos viniendo de una mujer egoísta a la cual ya antes se le había explicado el sistema de sanciones y que ya había enviado al castigo a una compañera. Recuerden que le di una oportunidad de arrepentirse y cambiar de lugar con la que quedó colgada de tetas allá arriba, ustedes son testigos, nada invento, no pueden reprocharme; pero debo observar reglas a cabalidad y una infracción ha de ser pagada siempre, es menester que así sea para mantener los equilibrios de "Las entrañas del dolor" por lo que les daré a elegir a ustedes entre tres alternativas, lo que ustedes elijan eso cumpliré, lo prometo y sólo de ustedes dependerá lo que ha de suceder, mas cuando elijan una alternativa han de darme un buen fundamento, debe ser convincente y de acuerdo al espíritu de lo que se pretende inculcar en este recinto de dolor y castigo; recuerden, deben convencerme y yo ejecutaré lo que decidan, JAJAJAJAJAJA, NO pueden decir que en este lugar no hay diversión, JAJAJAJAJAJA.
CONTINUARÁ.

miércoles 14 de octubre de 2009

CONDENADA ( Parte 5).

El ascensor se detuvo; habían llegado a la última galería. Un laberinto estrecho se prolongaba hacia el interior; en las paredes había una antorcha cada diez pasos de modo que siempre la penumbra era la que reinaba. Los recibió un custodio viejo y barbado; sus ojos le parecieron tristes a Claudia, supuso que él tampoco era feliz en "Las entrañas del dolor" y que pocas eran sus salidas a la superficie. En la entrada había otra de esas ruedas de ventilación, aunque de menor tamaño que aquella de la superficie; la prisionera que le daba vida tenía un cuerpo que parecía de bronce; brillaba y el sudor del esfuerzo le daba un aspecto armónico, como de estatua, era el efecto de la escasa luz de las antorchas. El gordo hizo ademán de que les iba a hablar algo y requería atención.

-Bienvenidas a "Las entrañas del dolor". Han sido condenadas a este lugar para que sufran, sólo eso deben saber. Se llama "entrañas" porque es ahí donde estamos, en las entrañas de la tierra y porque experimentarán lo más profundo que puedan conocer en cuanto a sufrimiento. Ustedes sólo son "cosas", ya no tienen nombres, nuestro capricho las gobierna y tenemos licencia para todo, menos para que disfruten. Las reglas se les irán enseñando a medida que pasen los días aunque, ya saben, no hay más reglas que nuestro arbitrio. Cuando necesitemos que aprendan algo se lo haremos saber y seguramente recibirán algún castigo para que de inmediato se les quede grabado a fuego en sus cabezas.

Casi no había terminado de decir lo anterior cuando, de pronto, aparecieron fantasmalmente tres prisioneras venidas desde el interior de la galería, cada una con un cesto sobre la cabeza y las manos manchadas con algo oscuro. Al acercarse las mujeres percibieron que olían a mierda; llevaban en los cestos mojones de excremento y las manchas de sus manos ciertamente correspondían a eso.
Se detuvieron cabizbajas al borde del abismo y esperaron el ascensor.

-Miren, recién llegadas, estas perras que nos salen a recibir y que pronto serán sus compañeras, llevan su propia mierda hasta la superficie, la que servirá para abono de nuestros campos. Esta es una de las labores diarias que deberán realizar, es decir, limpiar sus propias celdas de sus mismas heces, lo deben hacer con sus manos; demás está decir que no hay retretes en las celdas. Esta labor es fundamental y si no la hacen serán duramente castigadas. A estas que ven aquí se les juntó mierda ya que debieron estar encerradas por una semana; una de ellas fue la que motivó esa sanción ya que vomitó encima de uno de los custodios, por eso se les castigó a todas, las tres debieron estar encerradas sin ver la luz del sol.

El gordo se acercó a una de las chicas y la tomó del brazo con fuerza lo que hizo que la cesta de mierda se cayera.

-Esta es la perra regurgitadora de la que les hablo. Ya les dije que nuestro capricho es el que gobierna la prisión y que no deben esperar nada; serán testigos de nuestra arbitrariedad para que no lo olviden jamás.

En el acto la chica fue levantada con toda facilidad por el gordo, la tomó en sus brazos, ella no decía nada ni tampoco protestaba; se acercó al borde del pozo y la arrojó al abismo oscuro sin más. La joven lanzó un grito espantoso y no dejó de hacerlo mientras caía. En vano, Claudia esperó escuchar el golpe de su llegada al fondo, mas no se oyó nada y su grito simplemente fue alejándose paulatinamente hasta desaparecer. Las otras chicas con sus cestos sobre la cabeza, se quedaron estáticas, sin chistar y esperando su ascensor como si nada hubiera pasado. Las compañeras de Claudia abrieron los ojos muy grandes y horrorizados y la histérica de antes comenzó nuevamente sus chillidos y temblores; lanzaba hipos y su respiración parecía irse a ratos.
CONTINUARÁ.

miércoles 7 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 4).

El cuerpo desnudo y colgado de los pechos quedó atrás meciéndose; Claudia lo miró por última vez antes de llegar a la entrada de "las entrañas", se oían los quejidos inútiles de la mujer, luego se volvió hacia la otra por cuya causa había ocurrido esa desgracia; esta no dejaba de derramar lágrimas de remordimiento, mas ahogaba sus sollozos. Claudia no se habría sentido culpable, claro, es cierto que el ataque histérico no le habría ocurrido a ella porque encontraba que su mente y su espíritu estaban tranquilos y resignados, esperando en cualquier momento una muerte violenta y dolorosa, pero si hubiera sido el caso ella no se habría sentido culpable; ahora tenía licencia para no temer a nada, tampoco a la culpa, ya era una condenada y en el infierno todo está permitido, a los custodios cometer arbitrariedades y a las condenadas comportarse como viles criaturas; razonó que una actitud digna no sólo era fuera de lugar sino además ridícula y chistosa.
Llegaron finalmente a la entrada de "Las entrañas del dolor"; una torre de vigilancia plantada al lado de la entrada, la custodiaba. En realidad no había puertas, la entrada era un hoyo en el suelo, un pozo profundo y de gran diámetro a través del cual se bajaba por un ascensor accionado por un sistema de poleas y controlado por un custodio. Una gran rueda de madera, algo así como un cilindro gigante, se movía permanentemente por el continuo caminar de una condenada similar a como lo hace un ratón en una jaula; una cadena partía de su cuello y su cuerpo, desnudo y quemado por el sol, brillaba de sudor; su rostro revelaba un profundo cansancio y cuando disminuía la velocidad era estimulada por el azote de un custodio. A pesar de que las mujeres ya habían visto a las crucificadas absolutamente desnudas, se impresionaron al ver a esta prisionera, anuncio de la vida que les esperaba de ahora en adelante. La espalda de la mujer estaba atravesada por las marcas de los latigazos y se veían numerosas cicatrices en todo el cuerpo; su frente marcada como ganado lo mismo una nalga; sus pezones atravesados por aros al igual que su nariz. Jamás se borrará la marca de su frente y lo mismo me harán a mí, pensó Claudia, eso era definitivo, aunque lograra salir de ese lugar con vida, esa marca la delataría como una ex-reclusa de "Las entrañas del dolor" y el desprecio siempre la perseguiría por siempre, pero claro estaba que no saldría jamás de allí.
La chica de la rueda se veía muy enjuta y magra, de contextura fina, pero sus piernas eran notoriamente musculosas y gruesas, ello advirtió a Claudia que el caminar en la rueda era su trabajo de todos los días. La rueda era el mecanismo que accionaba la ventilación del penal; había otras más en cada una de las galerías que se repetían conforme se bajaba y siempre una condenada era la encargada de mantenerlas funcionando, día y noche, sin parar, en dos turnos de 12 horas; era uno de los trabajos más duros ya que no tenía descansos intermedios como en el campo.
La mujer de la rueda provocó una suerte de vergüenza ajena en el grupo y horror de saber que ellas también serían rapadas de cabeza, marcadas y atravesadas con aros como si fueran reses. Se detuvieron a esperar el ascensor mientras miraban a la caminante.
Claudia vio que el pozo era oscuro; ese sería su hogar de ahora en adelante, nunca más la comodidad, nunca más la higiene ni la tranquilidad; sólo la oscuridad y la nada, sólo el dolor. Detectó en sí misma una ansiedad por comenzar ya, de una vez, su nueva vida de condenada, lo deseaba, lo estaba asumiendo.
Apenas el ascensor comenzó su descenso, el aire se enrareció al instante y un olor fuerte y desagradable se hizo sentir; todas las mujeres arrugaron sus narices, salvo Claudia que ya se esperaba algo así. Bajaban y bajaban y la luz se iba quedando atrás en un círculo que se veía cada vez más pequeño arriba de sus cabezas. Abajo, un pálido resplandor de antorchas anunciaba las galerías. Pasaron el primer piso de la primera galería, pero no se detuvieron y siguieron bajando, llegaron al segundo y continuaron, así pasaron 8 de ellas y cada vez el aire era más escaso y maloliente, en una mezcla de mierda, sudor, humedad, pudrición y minerales. Las llevaban al último piso, el más profundo y oscuro. Algunos alaridos y quejas seguidos de las voces masculinas de los custodios se escuchaban al pasar por la entrada de las galerías. La mujer que antes se había comportado histéricamente ahora venía aumentando su llanto otra vez, pero hacía esfuerzos ingentes por contenerlos o ahogarlos. CONTINUARÁ.

jueves 1 de octubre de 2009

CONDENADA (Parte 3 ).

Cuatro vigas de madera se alzaban ante ellas seguidas de tres cruces de las que colgaban unas prisioneras; sus cuerpos absolutamente desnudos chorreaban de hilos de sangre que provenían de sus muñecas las que estaban fijadas al madero travesaño por clavos; sus pies también se cubrían de espesa sangre ya que, al igual que las muñecas, eran atravesados por enormes clavijas de metal; sus cabezas afeitadas brillaban con el resplandor solar. Dos tenían su rostro inclinado y los ojos cerrados y la otra se agitaba y quejaba como si le costara respirar; su pecho subía y bajaba con desesperación -piedad, piedad- decía, -agua por favor- . Las que parecían desmayadas presentaban una delgadez impresionante; sus costillas podían fácilmente contarse; a Claudia se le ocurrió pensar que ello se debía a que precisamente esas dos, llevaban un tiempo largo recluidas; la otra se veía bien alimentada y de hecho su abdomen era algo prominente lo mismo que sus tetas; esto último no dejó de llamar la atención de Claudia ya que se sintió proyectada en esa mujer crucificada; sus cuerpos eran similares (Claudia era tetona y algo regordeta) ciertamente era nueva en "las entrañas" y eso significaba que bien podía ser ella la que terminara así o este era un aviso premonitorio del futuro que se le avecinaba. Aunque se impresionó de ver el suplicio de las mujeres no tuvo miedo, no se dejaba de preguntar las razones de ello y sabía que no era valentía. Una de sus compañeras, una mujer delgada y de cabello negrísimo, al ver a las tres crucificadas estalló en llanto lanzando gritos agudos y desesperados; sus manos temblaban y no podía contenerse. Los custodios rieron ante la impresión de ella y el gordo habló.

-prisioneras, esto será lo que les sucederá si no son obedientes, JAJAJAJAJAJA.

Los otros custodios siguieron riendo maliciosamente y entonces la mujer que había empezado a llorar se echó a correr en dirección al desierto arrastrando consigo a sus compañeras que estaban unidas a ella a través de la cadena en la argolla del cuello. Debido al tirón que frenó su carrera, cayó de espaldas e hizo caer a todas las demás. Los custodios carcajearon de buena gana y recogieron a la histérica; el gordo la tomó fuertemente del brazo y le dijo,

-con el ejemplo aprenderás y te aseguro que serás una reclusa modelo ya que te daré una lección que no olvidarás. La lección está dada por el ejemplo ¿me entiendes? el ejemplo.
-PIEDAD, SEÑOR, PIEDAD, ENTIENDO, ENTIENDO, SE LO QUE QUIERES HACERME, PERO TE PIDO PIEDAD, NO LO VOLVERÉ A HACER, NO ME CRUCIFIQUES, POR FAVOR NO QUIERO MORIR ASÍ, TAN SÓLO HE SIDO CONDENADA A UN AÑO, POR FAVOR.
-JAJAJAJAJA, veo que comprendes rápido las cosas, mejor así, ya que esta lección jamás se te borrará.
-NOOOO, NO, NO QUIERO SER CRUCIFICADA.

La mujer chillaba desesperada pero no podía moverse un ápice, el gordo era un hombre muy fuerte.

-calma, mujer, te dije que es sólo una lección para que veas como funcionan las cosas en "las entrañas". Si una perra se equivoca se le alecciona y se le da un ejemplo que es un castigo físico a la compañera que tiene a su lado.

La histérica calló de pronto y todos miraron a la condenada que estaba a su lado; era una mujer de busto prominente. Rápidamente, los otros dos custodios desengrillaron a esta y le quitaron la argolla del cuello, la desnudaron completamente y ya la gritona fue esta otra mujer que trató en vano de protestar y zafarse de lo que se le venía.

-NOO, LA CRUZ NOOOOO, ES INJUSTO, NO PUEDEN HACERME ESTO, YO NO HE HECHO NADA.
-JAJAJAJAJAJAJA. No, perra, no tendrás cruz, aprovecharemos esas ubres que tienes; son demasiado “pequeñas” para nuestro gusto y te haremos un tratamiento para agrandártelas todavía más, JAJAJAJA.

La anterior histérica se quedó mirando callada y estupefacta la escena, mientras le corrían gruesas lágrimas a través de las mejillas. Claudia se preguntó qué le iban a hacer, ya que la cruz no era lo anunciado; esta mujer también poseía grandes tetas y nuevamente Claudia se sintió identificada y proyectada; perfectamente podría haber sido ella si hubiera estado encadenada al lado de la gritona histérica, mas tuvo suerte ¿suerte? que rara sonaba esa palabra en el infierno, casi divertida. Quiso reír pero se contuvo, pensó en que era cruel al querer reírse, pero ella no se mofaba de ninguna de las dos mujeres, más bien le provocaba hilaridad la situación, su propia situación de estar pensando como si viviera una vida normal y de ciudadana decente, ella ya no podía pensar como una ciudadana libre, era una condenada, es decir una cosa sin vida, tan sólo un objeto animado.
La mujer fue atada de manos por detrás de la espalda y luego de pies, a la altura de los tobillos; el gordo y los otros le sobajeaban los voluminosos pechos de manera grosera y desvergonzada; ella se retorcía con frenesí y lloraba con profusión.

-AAAAH, PERRA, ERES UNA PERRA, YA VERÁS, QUEDARÁS BONITA Y TETONA, JAJAJAJAJA. Espero que resistas.

La mano del gordo agarró brutal la punta de un pecho y lo estiró mientras otro le comenzó a poner alrededor de él una cuerda, luego estrangularon salvajemente; la teta quedó convertida en una especie de globo a punto de estallar; acto seguido hicieron lo mismo con el otro pecho; así, con las tetas atadas, la comenzaron a suspender en el aire paulatinamente desde una de las vigas; sus pies atados se fueron despegando del suelo y ella gritó esta vez con verdadera convicción. El látigo del gordo comenzó a caer sobre el cuerpo colgado haciendo que este se balanceara provocando aún más dolor y desesperación en la pobre mujer. Los golpes llegaban a cada rincón y dejaban una marca rojiza de la que manaba, de a poco, gotitas de sangre. El dolor de los golpes hacía que la mujer se retorciera tratando de escapar de él, mas al retorcerse se provocaba más dolor aún por estar colgada y soportando sus nobles pechos todo el peso de su cuerpo. Ante tanta crueldad, la anterior condenada se arrojó a los pies del gordo y le imploró piedad para su compañera.

-SEÑOR, PIEDAD PARA ELLA, HA SIDO MI CULPA, YA APRENDÍ LA LECCIÓN, ME CONTROLARÉ EN LO SUCESIVO, POR FAVOR TE PIDO QUE TE DETENGAS, NUNCA MÁS VOLVERÉ A COMPORTARME ASÍ.

El gordo se detuvo en la azotaína y le contestó,

-de modo que reconoces la culpa.
-así es, señor.
-veo , y veo también que te nacen sentimientos generosos; al parecer la cárcel ya ha suscitado en tí un efecto benéfico, las delincuentes también pueden tener nobles sentimientos ¿me equivoco?.
- no, señor.
- te reconoces culpable y generosa a la vez ¿es eso lo que pretendes decirme.

-si, señor, es eso.
- si es así, entonces deberás sufrir este castigo también ya que eres culpable y generosa. Te cambiaremos por ella ¿qué te parece?.

La mujer miró pálida al gordo y nada dijo.

- si así lo deseas bajaremos a esta y entonces tú deberás ocupar su lugar y quedarás tres días colgada sin comer ni beber, al cabo de los cuales te bajaremos; con suerte vivirás y te quedarán unas largas tetas o tal vez no te quede ninguna, jajajajaja, aunque te anuncio que debido a tu poco busto no eres para esto, las tetonas resisten mucho más, te lo digo yo que me lo paso colgando perras tetonas, jajajajajajaja.

Al decir aquello, el gordo, miró involuntariamente el busto de Claudia.

-¿qué me dices? tú eliges, tú o ella, vamos, dime ahora o sino las cuelgo a todas.

Mejor así, se acaba esto de una vez, se dijo mentalmente Claudia que ya se imaginó colgando bajo el sol.
La mujer seguía callada ante lo cual el gordo la agarró del cabello y le volvió a repetir la pregunta.

-¿TÚ O ELLA? .
-no quiero ser colgada, señor.
-JAJAJAJA, ESTA BIEN, de modo que eliges que tu amiga se quede colgada. Te reconoces culpable, mas no generosa, eres una egoísta como todas las delincuentes; vamos, dilo, di que eres egoísta, di o te cuelgo a ti también.
-soy culpable y egoísta, señor.

-JAJAJAJAJA, LO SABÍA. Como te dije antes, esta será una lección que no olvidarás en tu vida, lo hago por tu bien y ahora incorpórate a la fila de las perras.

La mujer se levantó cabizbaja y llorosa se puso junto a las otras.El gordo continuó azotando a la colgada por un rato y luego la dejó desmayada bajo el sol. CONTINUARÁ.

miércoles 23 de septiembre de 2009

CONDENADA (Parte 2).

Una vez fuera del palacio de los tribunales, el guardia que la llevaba la entregó a otro el que la colocó en una fila de mujeres, todas condenadas y unidas por una cadena que pasaba por la argolla que cada una llevaba al cuello. De inmediato serían trasladadas a "Las entrañas del dolor". Se procuraba evitar que se vieran condenados caminando por las calles de la ciudad de modo que los dos jinetes que las conducían aceleraron el paso hasta que las mujeres hubieron de trotar para seguirlos.
"Las entrañas del dolor" estaba ubicada a las afueras de la ciudad, a media hora de camino debajo del desierto implacable. El penal estaba constituido por una serie de largas galerías subterráneas que se extendían muy profundas en el interior de la tierra, antiguas minas que habían sido adaptadas como prisiones. En la roca viva se habían esculpido minúsculas celdas en donde eran encerradas las prisioneras; poca era la luz que proporcionaban las antorchas y poca también la salubridad, de hecho el subterráneo apestaba a un extraño olor y la ventilación no era de las mejores. Las condenadas no estaban privadas de ver el sol ya que debían ser sacadas a la superficie para trabajar los campos lo que se hacía desde el alba hasta el crepúsculo; el trabajo era duro, pero las reclusas lo preferían a estar encerradas en la pestilencia ya que, aparte de la insalubridad, el interior de la prisión era escenario de aberraciones y crueldades hacia aquellas que se quedaban dentro. No todas eran sacadas a trabajar y dicho favor era objeto de disputas entre las reclusas y diversión para los custodios, estos (que eran hombres) también eran prisioneros de "las entrañas" ya que vivían allí y estaban ligados de por vida a ese lugar y ocupación, era un trabajo considerado miserable y despreciado; en compensación ellos tenían derecho sobre las prisioneras para hacer todo lo que su capricho les dictara sin más límite que el no permitir que se fugaran: podían violar, tomar la mujer que quisieran, golpearlas sin más motivo que su arbitrio, torturarlas e incluso matarlas. Como las mujeres ya no eran ciudadanas sino "cosas" no poseían ningún derecho; parte de esto les fue explicado a las condenadas por uno de los guardias antes de penetrar en el terreno que era considerado el límite de la prisión; a partir de allí serían entregadas a los custodios de "las entrañas". Claudia no temía a estos guardias, sólo hacían su trabajo con bastante indiferencia y se notaba que deseaban entregarlas y largarse a la ciudad. Por un instante pensó que eran muchachos atractivos y con cuerpos bien formados, pero esa luz de vida se apagó de inmediato dejándole un sabor amargo; ella ya no debía pensar en eso, eso quedaba para las mujeres que aún vivían, ella estaba muerta, una muerta caminando. Se sentía triste, pero a pesar de que los horrores anunciados estaban próximos, no había inquietud. Esa tranquilidad se le hacía sospechosa como si alguien la estuviera engañando; se inventó entonces una explicación: ella estaba tranquila porque los muertos están muertos y ya no temen, luego, los muertos son libres, a ella nada le podía afectar.
Debieron esperar bajo el sol a que llegaran los custodios de la prisión para conducirlas al subterráneo. Había tres mujeres más; eran de piel morena casi canela, sólo Claudia tenía la piel blanca; pensó que ellas estarían mejor adaptadas para el trabajo del campo en razón de su color y ella a la vida oscura de abajo. Era la más joven de las cuatro, las otras ya habían pasado de los 30 o eso creía; había una de cuerpo curvilíneo y con senos abultados, casi tan grandes como los de ella; las otras dos eran delgadas y finas al contrario de Claudia más bien rellena y de un prominente busto y trasero. Se avergonzó un poco porque consideró que su vestuario era más elegante que el de las otras y eso le podría jugar en contra; era curioso pensar así ya que en la vida de la ciudad siempre destacaba por su buen vestir y era la envidia de las demás mujeres, el vestuario era algo primordial en la vida social para una mujer de su categoría; ahora el vestuario también parecía tener importancia pero era al revés, ambicionaba verse más raída y sin gracia. Miró alrededor y vio la lejanía del horizonte, toda una planicie amarilla y polvorienta que se prolongaba hasta algún punto que no alcanzaba a visualizar. Ella ya había muerto y había sido enviada al infierno, eso era lo que pasaba, esto no podía compararse con una pesadilla ya que de las pesadillas una se podía escapar despertando, acá no había retorno, por eso estaba muerta, muerta, muerta, muerta, se repetía a si misma.
Un hombre gordo y bronceado llegó acompañado de otros dos. Vestían una tela liviana y llevaban al cinto una espada cada uno, el hombre gordo portaba además un látigo; venían a pie. El guardia a cargo le dijo algo al oído al gordo y le extendió el extremo de la cadena que unía a las prisioneras, acto seguido los guardias se marcharon. Siguieron esperando bajo el sol, hasta que los guardias se perdieron de vista, cuando esto hubo ocurrido el gordo sonrió y emprendieron la marcha. Los custodios que acompañaban al gordo no decían nada y las mujeres los seguían sometidas, resignadas y mudas. A unos cincuenta pasos se veía una especie de promontorio, en la cima del cual un centinela observaba arrobado el horizonte; cuando llegaron cerca de él, Claudia pensó que los custodios no eran tan terribles ya que le pareció que el centinela estaba distraído y su cara hasta aparentaba bondad. Bordearon el promontorio y al completar la vuelta vieron detrás de él algo inesperado.
CONTINUARÁ.

martes 15 de septiembre de 2009

CONDENADA.

Cuando Claudia escuchó su sentencia le pareció que esta hacía referencia a otra persona con su mismo nombre, simplemente era imposible que ella hubiera sido la condenada a diez años de prisión en "Las entrañas del dolor"; era como un sueño, algo irreal e inverosímil. Se demoró en tomar consciencia de lo que la lectura del juez significaba para ella y para el resto de su vida, en realidad esta ya había acabado.
Al ser retirada de frente del estrado y recién cuando el guardia le puso los grillos en las muñecas se percató de su situación y de la profunda desgracia en la que había caído. Ya no existía. Una mujer condenada a "Las entrañas del dolor" era borrada de la memoria de todos: amistades, familia, registros, ya nada quedaría de ella y de su paso por la sociedad. Nadie se acordaría y los que si se acordaran simularían no hacerlo ya que era mal visto revivir en la memoria a quien había manchado una parte de su vida y la de los demás.
La argolla en su cuello la sintió pesada en extremo y un sudor helado le recorrió el cuerpo, se puso pálida, la garganta se le secó y se paralizó por completo; sintió que pronto se desmayaría pero al instante recordó que al ser una condenada a prisión no tenía ni siquiera ese derecho; si se hubiera desvanecido, el guardia simplemente la habría arrastrado por el suelo tirando de la cadena ajustada por la argolla a su cuello sin la menor muestra de piedad la que, dicho sea de paso, también era mal vista cuando se trataba de condenadas a "Las entrañas del dolor". Unas diminutas gotas de orina alcanzaron a salir por su uretra, mas logró retener. Detrás de ella volvió a escuchar la voz del juez que terminaba de leer la sentencia de la otra acusada,

-condenada a un año en prisión en "Las entrañas del dolor".
-NOOOOO, NO, NO, POR FAVOR PIEDAD.

El abrupto grito de la otra acusada y su posterior llanto estremeció a todos los presentes a pesar de que esas demostraciones eran habituales ante el estrado. El ataque histérico de la mujer fue rápidamente sofocado con un puntazo que un guardia le dio en el abdomen con su garrote, luego se le colocaron los grillos y se le arrastró por el suelo hacia afuera. Claudia pensó que en justicia ese ataque de histeria le hubiera correspondido a ella ya que su pena era mucho más terrible(diez años de prisión). Las condenas a más de un año de prisión en "Las entrañas del dolor" hacían que a la condenada se le confiscaran los bienes, se le despojara de sus derechos de ciudadanía, transformándose en cosa, se le quitara su nombre, el que sería cambiado por un número y, una vez completado su periodo de reclusión, se le expulsara de la ciudad hacia las soledades del desierto más árido e inhabitable que se conocía, absolutamente desnuda y previo flagelo de cuarenta latigazos; nunca más podría volver desde su exilio el que no era más que un decir ya que si no moría producto de los azotes, terminaría devorada por los animales salvajes o las inclemencias del desierto en menos de una semana, sin hablar de los bandoleros en extremo malvados que merodeaban por el páramo. Si la condena era de menos de un año, al salir de prisión, les era devuelto el nombre y aunque sin derechos, se podía vivir siendo sirvienta o mendigando por las calles de la ciudad.
Claudia hubiera preferido la muerte, de hecho su tristeza fue tan grande que la deseó con todas sus fuerzas. Si tenía suerte, no pasaría de uno o dos años, no por nada la cárcel era llamada "Las entrañas del dolor"; se sometía a las internas a diarias torturas y humillaciones, absolutamente arbitrarias y si la población penal se excedía, simplemente se ejecutaba a las que sobraban, sin consideración alguna. Se sabía que era raro que alguien durara más de tres años en cautiverio."Las entrañas del dolor" se autoabastecía, es decir, las internas debían trabajar para poder comer en unos exiguos campos cultivados que producían algunas raquíticas hortalizas, además de unos cuantos árboles frutales. Cada cierto tiempo la dieta consistía en carne la cual era obtenida de las mismas internas que por una u otra razón morían o eran ejecutadas. Si llegaba a faltar la comida, simplemente las cautivas morían o se les mataba contribuyendo de este modo a la alimentación de sus compañeras. Como la prostitución estaba prohibida en la ciudad y el estado tenía el monopolio de dicha actividad económica, "Las entrañas del dolor" era la que proveía mujeres a este respecto, recibiendo el penal recursos por este concepto. Para los hombres condenados existía "Las entrañas de la pasión", pero este penal no tenía mayores problemas ya que las penas masculinas eran sólo de dos tipos: la ejecución en la cruz inmediatamente después de ser leída la sentencia condenatoria o la prisión por un término de siete días cada uno de los cuales era destinado a torturar salvajemente al condenado de modo que nadie o muy pocos lograban llegar vivos al día siete y si lo hacían quedaban irremediablemente lisiados. Esta diferencia para con los hombres se justificaba en consideración a que los delincuentes masculinos eran de mayor peligrosidad para la ciudad por lo que era más provechoso eliminarlos. De las mujeres, en cambio, podía extraerse algún beneficio. Claudia pensaba en todo esto cuando era tironeada por el guardia ¿cómo soportaría tanto sufrimiento? Iba con la cabeza inclinada, mirando el suelo; la levantó y vio que los transeúntes de la calle no la miraban y hacían como que no reparaban en ella, era lo usual; no lo hacían en consideración a ella para que no se avergonzara sino porque no era bien visto mirar a un condenado y la argolla en su cuello la delataba. La condenada era "cosa" y no merecía una mirada, si alguien lo hubiera hecho se le habría considerado tonto o inmaduro; los niños lo hacían, mas los niños nada temían aún y son por antonomasia seres libres.
Por un momento, Claudia, se dijo que si tenía 27 años (esa era su edad) saldría de "las entrañas " a los 37, pero de inmediato borró ese dejo de esperanza de su mente ya que no hacía bien tener esperanza y por lo demás era totalmente iluso esperar cumplir la totalidad de su condena; no se sabía de nadie que hubiera sobrevivido más de cuatro años. Cuando era pequeña había sido testigo de la liberación de una mujer después de haber estado 5 años en "Las entrañas del dolor", tenía 25 años y se encontraba muy desmejorada; presentaba cicatrices, estaba desdentada, con una delgadez extrema, escaso cabello y con una mirada funesta; a la salida de la ciudad se la había desnudado y azotado públicamente de manera brutal; se había desmayado antes de llegar al latigazo número 30; como no se movía, fue arrastrada por un jinete a caballo hasta unos cien pasos de los límites de la ciudad y dejada allí, bajo el sol, no se movió más y al día siguiente era posible observar a una bandada de buitres dándose un festín con su cadáver. No, ella no resistiría por demasiado tiempo.
CONTINUARÁ.

miércoles 9 de septiembre de 2009

AVERNO.

-¿Qué puedo hacer para ayudarte?
-"muéveme" un trabajito aquí en la biblioteca o en la bodega, cualquier cosa; puedo limpiar baños, atender gente, ordenar archivos, quitar el polvo.
-Ya, tráeme tu curriculum y referencias de otros trabajos.
-No tengo.
-¿cómo que no tienes? , no puede ser, todo el mundo tiene curriculum y referencias.
-pues, no tengo.
-no puede ser, algo habrás hecho de tu vida ¿qué has hecho?
-a ver, mmmm, a ver; una vez estuve en la universidad y estudié algo allí, hice mi practica pero no me gradué, algunos trabajos esporádicos y en los últimos años me lo he pasado en el infierno.
-¿qué te lo has pasado dónde?
-en el infierno.
-¿qué es eso del infierno?
-el lugar donde he estado, es terrible.
-¿si? ¿dónde queda?.
-es aquí mismo y en todo lugar.
-¿cómo? ¿cómo que en todo lugar? ¿acá estamos en el infierno? no entiendo.
-Mmmmmm, si, no me explico bien. Para que se entienda podríamos decir que el infierno es un estado de ánimo, un espacio físico y un espacio temporal.
-y ¿cómo llegaste allí? ¿quien te cagó? ¿alguien te envió ahí?.
-No, nadie me envió: uno solo se mete al infierno casi sin quererlo y después no se puede salir ¿cómo podría definirlo, mm? digamos que es un temor, un temor a perder.
-¿a perder? ¿a perder qué? .
-puede ser cualquier cosa; perder la vida, la dignidad, la libertad, la comida, la riqueza, la pobreza, el placer, el dolor, la seguridad, la incertidumbre, el amor; cualquier cosa, da lo mismo lo que sea, ese temor te hace entrar en el infierno. Lo más curioso es que una vez dentro, terminas por preferir el infierno, pero como nunca deja de ser infierno sufres igual y deseas siempre salir de allí.
-¿Por qué no sales de ese lugar? ¿te vigilan, hay alguien que lo impide?
-Hay guardias, carceleros, pero ellos son fácilmente eludibles. La primera línea es muy sencillo traspasarla, cuando ya lo has hecho, a veces necesitas un puente para cruzar el foso que rodea al infierno o que alguien al otro lado te ayude.
-¿y?
-No hay puente y no he visto a nadie del otro lado, la gente no se acerca a los infiernos, los rehuye; en el averno se está solo.
-aaaah ¿y ahora, estás en el infierno? .
-si, lo estoy, pero quiero salir, por eso vine para acá.
-Okey. Tráeme tu curriculum y consigue referencias, luego hablamos.
-pero no tengo.
-¿cómo que no tienes? algo debes haber hecho ¿qué has hecho? ¿algún estudio?
-recuerdo que alguna vez fui al colegio, a la universidad , tuve unos cuantos trabajos sin importancia y he estado en el averno últimamente.
-Averno ¿qué es eso?.
-Es un lugar lúgubre, un estado de ánimo, la soledad violenta, un poder inmovilizante, es el mundo entero que se te viene encima ......
-ya, ya, ya, está bien, ya me lo dijiste, lo se. “Inventa” un currículo, falsifica referencias y tráelas mañana; veré qué puedo hacer, pero no prometo nada. Me permito darte un consejo: véndate los ojos y tápate los oídos y nunca más se te ocurra quitártelos; es mejor así ......aaah, se me olvidaba, jamás hagas preguntas......se humilde.

viernes 28 de agosto de 2009

REINA Y CONDENADA.

Uno de los verdugos coloca la punta del clavo en el antebrazo, muy cerca de la muñeca, en ese preciso espacio entre los huesos cúbito y radio. El verdugo presiona hacia abajo y la clavija se hunde en la piel de la condenada. Mana algo de sangre y la mujer cierra los ojos y arruga la nariz en señal de dolor, un dolor pequeño y soportable, antesala minúscula de lo que se avecina. Cae el martillo y el clavo atraviesa la carne abriéndose paso hasta alcanzar la madera de debajo del brazo. Cinco serán en total los martillazos necesarios en la operación que realiza el verdugo y, por cada uno de los cinco agudos alaridos correspondientes, la mujer condenada recibe una fuerte bofetada en las mejillas de parte del asistente del verdugo clavador; al parecer le está prohibido gritar y debe ser castigada por eso también. Vuelve a repetirse lo mismo en el otro antebrazo y ya está la condenada con los brazos abiertos y fijos al patíbulo. Los verdugos se ponen de pie y se retiran un paso hacia atrás como para observar con perspectiva cómo va quedando su trabajo. La condenada acostada boca arriba, encima de la cruz, absolutamente desnuda, no para de sollozar.
Para la etapa siguiente es llamado un tercer hombre; la mujer es pequeña y delgada, bastante menuda, sin aparente fortaleza física, pero el entramado compacto de los tendones, nervios y huesos metartasianos de los pies ofrecerán su resistencia a la invasión de los clavos y se necesita de más brazos para sujetarla ya que el dolor que experimentará será 20 veces mayor a lo que sufrió cuando fueron clavados sus antebrazos. El pie de uno de los hombres se hunde con brutalidad en el bajo vientre de la condenada a fin de inmovilizar su pelvis mientras otro, utilizando el peso de su propio cuerpo, asegura las piernas a la altura de sus muslos. Una vez los tobillos fuertemente atados, el verdugo clavador no pierde más tiempo y con la mayor fuerza de que es capaz su brazo, deja caer los martillazos. Los primeros dos segundos que siguen a la penetración de los clavos, anuncian unos alaridos agudos y desgarradores, mas enseguida la mujer los ahoga como gritando hacia adentro, como perdiendo la respiración. Los dos hombres que la sujetan se ven en dificultades al principio pero son más fuertes y logran inmovilizar los involuntarios sobresaltos reflejos de ese pequeño cuerpo desnudo y sufriente; como contrapartida a esa represión y escape al dolor, la condenada suda helada y copiosamente, pone blanco los ojos y tiembla como si estuviera aterida. Cuando ya el verdugo principal ha terminado de clavar, los tres hombres miran su obra a medio terminar como apreciándola y para descansar ellos mismos y también dar tregua a la supliciada. Con rostros serios y atentos miran el cuerpo moreno de la mujer que no ha dejado en ningún instante la agitación, ni los estertores desesperados. Su tórax sube y baja convulso y lo mismo su abdomen. Los hombres parecen solemnes ante la visión, se diría hasta respetuosos y nada dicen, mas uno de ellos -el que dio los martillazos- parece sufrir un trance hipnótico; no pestañea y sus sienes comienzan a manar transpiración. Se fascina observando la sudorosa desnudez de la condenada y su atroz sufrimiento; su boca abierta anhelante de aire, la hondonada que se forma en sus axilas abiertas, sus pechos derramados hacia los lados, las costillas marcadas y el vellón negro de su sexo desnudo; sus muslos morenos le parecen insoportablemente bellos y deleitosos. Casi sin percatarse, la mano del hombre perturbado va hacia su propio sexo enhiesto y comienza a refregarlo. Sus compañeros trasladan ahora sus miradas ceñudas hacia él y quedan, por un instante, estupefactos antes de estallar en sonoras carcajadas, pero el masturbador parece no escucharlos ni verlos y no se detiene sino hasta eyacular.
Dos proyectiles de semen, blancos y viscosos, se precipitan encima de la condenada: uno cae sobre su nariz y el otro en el pecho; casi enseguida de este bombardeo, la mujer se mea producto de la fatiga. La visión del charco amarillo que se ha formado en el suelo redobla las risotadas de los otros hombres que se desternillan llevándose las manos a sus vientres. Ella quiere unirse a la fiesta y yo también voy- dice uno y acto seguido, descubriendo su pene, orina encima del rostro de la mujer que crucificarán.
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¡RINGGGGGGG¡, suena el despertador, son las 7 AM. La mujer despierta abruptamente, su mano izquierda está metida en su entrepierna y la derecha soba sus abultados pechos. Se sorprende al ver su camisón de dormir abierto. Al principio no entiende y la cabeza se le confunde por unos instantes. Soñaba y era tan real la imagen de pesadilla. Se da cuenta que su sexo está húmedo. Se sienta en la cama y se lleva los dedos embadurnados de sus jugos a su nariz; ahí está el olor a almizcle, a concha excitada, a zorra diría su hermano. Lo que más la impresiona, hasta casi avergonzarla, es descubrir que se ha estado masturbando mientras dormía; si, se ha calentado con ese sueño cruel y macabro. No puede ser, dice en voz alta y se cierra el camisón guardando otra vez su pesado busto. Había algo extraordinario en esa pesadilla -bueno, no podemos llamarla pesadilla considerando la excitación- lo extraordinario, aparte de la calentura, fue que ella observaba la escena de la mujer siendo clavada, como una espectadora, era una voyeur mirando desde afuera sin participar y sin embargo ella sabía que la condenada era ella misma y eso era precisamente la causa de su excitación. Había sido condenada a la crucifixión en ese sueño y eso ¿le gustaba?, pero no era ella y se recordaba claramente como espectadora. Nunca estuvo acostada de espaldas encima de la cruz cuando los clavos atravesaban la carne y los huesos, pero era ella y lo sabía bien. Ella era una mujer de piel blanca, rellenita, de busto y trasero grande, de curvas, sus tetas estaban coronadas con una gran areola, su entrepierna la llevaba afeitada, su cabello era liso y castaño y sus ojos hacían juego con él. No se parecía en nada a la crucificada; esta era de piel morena, delgada, parecía ser de menor estatura, sus ojos eran negros lo mismo su cabello azabache el cual era ondulado y muy largo, y el sexo estaba oscurecido por un matorral de vellos muy espeso y negro. Ella había estado presente como testigo en la crucifixión, pero sabía que de algún modo era "su propia crucifixión"; sintió un escalofrío al pensar esto y al mismo tiempo le cosquilleó el bajo vientre. Había sido como estar desdoblada observando su propia muerte. Tal vez sea un recuerdo de mis vidas pasadas, pensó, pero seguía intrigándole las sensaciones placenteras que le había provocado el sueño. Tengo una sensualidad-dad-dad; tengo una voluptuosidad-dad-dad masoquista, decía, remarcando con los labios y la lengua, la sílaba "dad"; sin darse cuenta sus dedos se habían posado otra vez encima del clítoris.
Se levantó, se desnudó y se metió bajo la ducha. No pudo evitarlo(no quiso evitarlo) y otra vez evocó el sueño de la condenada retorciendo su cuerpo ante los martillazos y el semen y la orina de esos bestiales hombres cayéndole encima.
-Yo soy esa, soy esa, soy la clavada, la humillada, la ultrajada y comenzó a restregarse el clítoris con furia como si fuera una posesa, mientras el agua tibia le corría por su cuerpo y abría su boca imaginando que el agua que tragaba era la orina y el moco blanco de esos sucios y brutales bárbaros. Al correrse gritó de placer al punto de derramar lágrimas, luego continuó bajo la lluvia unos minutos, sin moverse, sentada ya en el suelo. Mientras se maquillaba ante el espejo se lamentó de que la campana del reloj la sacara de su sueño sin dejarla terminar de presenciar la escena; había faltado la segunda etapa, el izamiento de la cruz con la condenada colgando de ella. Cuando ya estuvo lista salió rauda de su departamento rumbo al trabajo.
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¡Cuanto sufrimiento, cuanto dolor¡ en esto pensaba la condenada cuando habían terminado de clavarle en sus antebrazos. Sus brazos abiertos habían quedado fijos al patíbulo de madera. Era aterrorizante para ella pensar que aquello había sido sólo el inicio y lo más suave ante lo que se anunciaba. A continuación atravesarían sus delicados tobillos y romperían sus huesos -hasta ahora sólo habían taladrado su carne- Seguramente se cagaría de dolor como se sabía que pasaba con la mayoría de las crucificadas y todos verían cómo su mierda maloliente brotaría de sus entrañas y su desnudez y su humillación ¡que horrible¡ y no tenía sentido solicitar piedad, tan sólo le quedaba gritar y gritaría, y gritaría y lloraría más aún.
Cuando sus pies fueron claveteados, un sudor helado nacido de sus últimas vértebras subió por su espina hasta la cabeza, llegó a su frente y de allí se derramó por todo el cuerpo. Se supo untada de transpiración y no pudo lanzar el alarido que tenía atrapado en su garganta. Sentía que perdía el aliento. Se desesperó. En vano esperó el desmayo que no llegó y quedó en ese estado de suspensión donde todo el universo fue dolor y ella su juguete pequeño y sin importancia. En un momento abrió los ojos y vio que sus tres verdugos estaban observándola con seriedad; quería decirles algo pero no sabía qué, tal vez un ruego de piedad o puede que un insulto impotente. Tanto fue su padecimiento que pensó que lo que siguiera ya no le importaría así fuera más dolor y degradación y precisamente comenzó a percibir que sus esfínteres se soltarían de un momento a otro, cuando unas gotitas tibias que cayeron en su nariz y pecho ocuparon su atención. Le costó comprender que se trataba de la simiente blanca de uno de sus verdugos; vio, entremedio de su desfallecimiento, cómo los otros dos se burlaban, pero a ella ya no le importó toda esa crueldad; casi no se dio cuenta de que se había orinado, pero si volvió a reaccionar y a mortificarse cuando el chorro amarillo del meado del otro verdugo le salpicó en el rostro, entonces fue como si los dolores se reanimaran. Ella ahí, sufriendo y ellos riéndose a carcajadas ¡cómo podía ser¡ ¿por qué eran tan crueles? ¿por qué la vida era tan horriblemente injusta y tirana? mas otra vez volvió el sudor helado y entonces las voces de los hombres se alejaron como si de pronto se fueran ellos a kilómetros de distancia de ese lugar, luego, todo se oscureció.
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Se vio en un lugar extraño y totalmente desconocido, parecía ser una casa y se le ocurrió que ricamente amueblada aunque no sabía si ese juicio era exacto. Ante ella se encontraba una mujer en sus aposentos; de alguna manera supo que aquella mujer no la podía ver ni oír. Era una señora hermosa o a ella le parecía hermosa. Estaba semidesnuda con una túnica transparente pero tenía sus pechos descubiertos, estos eran muy grandes como los de una madre lechera y se le ocurrió que aquella señora debía de tener muchos críos; parecía bien alimentada y sana, su piel era muy blanca y tersa y su cabello lacio y sedoso. Vio que tenía la mirada puesta en el infinito y ¡OH¡ se estaba manoseando sus verguenzas y sus pechos; practicaba indecencias, tal vez fuera una mala mujer, pero después reflexionó, se dio cuenta que la señora se encontraba sola, es más, vivía sola en esa casa y algo le dijo que no tenía marido, tal vez fuera viuda ya que a juzgar por la edad que aparentaba no podía ser una doncella, luego pensó que la indecente era ella al espiar la intimidad de otra mujer. A pesar de la extraña situación sintió simpatía por esa mujer de abultados pechos, pero no sabía por qué.
La mujer extraña se levantó y caminó hacia otra habitación(ella la siguió), esta era un lugar muy limpio y parecía hecho de mármol. Esta mujer debía de ser una reina considerando los lujos entre los cuales vivía. Vio que se desnudaba y se introducía en una fuente de la que emanaban tibias aguas claras. Comenzó a bañarse. Su sexo estaba completamente depilado y lo mismo sus sobacos. Si, ella era una reina. Mientras le caía el agua sobre la cabeza, la mujer volvió a procurarse deleite haciendo indecencias, al parecer era una reina muy ardiente ya que cayó en un éxtasis que la hizo bufar y gemir como lo hacen los animales, luego se untó el cuerpo con espuma y volvió a quitársela con el agua que emanaba de la pared de al lado de la fuente. Salió de la fuente y se secó la piel con una manta de vivos colores para luego untarse el cuerpo con esencias muy olorosas y agradables. Se pintó los ojos y los labios como lo hacen las mujeres de mala vida - y también las reinas- y se vistió con extraños ropajes y se calzó con unas sandalias duras y estrechas; tomó un morral como de pellejo elaborado (muy lindo) y caminó hasta el portal; iba a salir de su palacio; ella la seguiría para saber donde iría, mas todo se oscureció.
Abrió los ojos y seguía acostada boca arriba sobre la cruz. Los verdugos se disponían ahora a izarla. Ella sabía que al quedar suspendida de los clavos sus dolores se multiplicarían en veinte veces a lo que ya había vivido, y no obstante tardaría muchas horas en morir, todos la verían en su suplicio humillante, pero ahora tenía un consuelo y acaso una esperanza. Cuando plantaran el poste de la cruz en el suelo, el primer remezón repercutiría en sus muñecas y pies taladrados y entonces si, se le soltarían los esfínteres y se cagaría por el dolor, mas ese dolor la transportaría otra vez a ese mundo extraño y entonces averiguaría a qué lugar se había dirigido la mujer de grandes pechos, la seguiría porque ella estaba cierta(y no sabía cómo es que lo estaba, pero eso no le importaba), cierta de que aquella extraña mujer era ella misma con otro cuerpo y otra vida, otra existencia en que era una elegante y extravagante reina que vivía sola en un su propio palacio .

sábado 22 de agosto de 2009

FELINO ROJO.

Los femeniles alaridos de aquellas mujeres torturadas con azotes o en el potro de estiramiento no salieron de mi cabeza en toda la noche, así como tampoco los movimientos de sus cuerpos desnudos y desesperados, se diría que yo también era un torturado al no poder conciliar el sueño, habría bastado una paja y listo, a dormir se ha dicho, mas no quería dejar de pensar en ellas las cautivas supliciadas y es que el sufrimiento (ficticio) de ellas me enamora, me hace arrobarme a mundos de sádicas fantasías románticas y es más poderoso que cualquier alucinógeno. No me canso de preguntarme la causa, el alfa y el omega de esas imágenes.
Le hablé de aquellas películas a Claudia, me dijo que no dejaría de verlas. Sospecho que a ella no le entusiasman tanto como a mí; ella me dice que no es así, que siempre ve ese tipo de filmes con avidez y que se excita con ellos, pero me parece que no es lo mismo (lo mismo que me sucede a mí). Siempre me queda la sospecha de que me lo dice tan sólo para complacerme; por lo demás reconozco que casi todas son películas hechas por hombres y para hombres, en donde se muestra el martirio de mujeres en descuidadamente arregladas y estéticas poses y movimientos. Si Claudia me dijera que su entusiasmo por ese tipo de cine es menor al mío, yo lo aceptaría y entendería, mas ella insiste en que me equivoco al tener esa duda respecto a ella.
Como ya dije, muchas de ellas son películas hechas por hombres y para hombres pero conozco el caso de una cineasta que hace ese tipo de filmes, se llama Camille Duka, actriz boliviano-francesa. Jamás he visto alguna película de la Duka, tan sólo un trailer. Su productora se llama "El felino rojo" (redfeline.com). En su página, Camille aclara que aunque de un carácter sado-erótico en sus filmes casi no aparecen penetraciones, ni escenas de sexo explícito; lo que en realidad quiere decir es que no aparecen penes erectos ni vaginas penetradas ya que no se trataría de pornografía, ella se empeña mucho en diferenciar su trabajo de lo porno.
El tema principal estaría dado por la crucifixión, de hecho siempre se trata de la crucifixión de una mujer; el cuerpo de la mujer y lo femenino es lo principal. La misma Camille confiesa tener esa inquietud a nivel personal y es ella la que protagoniza a la heroína sufriente en todas las películas; creo que hay otra actriz llamada Margot que la acompaña. Demás está decir que Camille y la dicha Margot son chicas muy atractivas y de hermoso y estilizado cuerpo. La cineasta pretende con su trabajo en este tema (que al parecer le obsesiona como a otro que conozco) hacer una reflexión y presentarlo como cine arte; con sus declaraciones no hace más que estimular mi morbo curioso. Claudia me dijo que eran películas extremadamente caras, de hecho las más caras que ella había visto en la red; me producen una gran curiosidad, si tuviera dinero pagaría por ver, soy voyeurista, lo confieso (y en extremo fetichista): por otro lado leí en un sitio un post de un sujeto que las catalogaba de filmes "extremadamente sádicos y masoquistas" y que le merecían la duda de si se trataba o no de flagelos reales los que él veía recibía la protagonista, al parecer eran reales según él.
Me encantaría traspasar mi entusiasmo a Claudia, lo he tratado de hacer de mil maneras, pero no me doy por satisfecho; aclaro que ella es sexualmente masoquista, muy masoquista, sin embargo hay ciertos detalles que creo no compartimos. Cuando Claudia lea este texto, me recriminará una vez más, dirá que coincidimos plenamente en nuestras inquietudes sadoeróticas ..pero bueno.
POST DATA: Me entero a última hora que Camille Duka ya no trabaja en Red Feline y que en realidad el cineasta es un tipo llamado Jan Jac aunque la niña Duka, si fue parte activa en muchas ideas que conformaron los primeros filmes del Felino rojo.
http://redfeline.com/vod/ En este link algunos traillers de las películas.

viernes 14 de agosto de 2009

CARRETERA.

Ruta hacia la costa, a la vera de la carretera hay una casa estilo cabaña, está debajo de unos árboles frondosos; al fondo se ven las siluetas de los cerros de la cordillera de la costa. Nadie o casi nadie, parece reparar en esa casa. La brisa que viene del mar siempre está refrescando el lugar. Cuando llega la noche la oscuridad lo invade todo; la luz eléctrica está lejos, la urbe también. La casa es solitaria, el entorno tranquilo. En este lugar nadie me encontrará, es un sitio que a nadie interesa, en alguna medida está fuera del tiempo. Vivo aquí, solitario. No siempre el generador tiene la batería cargada por lo que no siempre hay luz en la noche, entonces la radio guarda silencio; tampoco hay tele. En esas noches negras me siento en el umbral de la puerta y me quedo observando las luces de los autos que pasan raudos por la carretera. Desde los autos no se ve la cabaña, sólo el fondo negro de una noche rural. Me acompaño de un cigarrito y me siento a echar humo. Veo las luces de los autos detrás de ese humo; el humo es una cortina. Entre la cabaña y la carretera hay unos cien metros, no, doscientos, o tal vez trescientos, la verdad no se. Las gentes de los autos no se imaginan que desde la oscuridad alguien los mira. Los grillos cantan, el aroma a hierba llega a mis narices traído por el viento, inspiro y exhalo.

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Voy en el bus, me devuelvo a la ciudad, es la tarde; en unos minutos estará totalmente oscuro. Reclino mi cabeza a la derecha, la apoyo en el vidrio de la ventana. Pienso en ella dejada atrás con su carita de resignación, en su tristeza; pienso en que me podría devolver, bajarme en Cartagena, tomar un colectivo y llegar de noche a Isla Negra, darle la gran sorpresa; toc toc, aquí estoy ¿te devolviste, perro-salvaje? si, corazón, me devolví, acá estoy; abrazos, besos con lengua , manoseos, lo típico y etc.
El bus llega a Cartagena, hace su escala para recoger a más pasajeros, estoy a punto de bajarme, veo unos colectivos amarillos al lado del bus esperando; parecen decirme baja te llevamos a Isla negra de regreso. Me decido, me levanto del asiento, pero no, no puedo, es imposible, debo estar en la ciudad mañana temprano.
De seguro, después de que partí de Isla negra, ella se fue a sentar a los roqueríos para contemplar el ocaso; estaría allí llorando largo rato, pensando un montón de imágenes sombrías y desgastantes; ya desaparecido el sol estará caminando en medio de la oscuridad, lentamente, rumbo a la cabaña; no quiere llegar. Para hacer tiempo decide pasar por el minimarket a comprar una caja de vino, pero se acuerda que en la cabaña quedó bastante así que tiene lo suficiente para la noche, sólo compra cigarros. Llega a la cabaña y empieza tomar echada en la cama, bebe hasta que estalla el llanto; se acaba el llanto y se queda dormida.
El bus arranca, Cartagena queda atrás, ya no se ve la costa, tampoco los cerros ni los bosques. Por más que mire por la ventana la oscuridad lo inunda todo salvo las luces de los vehículos que van delante del bus. Aún me planteo el retorno; me digo que si se detiene más adelante entonces si que me bajo y vuelvo como sea a Isla negra, pero no, el bus ya no se detendrá. Sigo mirando por la ventanilla, Veo las luces de una cabaña a la orilla de la carretera ¿quien vivirá allí? son las únicas luces en medio de una boca de lobo de tinieblas; son unas luces agonizantes.Algo me dice que el que vive en aquella cabaña es un solitario que se sienta en el umbral de su puerta por las noches a observar las luces de los vehículos que transitan por la carretera; es un viejo delgado y de largas barbas. El solitario está fumando. Me gustaría también fumar en este instante, pero no tengo cigarrillos y no se puede fumar dentro de un bus.
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Me reclino perezoso en la silla, saco un cigarro y lo enciendo, me pongo a mirar la carretera; pienso que sigue siendo rico fumar cuando la noche está fría y hoy está fría. No pasan demasiados autos esta noche. Allá va un bus rumbo a la ciudad. Me imagino que algún tonto irá mirando por la ventana hacia afuera, tratando de ver algo en la oscuridad y sabiendo de antemano que nada verá, sólo unas luces agonizantes; sentirá el mirón alguna melancolía por lo dejado atrás que no lo dejará dormir en su viaje ¡ Bah¡ no hay como vivir aquí al borde de la carretera y fumar durante las noches frías.

sábado 8 de agosto de 2009

LA INTRUSA.

¿Quien está detrás de la pantalla del computador? Me conecto desde los PC del cyber que está cerca de mi guarida. Tal vez sea alguien de ese lugar el que me hace una jugarreta. Desde hace algún tiempo una persona anónima que se hace llamar "La Intrusa" ha estado enviando mensajes a mi correo; dice ser una mujer que sueña, que tiene fantasías como las que describo en los cuentos morbosos que siembro por la red y que a veces edito en mi blog. Aparece y desaparece cada cierto tiempo.
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Esperanza ¡que intrusa es la esperanza¡ esperanza viene de esperar ¿esperar qué? , ¿esperanza de qué? y es inevitable la esperanza, consustancial a la vida ¡Que intrusa, que metiche es la esperanza¡ . Esa chica anónima SPAM es una intrusa.
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Una de las cosas que me dice la intrusa es que me acecha durante todo el periplo que hago durante el día; a la salida y a la entrada de mi madriguera. La intrusa me vigila. Me pregunto ¿quien será la intrusa? repaso mentalmente todas mis amistades y conocidos (que no son muchos) cybernéticos y reales y no acierto a dar con su identidad. La intrusa sabe detalles de mi vida que sólo podría saber alguien que conozco, incluso está enterada de cosas que jamás le he confesado a nadie. A veces creo que es JOTA. Estuve tan cerca de JOTA, pero en realidad nunca supe quien era ella; parecía perversa, y me gustó por eso. Hasta en esa loca y efímera relación se metió la esperanza la que me impulsó a inventarme una imagen de ella y a creerla como si fuera cierta. Vestí a JOTA de víctima desamparada, de fémina dolorosa y la puse en el lugar en el que guardo mis fetiches íntimos, sin saber mayor cosa de ella. Debo aclarar que con JOTA tuvimos una relación. Era una relación extraña, ni siquiera relación cyber, de esas por chat, sino que epistolar; puros mails. Nunca la vi por fotos, ni ella a mí. De puros carteos huevones pasamos de "rompe y raja" a encontrarnos un día, en vivo, una cita a ciegas.Cuando la vi por primera vez me pareció fea, pero mis poderes obsesivos la embellecieron arbitrariamente. En honor a la verdad -hay que dar a JOTA lo que es de JOTA- no era fea, pero fue chocante saber que su aspecto no era como yo lo había imaginado; probablemente a ella le pasó lo mismo.Hay fuertes antecedentes que hacen improbable que la intrusa sea JOTA ¿Cómo puedo afirmar eso si nunca supe quien era realmente JOTA? es decir, supe muchas cosas de ella y de cómo era su personalidad, pero hubo áreas totalmente desconocidas. Cuando lo de JOTA pasó, un haz de luz llegó a mi mente y pensé que estaba padeciendo esquizofrenia y que JOTA era producto de mi imaginación, algún otro ente que convivía dentro de mi cabeza conmigo mismo y me hacía bromas pesadas y que todo lo acontecido: el carteo, los poemas, el encuentro en la cafetería, las nalgadas, el olor de su piel, el revolcón al aire libre y todo lo demás, no habían sido más que alucinaciones de mi mente febril. Pero todo había sido real, lo confirmé y tengo pruebas que lo certifican. Puede que ahora si sea el caso y que la intrusa no sea más que un espejismo.
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La intrusa volvió a dejar mensajes en mi bandeja de entrada. Me anuncia que pronto revelará su identidad, que tiene todo preparado para llevar a cabo las fantasías sadomasoquistas de mis historias, que será un juego riesgoso y que cuando yo sepa quien es ella, me gustará.¡que la sorpresa me gustará¡ jajajajajaja.Eso y lo demás está escrito de una manera como si la intrusa y yo nos conociéramos, pero no se parece a nadie; su redacción es rara, no tiene casi faltas de ortografía y las que tiene son ridículamente inverosímiles. Si la misteriosa es JOTA o alguien que conozco -real o cyber- entonces debo reconocer que esta mujer misterio se ha camuflado muy bien y disimulado muchas cosas ¡Que la sorpresa me gustará¡ No se si mi estado de ánimo actual, bastante devastado, permita entusiasmarme con supuestas sorpresas previamente anunciadas.
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La persona anónima que intrusea escribe semana por medio a fin de despertar mi ansiedad y volverme loco; logra su objetivo. Estamos en la semana en que no aparece. Sabe lo del abismo, sino lo sabe, lo supone, lo que no es muy difícil de hacer. Una de las personas que supo algo (tan sólo algo) del abismo fue JOTA. Ya dije que es una de las sospechosas con algunas probabilidades de culpabilidad. En su defensa debe mencionarse que su carácter, orgulloso y aristocrático no hace sentido con este tipo de juegos bobos y ociosos, pero por otro lado, Jota es perversa y morbosa, de hecho es nacida en el año de la rata (como yo), lo que la hace ser muy astuta, rencorosa, egocéntrica y narcisista, aún así, algo me dice que no es.Podría ser Claudia, siempre dispuesta jugar y fantasear, pero ahora ella está "en otra" volvió a ser la monja que un día fue, vive retirada y está en paz consigo misma . ¿Quien será? cuando lo descubra, tal vez lo cuente y escriba algo al respecto. Hasta pronto.

sábado 1 de agosto de 2009

PAJA INVERNAL.

No se con exactitud cuál es la fecha de hoy, pero si puedo asegurar que es una de las noches más frías del año; cero a 2 grados bajo cero se pronostica. Me preparo a taparme la cabeza con "chorrocientas" frazadas para después de que apague la luz, no para dormirme inmediatamente sino para pensar y pensar, imaginar fantasías y pajearme y calefaccionarme así el cuerpo y el espíritu debajo de las tapas en la oscuridad de mi cama.
Tengo la cabeza llena de perversas fantasías sadomasoquistas y de mujeres exacerbadamente tetonas; pero vamos por parte. No estoy debajo de las frazadas sino que la oscuridad ciega que me rodea pertenece al umbral de mazmorras subterráneas. Yo, siendo arrojado a ellas completamente empelotas; yo, descendiendo kilómetros hacia el interior de la tierra. Son cientos de galerías que funcionan como prisión y cámaras de torturas. Lúgubre y penumbroso panorama. Me reciben con latigazos las mujeres lagarto, fuertes y altas guardianas de esbelta y estilizada figura y de cola escamosa. Hay más condenados como yo que deben soportar humillaciones y castigos físicos al por mayor. Se me coloca una argolla de metal en el cuello, muñecas, tobillos y alrededor de mis genitales. Se me marca a fuego con un hierro candente en la espalda y no puedo reprimir un grito de dolor que me hace llorar. La mujer lagarto que me ha quemado se rie y burla de mi llanto, luego me hacen formar en una fila junto a los demás condenados. Es la misma figura de la mujer lagarto, tan llena de curvas, la que me excita e involuntariamente se me erecta el pene, pero a ella, al parecer, no le agrada esto y delante de los otros presos, y para humillarme, me ajusta más aun la argolla de metal alrededor de mis legumbres, extrangulándome los genitales y exacerbando la erección; acto seguido, la enorme lagarta me cuelga de cabeza y me anuncia que mientras mi pico no vuelva a reposar no dejará de darme latigazos; pero es imposible que el pene deje de estar erecto con la espantosa y dolorosa presión de la argolla por lo que estoy irremediablemente perdido.
Saco la cabeza fuera de las frazadas buscando aire y compruebo que la atmósfera de esta noche se ha puesto más gélida conforme avanza la noche, por lo que me vuelvo a sepultar.
Se me aparecen las tetas húngaras de Tundi Horvath, tan grandes, erguidas e imponentes. Un collar de perlas pende de su cuello y recorre sus pechos haciéndomela arrebatadora. Es tan bella esta mujer, es tanta la admiración y arrobamiento que me provoca su hermoso cuerpo que no logro imaginármela encadenada, azotada o torturada como siempre imagino a las mujeres lindas y sensuales; se vuelve una diosa en vida, una ídola impresionante ante la cual se me caen las babas, entonces me arrodillo desnudo ante ella, me humillo y arrastro como un gusano diciéndole, implorándole más bien, que me sentiría dichoso si ella me golpeara con un látigo.

Tundi se pasa su lengua por el labio superior, juega con su collar de perlas metiéndolo entremedio del abismo de sus dos enormes pechos antes de comenzar a vapulearme y todo eso es para que yo me derrita y ya no puedo más y empiezo a refregarme violento el pene usando toda la fuerza de los músculos de mi brazo y mano. Caen los lamidos cortantes del látigo y me hundo en la dicha amarga-dulce de esa paja furiosa; Tundi, Tundi, Tundi, bella húngara putona, mijita rica, preciosa, cosita, hermosa mujer, háceme mierda si eso te da tan sólo un segundo de dicha. Pero a pesar de la paja y de encontrarme sepultado por las cobijas no logro calentarme los pies y las manos en esta noche invernal; me las froto y me las froto nerviosamente sin ningún resultado.
Ciento veinte centímetros es la medida real del busto de Claudia, a veces es menos otras más pero siempre anda por ahí alrededor. Son unos pechos muy lindos, erguidos, duros, increíblemente duros y parados, como para no creerlo, un verdadero busto que hace que la palabra busto sea orgullosa y plena, que hace que un huevón como yo se vuelva loco. Me vienen los recuerdos. Claudia no fue sádica conmigo cuando estuvimos juntos, hubiera querido que lo fuera, haber sido sometido y azotado por ella, carácter no le falta para eso, pero no quiso, no pudo. Si no goza no me agradaría que lo hiciera tan sólo para complacerme ¡como me encantaría que gozara¡ que se mojara al verme gritar de dolor, al ver mis muecas de sufrimiento así como yo gozaba con las de ella cuando le daba de correazos en su propio cuerpo desnudo; el temblor de sus nalgas, el bamboleo de sus ubres cuando le caían los golpes y ella se queja, dice AY, AY y vuelve a decir ay, con esos ahogos de tetona ardiente, cierra apretadamente sus ojos y mi lengua de vicioso ya está afuera casi involuntariamente para lamer su rostro de mujer sufrida y abofeteada. Con sólo pensar en la palabra "cachetada" o "bofetada" la erección del pico se me vuelve a recrudecer, con sólo recordar cuando la Claudia me confesó que le gustaba, que se le humedecía la concha con las cachetadas en el rostro, mi glande comienza a segregar viscosidad y ya derramo sobre mis palmas frías que sienten ese líquido caliente tratando de que no se manche la cama y ahora se me hace el poto tener que levantarme para ir al baño a lavarme con este frío endemoniado, pero debo tener coraje ¡vamos¡ a caminar por el piso helado hasta el baño.

viernes 24 de julio de 2009

ESTA SENSACIÓN DE EXTRANJERÍA..

Esta sensación de extranjería ¿es una psicopatía? tal vez yo no sea un tipo tan interesante como pensé. Tengo las manos, y sobre todo los dedos, helados, tan helados que casi no los siento y se me dificulta enormemente el escribir. Me gustaría que el sólo hecho de escribir en este cuaderno con mi lápiz de ti y pensando en ti provocara tu aparición inmediata ante mí para que me dieras cuenta de tus actos y tus razones y fundamentos y-sobre todo por eso- para volver a escuchar tu voz. Yo no te ví como una fémina especialmente complicada como otras que conozco por ahí. ¡Vamos¡ quiero verte de pie, en sólo sostenes y calzones, con esa lencería violeta ¿o era fucsia el color? quiero abrazarte, sentir el calor que desprende tu cuerpo ¡Vamos¡ toca mis dedos, siéntelos, caliéntame estas manos ¿ fuiste tú la que se quejó de mis manos permanentemente heladas? ¿ o fui yo mismo el que te lo señaló? creo que fui yo.
-debajo de mis tetas se te calentarán- me dijiste y resultó ser tan cierto. Ya se me paró ¿ves? lo tengo tieso y duro como esa vez. Para compensar tu gentileza quiero calentar tus pies helados, me es fácil hacerlo. ¡ Por dios, te extraño¡ ¿no me sientes? ya no me sientes, te aburriste de mi, tengo esa capacidad de aburrir a las mujeres, más bien de cansarlas. Todos se cansan y yo sigo corriendo, nadie entiende las razones de esa carrera. Pero volvamos a ti; te digo que te extraño y lo de siempre; que me gustaría abrazarte, besarte, tomarte de las manos, entrelazar los dedos, chupar tus pechos, decirte cochinadas y palabras locas por libre asociación: tetona, tetona, oscuridad, tu boca, quejidos, quiero comerte, saca la lengua, sonidos guturales y absurdos, berridos de perro, gemidos de chancho.
¿Por qué ya no estás?, eras la única con quien hablaba de verdad, no había simulación; ya no estás, ya no estás.

viernes 17 de julio de 2009

ABISMO.

Me veo dentro del abismo; aquí todo es oscuro y aburrido, me tengo que inventar personajes para no volverme loco, pero los personajes, a fuerza de ser cientos y miles, me vuelven loco a mí, entonces abro los ojos para no tener que verlos, pero ahí es la oscuridad la que me vuelve loco, no porque me impida ver al enemigo o por miedo, sino porque me dice que no hay nadie más que yo y ni siquiera yo.De alguna forma he elegido este abismo, que podríamos llamar "infierno" . Hubo momentos en que tuve la oportunidad de sustraerme a la condena, mas no lo hice. Fui condenado, y se me arrojó a él desnudo. Acá hay un eterno presente, nada para atrás y nada para adelante. Ahora entiendo eso de que el tiempo es relativo; definitivamente, no hay tiempo. No soy viejo, ni joven, tampoco existo porque nadie me escucha y no tengo cuerpo porque nadie me ve. Mi ESPERANZA es que al lado exista otro abismo. Voy a golpear la pared para ver si alguien responde.
¿Dije, mi ESPERANZA ? ESPERANZA ¿quien te invitó a ti? ¿por qué no te vas? Sin duda formas parte de la condena, eres un castigo (dolor) adicional.Como no hay tiempo, no se desde cuando estoy aquí; "siempre" parece una palabra apropiada. A veces me pregunto si esa condena existió realmente; si hubo un tribunal y una sentencia. Tal vez sólo exista yo y todo fue imaginado por mí, como los cientos de personajes que me creo para no volverme tan loco, pero que a fuerza de ser miles y miles, me vuelven loco a mí.Fui condenado ad-aeternum, así lo recuerdo al menos. El lugar es húmedo y fresco, mas no siento frío. Se que estoy vivo, que alguna vez estuve fuera y que ya no saldré más de aquí. Ignoro porque no me dieron la muerte. La falta de compañía, de luz y de puntos de referencia hacen que vaya olvidando mis recuerdos o no pueda distinguir entre lo realmente vivido y lo soñado o imaginado. El existir en este lugar deja de tener el más mínimo de los sentidos.La falta de tiempo, la oscuridad absoluta, mi ignorancia respecto al espacio que ocupo me transforman en neutro, en un ser nulo, un muerto que no ha muerto. ¿Acaso, me han convertido en objeto, en cosa? no, las cosas no se hacen cuestionamientos, ergo, no soy una cosa.
Yo, aquí en el abismo. No soy una cosa, soy una persona humana. ¿Persona? a veces me cuesta creer que lo soy; las personas tienen cuerpo y yo no me veo el cuerpo ya que todo está oscuro y no hay espejos. Si hay un suelo, una pared, una humedad, es porque así lo siento y entonces lo imagino. Me imagino dentro del abismo, me imagino parado, desnudo, sentado, acostado en el suelo, en posición fetal y todo lo demás. Otra vez me asalta la duda de si no habrá sido todo una pura imaginación, una alucinación especial, sin que mi vida para atrás sea real. No, no puede ser, todas esas ideas las tuve que sacar de alguna parte. Es real y debo aceptarlo. Fui condenado por un tribunal a pasar el resto de mi existencia en el pozo profundo, absolutamente solo y sólo escuchando mi voz y mis pensamientos, pero sin posibilidad de ver u oír algo más. ¿Hace cuánto tiempo se dictó la sentencia condenatoria? ¿un año ? ¿dos años? ¿tres años ? , no lo se, no pude seguir llevando la cuenta de los segundos, los minutos y las horas.

viernes 10 de julio de 2009

MORBOSIDAD.

-¿Por qué no se levanta? ¿por qué ya no corre? ¿por qué ya no lucha?
-porque no puede.
-si ayudó a otros ¿por qué no se ayuda a sí mismo?
-es que se sacrifica .
-eso no tiene sentido.
-el morbo no tiene sentido y es que está enfermo.

viernes 3 de julio de 2009

LA DOLOROSA EN ISLA NEGRA (Parte 4 y final).

Fui a la cocina en busca de una botella de vino vacía, era de vidrio. Puse el envase en la mesa al lado de su cuerpo. Le dije, -aquí te sentarás, encima de esta botella. La tomé del trasero y piernas, la levanté y la senté sobre la punta de la botella ensartando el gollete en el ano. Su propio peso hizo que la punta del objeto se hundiera, penetrando en su recto. La gran grupa fue bajando hasta la superficie de la mesa como si se tragara la botella. El envase de vino desde el gollete hacia abajo va agrandando su diámetro, se va haciendo más ancho hasta llegar a la base. Ella no tenía apoyo para detener el avance del objeto invasor en sus entrañas; sus piernas estaban extendidas en la mesa y sus brazos atados; la anchura de la botella y su sobrepeso fueron forzando el esfínter al límite de su capacidad. La angustia y el dolor se apoderaron de su ser. Desesperada trató de flexionar sus brazos atados, procurando subir su cuerpo; tuvo éxito ya que detuvo el avance pero sus brazos quedaron tensos, ya no extendidos sino en un ángulo de 140 grados. Se notaba el esfuerzo máximo en su rostro el que comenzaba a enrojecer; sus muñecas atadas fueron lastimándose y sus manos a amoratarse. Pasó un minuto en esa posición; decidí descargarle los 2 varillazos que faltaban.

-¡ AAAAAAAY ¡- volvió a abrir los ojos otra vez, grandes y desesperados.
-como gritaste debo darte 4 varillazos más y conste que no te sacaré la botella hasta que haya terminado con tus plantas.

Le di el primero y volvió a gritar,

-oh, gritaste, entonces otra multa de 2 varillazos.
-uf, uf, uf , uf , NO PUEDO SOPORTARLO.
-como veo que no te gusta esto de los varillazos, te propongo algo: te doy a elegir entre los 3 varillazos que restan o una sorpresa que tengo preparada y que no incluye este tipo de golpes.
- ¡ LA SORPRESAAAAAAAA ¡


Los brazos, el cuello y la cara de Claudia estaban extremadamente tensos.

-tú lo has pedido, no hay varillas pero...jajaja. Entonces le quité las ataduras que fijaban sus pies a la mesa, mas los tobillos continuaron amarrados y juntitos. Tomé sus piernas y las levanté en el aire. El peso se volvió a concentrar en el ano y ella hubo de tensar aun más los brazos para no desgarrarse. El peso de su cuerpo era sostenido por los brazos que por cierto no eran de los más fuertes.


-Deberás estar 3 minutos exactos en esta posición a partir de ahora; con eso pagarás tu multa.

Lo cierto es que Claudia estaba al límite de sus fuerzas y para ella 3 minutos sonaban como 3 horas en sus oídos.

-¡ NO , NO POR FAVOR , NO RESISTIRÉ ¡

Sus brazos, cara y cuello temblaban y su frente comenzó a sudar.

-Si no fueras tan gorda te sería más fácil, jajaja. Sus brazos comenzaron a bajar la flexión y por ende el trasero también bajó un poco más.

-¡ AAAAAY ¡
-jajajaja , quedarás abierta y la mierda pasará de largo, Claudia.

Otra vez volvió a hundirse la botella.

-¡ AAAAAAH, UF , UF , UF , POR FAVOOOOR ¡
-debes esforzarte, Claudia.

Se completaron 2 minutos y volvió a penetrar un poco más la botella.


-¡ AAAAAAH , AAAY , MI CULOOOO, DIOS MIIIO , SE ROMPE MI CULO¡

Apenas se completó el tiempo tomé a Claudia y le extraje la botella. Su pecho estaba mojado de sudor y su cara desfalleciente ¡que exhausta se veía¡ . Su vientre se movía acompasadamente con la respiración. La tomé del cabello y la miré al rostro, parecía una muñeca de trapo. Busqué agua en el vaso y le di de beber. Estaba a punto de acariciarla y darle un beso. Sus manos estaban violáceas y decidí desatarla por completo. La hice bajar de la mesa.

-acuéstate en el suelo, de espaldas; pone los brazos en cruz- le ordené.Sus enormes senos se derramaron cada uno a un lado. Estaba indefensa, cansada, con el culo adolorido ¡que bonita era en esa posición de reposo¡ me gustaba en esa postura de gatita panza arriba. La tomé del cabello y la arrastré por el piso. La llevé al baño y la metí en la tina. Le ordené que se diera una ducha.Fui a la cocina a prepararme unos huevos revueltos. Era necesario que Claudia descansara un poco y yo también. Aunque no sea creíble yo estaba ahíto de fuerzas, había sido desgastante disparar toda esa artillería de violencia sobre ella ¿era la lujuria lo que me estimulaba a seguir el juego mórbido de Claudia? no me estaba gustando el sadismo que a mi pesar estaba demostrando, yo no era así ¿o lo era? pero si no era así y si no me gustaba la morbosidad de la dolorosa ¿por qué no dejaba el asunto hasta aquí?. Si se trataba de lujuria, de pura y simple lujuria ¿no habría bastado con buscarme otra mujer? de hecho estaba "Pepita Loca", una mina que también conocí en el Chat-bdsm; tenía su mail, pero nunca le escribí porque en el intertanto conocí a la dolorosa ¿y si estaba enamorándome? ¿enamorándome de esta loca masoca? , es claro que también debo estar chiflado para enamorarme de semejante degenerada ya que lo que me estimulaba a hacerlo era precisamente esa extravagancia demencial, lo excepcional de su personalidad.
Volví a poner la TV, era hora de noticias; ninguna novedad, siempre las mismas estupideces. El peregrinaje por los distintos canales se me hizo monótono. De pronto me llegó una ola de aromas perfumados, mezcla de champú y colonias. Aparecía en la sala la dolorosa, bañadita y con la cara rejuvenecida. Su cabello estaba mojado por lo que se veía más oscuro, lo que hacía contraste con su piel blanca ¡que bonita estaba¡ se cubría con la toalla. Quedé un instante mirándola. Salí disparado del sofá donde me encontraba sentado; tomé su cara entre mis manos, acaricié sus cejas con mis dedos; iba a besarla cuando noté que se crispaban sus mandíbulas; me retuve, le di una bofetada que le hizo girar la cabeza, acto seguido le arranqué la toalla volviendo a quedar completamente desnuda. Volví a atarla como antes, casi colgando del techo y con los brazos en alto, sus pies volvieron a quedar en puntas.
Fui por mi correa de cuero; la prefería a los látigos o fustas que vendían en los sex shop. Fui descargando los correazos en la espalda, en la parte alta y la lumbar alternativamente; golpeaba fuerte; ella hacía gestos de dolor cerrando los ojos y poniendo la boca apretada, pero no emitía sonidos mayores. No sé cuantos les di. Cuando terminé, aprisioné sus ubérrimas nalgas con mis dedos, los que se hundieron como en una esponja; apreté bárbaramente y sacudí a fin de que bailara toda esa carne preciosa.


-¡ AAAAAY ¡- se quejó.
-te voy a dar en tu grupa, yegua.

Claudia me había confesado un día que sus azotaínas preferidas eran las nalgadas, eran la causa de calenturas infernales, según sus propias palabras.Le di 20 cachetazos con la palma en cada pompi. Me gustaba como se estremecían sus glúteos con cada golpe de mi mano; ella se lamentaba con diversos "zzzzzz" o "aaaaahs", manifestaciones que, estaba seguro, eran de placer y dolor a la vez, como una bebida amargadulce. Al terminar exploré el interior de la concha con el índice, estaba viscoso a más no poder como imaginaba, era buena señal. Seguí con los golpes en los glúteos pero esta vez con la correa. Los "zzzzz" y "aaaaahs" aumentaron de volumen lo mismo el enrojecimiento del trasero, paré un instante y palpé las nalgas; estaban afiebradas. Seguí dándole duro. Sus quejidos eran cada vez más altos y lastimeros; calculaba que le había dado más de 20 correazos en las nalgas; 20 era para mí un número indicador de "suficiente" pero seguiría hasta 10 más; me detuve a fin de que descansara. Ella resoplaba y su frente se había llenado nuevamente de sudor. Fui por un vaso de agua y le di de beber; tragaba el líquido como una sedienta en el desierto. Ví el refrigerador y comprobé que había hielo; saqué un cubo de gran tamaño, volví a la sala. A fin de palear la fiebre comencé a pasar el cubo por las nalgas enrojecidas; ella respondió con un "aaaaah" de agradecimiento entornando los ojos hacia arriba y casi poniéndolos blancos; seguí con ese masaje dejando su po-po muy mojado; fui pasando el cubo por entremedio de los glúteos y bajé hasta su agujero anal; empecé a presionar para meterlo dentro.

-aaaah , aaay.

Los cubos no tienen protuberancias, sólo esas caras cuadradas por lo que no era fácil hacer el acoplamiento, por lo demás era muy grande. Presioné más, pero no entraba, me ayudé entonces con la botella de vino y empujé el hielo con el gollete; de pronto entró junto con el gollete.


-¡ AAAAAAH, AAAAAAAH , AAAAAAAH ¡-comenzó a gemir, desesperada.
-AAAAAAAAH, AAAAH , SÁCALOOOOOOOO.

Claudia se agitaba como una demente furiosa; se retorcía como una lombriz expuesta fuera de la tierra, cerraba los ojos, los apretaba, los abría desmesuradamente, bajaba y subía la cabeza, cerraba y abría la boca; todo su cuerpo estaba frenético haciendo que sus protuberancias se agitasen como el océano tempestuoso, hacía todo eso y todo era inútil ya que nada podía parar esa sensación extraña y desesperante de ese cubo obstruyendo el recto y helándoselo.

-OH ,OH, OH , OH , OOOOOOOOOOH.

yo no podía hacer nada al respecto ¿cómo iba a extraerle el cubo?. En un arranque de sadismo le volví enterrar el gollete de la botella muy profundo para que el cubo penetrara aún más.

-¡ OH , OH , OH , OH AAAAH , AAAAAAY ¡


Me encantaba verla en su retorcimiento de boa herida y enloquecida, de hembra indefensa y atada. Seguí con los correazos en las nalgas, pero esta vez le pegué con la hebilla de metal; fueron 10 y algo más, pegué duro, pero sin duda los golpes prácticamente fueron ignorados por Claudia que estaba ocupada en sufrir el agobio de ese enorme cubo de hielo en sus entrañas; el paralelepípedo estaría allí hasta que se derritiera o ella lo expulsara con una peristalsis, lo que se veía muy difícil debido a la forma recta del objeto.

-¡ MMMMMMMMMM ¡

La dolorosa comenzó a enrojecer, las venas del cuello se hincharon; estaba pujando para que el cubo saliera, pero este estaba atorado; yo debía continuar con los azotes.

-te quedarás así, Claudia, debo continuar, lo siento jajajaja.

Ahora la descarga de golpes iría adelante. Le di en su vientre, pelvis, muslos, costillas en forma desordenada, sin embargo y a pesar de lo salvaje de los correazos ella parecía indiferente a ellos y seguía ocupada en las desagradables sensaciones del pequeño témpano en el culo. Azoté fuerte también las tetas que, después de 6 golpes, enrojecieron, mas también fue inútil; la dolorosa parecía presa de un ataque de epilepsis. La dejé ahí y me vestí, luego la amordacé y coloqué una pinza en cada pezón.

-saldré a dar un paseo, Claudia, espérame no te vayas a mover, jajajajajaja .
-MMMMMMMMMM.




Sin duda quería decirme algo pero la dejé ahí casi colgada y con su culo helado. Continuó la estufa encendida, apagué las luces y salí de la cabaña.
Eran las 10 de la noche y corría una brisa. Caminé por la oscuridad hacia la playa. Cuando llegué a la costa me dirigí a la casa de Pablo Neruda. Nunca había estado allí. Caminé a su alrededor. Se me antojó que si Neruda hubiera conocido a la dolorosa, con seguridad le habría inspirado un poema , "Oda a la Dolorosa" o algo así se intitularía, es más, cualquier artista se habría inspirado en ella. Seguí caminando y descubrí un bar; entré. Estaba lleno de gente, muchos de ellos extranjeros; pedí una cerveza. Se me acercó una gringa bonita que entró a dialogar. La cerveza fue borrando mi timidez y aumentando la locuacidad de ella y la mía. Ya más tarde, comenzó a cantar una chica acompañada de una guitarra. Mientras escuchábamos, tomé la mano de la gringa sin temor al rechazo, ella puso su cabeza en mi hombro por respuesta. Seguimos bebiendo, pasaron las horas. El bar fue cerrado y prácticamente fuimos expulsados del lugar. Fuimos a la playa y nos tiramos en la arena contemplando el cielo estrellado completamente ebrios. En medio de la somnolencia alcohólica apareció la dolorosa, la había dejado sola, colgando y con el culo taponeado ¡ Dios mio ¡ ¿qué hice? miré a la gringa, estaba durmiendo su mona; ya casi iba a amanecer. Corrí hacia la cabaña, no paré de correr. Esta vez el maratón era para rescatar a la dolorosa, mi princesa dolorosa. Mientras corría pensaba en lo estúpido que era en todos los sentidos: en seguir el juego de Claudia, en dejarme manipular por ella, en pretender estar enamorado de esa impúdica, en querer darle una lección y en dejarla sola con ese cubo en el cuerpo. Aceleré el paso, me sentía lleno de energía, era extraño y más aún sin haber dormido y con todo ese alcohol en mi sangre. Llegué a la cabaña y ahí estaba, colgando y hermosa como siempre. Sus ojos cerrados, desmayada. Había algo que le chorreaba por los muslos ¡Dios mío¡ se había cagado; tal vez intentó expulsar el cubo o fue producto de un desajuste intestinal causado por enfriamiento. La desaté, le saqué las pinzas de los pechos, le hablé; apenas abrió lo ojos.
-me dejaste sola- dijo, desfalleciente. La llevé al baño y la puse debajo de la ducha tibia para que calentara su cuerpo. Le limpié las heces y la jaboné entera.
-ya pasó, Claudia- le decía mientras la jabonaba, luego la sequé y la arropé, la llevé a la cocina y le di de beber leche caliente, después la acosté en la cama, muy tapada y le di un beso. Volví a la sala y limpié la suciedad, me senté en el sillón y me dormí. Cuando desperté eran aproximadamente las 12 PM hrs del día siguiente. Fui al dormitorio, pero la dolorosa ya no estaba, se había marchado. Dejó una nota que es el único rastro físico que tengo de ella.
"ADIOS. Tú también me gustas y gocé cada uno de los momentos que estuve contigo, incluido el de anoche, creo que fue genial. Pero no respetaste el trato. No lo comprendes; ya no quiero estar sola con mi soledad, es algo de lo que quiero escapar y que me persigue, pensé que lo habías comprendido". ADIOS, besos, te voy a recordar siempre.
CLAUDIA, "LA DOLOROSA" .
FIN.
N: Mis más sinceros agradecimientos a Lilith (http://www.fotosdelilith.blogspot.com/ )por su colaboración con el material fotográfico y a Supnem(http://www.maquinacionesextranias.blogspot.com/ ) Sofía, por sus ilustraciones .

viernes 26 de junio de 2009

LA DOLOROSA EN ISLA NEGRA (Parte 3).

-eres una vaca, que horribles son tus ubres.

cuando dije eso, ella me miró fijo a los ojos; sabía que mentía, sabía que yo valoraba esas tetas y que me maravillaba con ellas. Di tres cachetazos en sus melones los que se movieron de manera enloquecedora como si tuvieran una vida propia e independiente del resto del cuerpo; ahogó un quejido . ¡ Eras delicada de tetas, dolorosa mía, como una buena y dulce hembra ¡. Atenacé sus carnosos pezones y se los torcí, giré los dedos y casi doy 3 vueltas.

-¡aaaaah , aaay¡
cerró los ojos de dolor y corrieron 2 lágrimas por su cara,
-ahorra los quejidos para después- le espeté. Sin soltar los pezones, tiré de ellos, de a poco , muy de a poco; tiré, tiré; me retiraba hacía atrás y ella avanzaba hacia adelante tratando inútilmente de neutralizar la tensión; seguí tirando, tiré tanto que ella dejó de pisar en los libros que yo le había puesto como promontorio y puso la punta de sus pies en el suelo. Seguí tirando.

-¡AAAAAAH , AAAY¡

Sus tetas abundantes se estiraron y perdieron volumen para ganar longitud . ¡Que elástica puede llegar a ser la piel cuando la tensión es mucha¡ los que no lo han visto no lo creerían. Le di unas buenas y brutales sacudidas como si se tratara de ropa mojada.

-¡AAAAAAY, AAAAAH .

su grito fue feo y parecía estar siendo desgarrada. La solté. Su respiración se agitó y estaba derechamente sollozando, volví a abofetearle la cara;

-¿no tienes suficiente, depende de ti seguir?

Como lo suponía no respondió nada. Seguí con la revisión. Pasé por su abdomen y caderas, por la parte baja del vientre; metí el índice en su ombligo de gorda y escarbé como si tratara de apuñalarla con mi dedo. No encontraba feo el cuerpo de ella. No me importaba que estuviera rellenita, eso le daba un especial encanto; tal vez si hubiera sido otra mujer no habría ocurrido lo mismo, es que, como ya lo he dicho, el cuerpo de Claudia era naturalmente un 8, lleno de curvas que habrían seguido existiendo si el tejido adiposo se hubiera acabado; no obstante ello quise atormentarla psicológicamente aprovechándome de su complejo; ella sabía que su cuerpo me enloquecía pero su complejo era tan grande que mis palabras, de todas formas, resultarían peor que los azotes. Hundí mis dedos en las gorduras de sus caderas y tiré de ellas.

-Mira que chancha estás, cerda asquerosa, mírate, eres un asco. Debes mirar lo fea que eres.

Fuí a buscar el espejo de cuerpo entero que había en el baño y lo instalé en la pared frente a Claudia de manera que ella misma se mirara. Luego volví a enterrar los dedos, esta vez en la gordura de debajo del ombligo y dije,

-mira este neumático, veo que llevas repuestos para auto, que prevenida eres jajaja.

Apreté muy fuerte y ella lanzó un "aaaaay" , luego dijo "por Dios". Yo lancé una carcajada y comencé a sacudirle todas las gorduras de su abdomen.

-Mira Claudia, mírate, eres una gelatina.

le lancé cachetazos a cada una de las gorduras de su vientre el que se remecía como el agua dentro de una olla llenada al tope. Di 1 , 2 , 3 , 4 , 5 cachetadas en su guata.

-¡ AAAAAAH ¡,POR DIOS, NO, NO POR FAVOR- y estalló en fuertes sollozos.
-jajajaja.

Mi risa era falsa, en realidad no quería seguir; sin embargo, ella no cedía ante el asalto de mi crueldad. Continué con el periplo de mi mano. Pasé por los pelos sedosos de su pubis, metí los dedos dentro de su agujero vaginal, jalé de sus labios, acaricié su clítoris. Tomé una mata de su matorral y tiré como si pretendiera arrancarlo pero sin esa intención sino sólo para causar dolor. Dio un grito, quedé con unos pocos pelos en mi mano. Volví a escarbar con los dedos su vagina; se había calentado. Me gustaba la humedad que había encontrado ya que era señal de que empezaba a disfrutar. Estuve masturbándola unos minutos, luego llevé los dedos a su boca y le ordené que los chupara,

-cómete tus jugos de puta.

comenzó a lamer con avidez; estuvo así un rato, tal vez 5 minutos. Miré el reloj; eran ya las 7 de la tarde y yo tenía hambre.
Calenté agua en la cocina a fin de preparar un café. Me hice un sanwhich de mantequilla y jamón de pavo y luego encendí de nuevo la TV. Me dispuse a comer. En la tele pasaban una película de wester, algo aburrida pero la estuve viendo mientras comía. Demás está decir que la dolorosa seguía atada, casi colgando y no debía comer (y seguramente tenía un hambre mayor del que yo sentía) sólo mirarme a mí hacerlo. Una vez terminada mi merienda decidí estirar las piernas y dar un paseo por alrededor de la cabaña. Cuando estaba abriendo la puerta, de pronto escuché el ¡STOP¡ . Miré a la dolorosa, la palabra mágica que había estado esperando. Mi corazón se alegró y sonreí, pero ella continuaba con la cara seria, me miraba fijo.

-¿te vas? , recuerda el límite que prometiste respetar, no debes dejarme sola-era eso , mi alegría había sido prematura.
-No te preocupes, Claudia, sólo me fumaré un cigarro aquí afuera.
-quédate.
-son tan sólo unos minutos.


y salí de la cabaña. Ya había anochecido, hacía brisa y ese olor de pinos y eucaliptos mezclado con el aroma típico de la costa de Isla Negra me invitó a respirar hondo. Caminé hacia unos arbustos para encontrar el objeto que tenía pensado. Fue fácil hallarlo, se trataba de una varilla. La corté de una rama. Era dura, larga , flexible y fina; excelente combinación. La probé, jugando con ella como si se tratara de un florete; estaba perfecta. Luego entré.

-¿ves , Claudia? ya llegué , tomó sólo unos minutos.

Ya dije que Claudia estaba casi colgando (sólo casi) atada de manos desde la viga del techo. Me propuse ensayar otra postura para darle una azotaina diferente.En la cabaña había una gran mesa que moví hacia donde estaba Claudia. La tomé en brazos (en verdad pesaba) y la puse sobre la mesa. Debo decir que continuaba atada de las muñecas y con los brazos en alto hacia el techo, lo mismo sus tobillos, de tal manera que quedó sentada sobre el mueble con las piernas juntas y extendidas, es decir, tan sólo apoyaba en la mesa su trasero y piernas. La gordura de su bajo vientre se apelotonó sobresaliendo hacia arriba al quedar su cuerpo en ángulo recto. Sin duda esta posición era más cómoda que la anterior, sin embargo estaba destinada a la próxima tortura.
La planta de sus pies quedó expuesta a mi vista; estaban muy heridas, las toqué levemente con la varilla y percibí un pequeño gesto de dolor. En sesiones pasadas yo la había torturado haciéndole cosquillas en esa parte. Soy ignaro en esos temas, pero creo que existen en la planta algunas terminales nerviosas que despiertan de forma especial la sensibilidad; las cosquillas, aunque tortura enloquecedora eran una humorada, un instante en que lo lúdico de la sesión se potenciaba al máximo, mas ahora esa no era mi intención. Sus plantas estaban muy lastimadas y yo iba a comenzar a golpear despiadadamente sobre tan delicada superficie. Agité la varilla en el aire y le dije:

-esto va a doler, mi chancha.

El primer impacto hizo que doblara las piernas intentando recoger su cuerpo. Di un segundo golpe y volvió a hacer lo mismo. Me obligó a atarle sus pies a la mesa de manera que quedaran fijas las piernas a ella y no pudiera moverse. La varilla es fina y cada golpe afecta la primera capa de la piel, sin embargo causa un profundo dolor, máxime si golpeamos sobre una superficie herida. Lancé un tercer golpe,

- zzzzzzzz , oooh.

Le descargué un varillazo en los pechos y le dije:

-deja de chillar. Mira, puerca, te voy a dar sólo 10 varillazos en los pies , pero por cada grito y quejido te ganarás 2 más.

La ataqué con una descarga de golpes propinados con toda la fuerza de mi brazo. Al golpe 1 apretó los ojos, ahogó el lamento. Como no pudo recoger las piernas por estar fijas a la mesa entonces acercó su tronco a los pies haciendo bailar sus tetas.

-jajajajaja , ¿dolió? y es sólo el comienzo , te faltan 9 aún.
Le dí otro y otro y otro. Al quinto golpe no pudo aguantarse,

-GGRRR , ¡ AAAY ¡

gritó y abrió desmesuradamente los ojos y empezó a bufar -uf , uf , uf , uf. Le dí el sexto -¡ AAAAAY¡- volvió a agigantar los ojos y su cara tembló como en un ataque epiléptico. Al número 7 descargó un "mmmmmm" contenido. Llegó el 8 , el 9 y finalmente el 10, en todos ellos también conteniendo los lamentos, con los ojos cerrados y apretados, crispando mandíbulas y labios.

-Ahí están los 10, pero te quejaste 3 veces y 3x2= 6, jajaja, te faltan 6 más.
-no sigas por favor.
-tú sabes cómo debes pedírmelo, Claudia.
-no, no.

Su lamento era entrecortado y con hipos.

-sólo 6 más.

De pronto e intempestivamente descargué un golpe.

-¡ AAAAY ¡

luego otro y otro hasta completar los 6. En todos ellos gritó sin dejar de llorar.

-las 6 veces te quejaste, Claudia, en consecuencia tu multa a pagar asciende a 12 varillazos.
-no, no por favor.

Agrandó sus ojos y me miraba fijo como una loca.

-por favor, es insoportable.
-si es insoportable dime que pare.
-PAARAAAA , NO SIGAAAS.
-así no, Claudia , tú sabes cómo debes pedirlo.

A estas alturas yo no sabía qué pensar. Realmente era un suplicio atroz el que sufría mas no se rendía ¿qué debía hacer? , miré sus pies; estaban al rojo e hinchados ¿debía continuar con 12 varillazos más? sus lágrimas no podían ser fingidas.

-Eres una enferma perturbada, Claudia, tan sólo debes pronunciar la palabra y todo acaba.

Ladeó la cabeza y descansó su frente en un brazo. Paró de llorar y quedó en silencio, luego dijo en un susurro,

-aun no, todavía no es tiempo.

Lo dijo sin mirarme a la cara. Ya no podía más, bastaba con decidirlo, la desataba y nos devolveríamos a la ciudad, pero nunca más vería a la dolorosa, de eso estaba seguro. Ella no diría STOP en toda la noche, era una masoquista suicida.

-Eres una perturbada.
-Lo sé, podemos dejarlo hasta aquí.

Su voz sonó fría y lejana. En ese instante pensé en la dolorosa como el ser humano más solo del mundo, me superaba a mí en soledad, su trastorno era extremo ¿cuál era la necesidad de sentir dolor a ese nivel?.

-¿qué quieres demostrar? ¿cuál es el fin de todo esto?
-ya , déjalo, me voy, no eres el que busco, me equivoqué contigo. Siempre me equivoco con los hombres.

dijo eso con voz y mirada acerada. Me llené de ira y descargué un varillazo. Recogió su cuerpo y movió los deditos de sus pies como saludando el golpe: había cerrado los ojos y pudo contener el grito; sin duda lo estaba esperando y me había provocado. Le di 11 varillazos seguidos, sin ninguna tregua; se contuvo en todos pero al número 12 soltó un "aaaaaay" desesperado. Me dijo,

-debes multarme con 2 golpes.

hundí mis dedos en su teta derecha, salvajemente y dije,

-el que castiga soy yo , ¿entendido?
CONTINUARÁ.

Nota : Las fotografías son una contribución de Lilith , fotógrafa y viajera de un periplo que no termina jamás . Mis eternos agradecimientos a ella.

sábado 20 de junio de 2009

LA DOLOROSA EN ISLA NEGRA (Parte 2).

Me sobrevino tristeza . La dolorosa me gustaba , gozaba con ella como nunca lo hice con ninguna mujer y ....tal vez me estaba enamorando , no se , tal vez . No me escribía . Pasó un mes y mi orgullo no pudo más y le envié un mail . No contestó . Volví a hacerlo 5 veces sin resultado. Le mandé una última carta en que le ofrecía hacer las cosas como a ella le gustaban, le expresé que me sentía preparado para ello. Mi plan era aplicarle un tormento y humillaciones tan devastadores que la harían arrepentirse , entonces yo ganaría la disputa , ella gritaría el STOP; quedaría demostrado que mi método "suave" era el mejor para luego hacer el amor tiernamente ; con eso la haría mía. Le propuse mi oferta , invitándola a la costa , a Isla Negra; allí , un conocido mío , antiguo amigo , se había transformado en empresario turístico y poseía un camping con cabañas que arrendaba a los veraneantes. Era un lugar tranquilo y cómodo , además de aislado , quedaba a 3 km de distancia de la playa, hacia el interior. Como era temporada de baja (estábamos en primavera) no habría turistas de tal manera que podría torturar tranquilo a Claudia. Le daría una lección que no olvidaría lo que redundaría en su propio beneficio. Aceptó mi propuesta de ir a Isla Negra . Nos fuimos en bus . Partimos a las 3 de la tarde de la ciudad y llegamos , aproximadamente , a las 5 . La estación se encontraba frente a la playa y desde ese lugar había una distancia de 3 km hasta el camping . Ya tenía las llaves de nuestra cabaña ya que me había contactado con mi amigo en la ciudad. Lo más razonable era abordar un taxi , pero decidí que iríamos a pie . La mirada de ella estaba muy ausente y tenía un mutismo que me parecía provocador lo que me irritaba , por lo que la obligaría a caminar , iniciaría desde ya su suplicio. Se lo dije.
-para eso estamos aquí-
me contestó . Comenzamos la marcha y Claudia , a los 3 segundos , se detuvo y me miró; sus ojos ahora eran suplicantes y conmovedores ,
-quiero fijar un límite , es sólo uno-
-dime.
-no me dejes sola en ningún momento , por favor-
Su timbre de voz también había cambiado , era el de una niña que pedía protección.
-Claudia-le dije -no es necesario que hagamos esta prueba tonta ; me gusta el sado, pero no a estos niveles , tú sabes que me gusta mezclarlo con ternura.
-a mí también me gusta la ternura , pero quiero pagar por ella un buen precio, pero si no quieres está bien, me voy, no te obligaré a algo que tú no deseas-
Su mirada otra vez volvía a ser fría .
-está bien, Claudia ,vamos , respetaré tu límite y te castigaré de una forma que no soportarás y te verás obligada a reclamar el STOP , entonces , cuando eso ocurra , las cosas serán como yo diga ¿de acuerdo?-
ella no contestó , entonces yo le apreté el cuello ;
-¡AAAAY¡ , de acuerdo , de acuerdo- dijo y siguió con la mirada ida .
-vamos- dije y la empujé brusco -a caminar , cerda .
El camino estaba sin pavimentar y lo cercaba un bosque de coníferas y eucaliptus. No se veían personas a excepción de nosotros, tampoco automóviles; todo el ambiente estaba impregnado de un aroma a pinos. La dolorosa llevaba un vestido floreado , muy ancho y largo , de tipo artesanal o hippie; ese tipo de ropas eran habituales en ella , camuflaba así su acomplejada gordura y gigantomastia; acorde con ese vestuario, calzaba sandalias. Después de unos minutos y con un trecho caminado , le ordené que se quitara las sandalias.
-irás descalza- De mi mochila saqué una soga que llevaba al efecto y se la até a la cintura.
-iremos trotando-
Yo iría delante , tirándola con la soga y ella detrás.
-vas a sufrir , mierda , si eso es lo que quieres , deberás seguir mi ritmo hasta que lleguemos a la cabaña. No quiero que te detengas.
Sabía que tal ejercicio de correr por 3 km resultaría agobiante para ella. Estaba sobrepasada en peso y no tenía costumbre de ejercitar su cuerpo; para mí no era nada ya que soy fondista amateur. Tenía la secreta esperanza de que este ejercicio haría recapacitar a Claudia. Ella estaba habituada a los golpes, azotes, humillaciones y ese tipo de cosas, pero no a ejercicios aeróbicos, por lo demás el camino estaba plagado de piedras que irían martirizando sus pies desnudos .
-vamos , cerda , corre.
Al minuto de correr , su blanco rostro se volvió sonrosado por el esfuerzo , su cabello se movía y parecía negro , negrísimo . Pensé en la belleza de Claudia la dolorosa; me parecía que tan sólo yo entendía esa belleza y que había sido hecha para mí. Como el vestido llegaba hasta los tobillos fue llenándose de polvo. Su frente y mejillas perladas por el sudor adquirieron la forma de la angustia.
-¿te falta el aire , cerda? , más rápido, chancha.
Tiré de la cuerda bruscamente y me respondió con un "aaay". Sus volúmenes saltaban al ritmo del trote; realmente le pesaban .
-¿te pesa el culo?-
Ella no hablaba, no podía hacerlo ya que debía ahorrar el aliento. Yo también seguí corriendo en silencio; el cansancio comenzaba a llegarme claro que no se comparaba con el de ella. Su boca, su pequeña boca de animé japonés iba abierta, su vestido ya estaba mojado en la espalda y a nivel del pecho.
-uf, uf , uf , uf , noo.
-¿qué me dices , cerda? .
-no sigas por favor .
en respuesta , yo tiré de la cuerda y aceleré el paso .
-más rápido no , no por favor , no puedo más , se me sale el corazón.
Seguí corriendo y me puse a su lado, trotando paralelamente a ella. Di un fuerte agarrón a su teta izquierda.
-¡AAAAY¡
volví a hacerlo más fuerte y se la sacudí. Le dije :
-sucede , Claudita , que estas ubres de vaca te pesan , lo mismo este culo de yegua-
acto seguido le patée el trasero y cayó pesadamente , de bruces , al suelo .
-¡ AAAAY ¡-
Su rostro y pelo se empolvaron y vi sus ojos llenos de lágrimas; el vestido también se ensució; vi que su mano tenía una pequeña fisura. Se me contrajo el alma al verla tan derrotada y vulnerable pero no podía flaquear. Quedó tirada allí , usufructuando al máximo ese pequeño y accidentado descanso. Respiraba agitada ¡ pobre Claudia ¡ si tan sólo hubiera dicho STOP;
-levántate , vaca inmunda.
tomé su largo cabello y tiré de él hacia arriba como tratando de arrancar una mata de maleza ,
-¡ AAAAAAAAH ¡-
jalé hasta que estuvo de pie, luego le dí un bofetón en la mejilla, ella llevó sus manos a la cara como tratando de taparla,
-¿has tenido suficiente , vaca? .
La mirada de la dolorosa continuó impertérrita y a mí se me antojó altiva. Seguimos corriendo. Resistió el trote hasta las cabañas y a pesar de la agitación que experimentaba ya no se quejó. Se cuan duro era para ella el esfuerzo aeróbico ¡que estoicismo más admirable tenía¡. Al fin llegamos a la cabaña. Entramos y descansamos en un sofá largo que había allí. La respiración de Claudia seguía siendo violentamente entrecortada. Tuve intención de arrojarla al suelo sin derecho a sentarse, pero me contuve, tenía que dejar se recuperara; ella seguía con esa actitud aparentemente flemática que tanto me molestaba. Saqué de la mochila un jugo de frutas y me lo bebí con avidez. Tomé uno de sus pies y ví que la planta estaba lacerada y cubierta de tierra .-desnúdate- le ordené .Claudia se quitó el vestido. Llevaba cuadros y un sostén de color blanco como ropa interior. Siempre me complacía contemplar la escena de ella quitándose la ropa íntima. La liberación de sus enormes pechos de la prisión de su, también enorme, sostén era un espectáculo alucinante; el sólo pensar en el tamaño extraordinario de esa prenda hacía que el pene se me endureciera al instante; y allí estaba ese par de volúmenes, blancos y húmedos por el sudor. Se quitó los cuadros; desnuda total, indefensa desposeída. Quedaron al descubierto sus gorduras , estrías y piel de naranja que tanto le acomplejaban ¡Que enorme culo , por Dios¡ . Los muslos de sus piernas eran gordos pero con las carnes apretadas, no puedo decir lo mismo de su vientre y nalgas que al más mínimo movimiento temblaban como una gelatina. Toda esa piel blanca , rellena de lípidos en sus partes más deseables hacía resaltar el bosque negro y tupido de su pubis. Una vez desnuda, le extendí alcohol desnaturalizado y dije:
-ve al baño y aplícatelo en las heridas de los pies después de lavártelos.
Se dirigió al baño cojeando del pie izquierdo y bamboleando involuntariamente sus grandes nalgas . Terminé mi jugo de frutas y encendí el televisor. Estaban dando un documental sobre la vida de los animales salvajes, sobre el perro salvaje africano. Me entretuve unos minutos y luego me fuí al baño. Ella estaba sentada en la taza del Water aseándose los pies y aplicándose el alcohol con un algodón tal como le había ordenado:
-vete, perra , de aquí , me voy a dar una ducha.
Se puso de pie, pero antes de que saliera la tomé del cabello y la obligué a ponerse en 4 patas. Sus blancas ubres quedaron colgando y casi rozaban el suelo; su trasero, en esa posición, no sólo se veía enorme sino groseramente redondo. Extraje un condón del bolsillo de mi pantalón y le ordené que me lo ajustara al pene. A estas alturas el miembro estaba duro y erguido y no era necesario ningún masaje previo como siempre ella me hacía. Una vez ajustado el condón , y de nuevo en 4 patas, se lo metí por el ano con fuerza.
-¡ AAAAY ¡- se quejó .
Comencé mi ataque a un ritmo suave.
Llevé mi mano a su vagina y palpé con el índice su interior para ver si estaba húmeda. Ciertamente no estaba excitada: el ejercicio y las heridas en los pies habían sido demasiado para ella. Su cara le hacíahonor a su apodo y reflejaba angustia y desánimo. En sesiones anteriores yo había sodomizado a Claudia. Siempresu culo estaba apretado para mi placer y su dolor, mas ella gozaba y se provocaba los más bullados orgasmos masajeándose el clítoris paralelamente a mis ataques, según su testimonio las sodomizaciones le proporcionaban los más grandes placeres, pero ahora era distinto; ella no estaba gozando y la enculada le dejaba tan sólo dolor. Continué con la cabalgata acompañándola con groserías e insultos. A cada embestida le agregaba un fuerte cachetazo en las nalgas.
-que culo de yegua tienes- le decía.
Por la ausencia de gozo en Claudia , diría que técnicamente eso era casi una violación. Tiré de sus cabellos para que hicieran las veces de riendas .
-¡ AAAAAH ¡-
Por el espejo de la pared , notaba como se balanceaban las tetas; innumerables veces había tenido esa visión y nunca me dejaba de impresionar. Cuando me vino la corrida, enterré brutalmente los dedos en sus gelatinosos glúteos respondiendo ella con un grito agudo y ahogado . Fué placentero para mí , pero no estuve satisfecho; sabía que ella no había gozado y siempre esperé el STOP que no llegó. Mandé que se pusiera de pie, me quitara el condón y vaciara el semen en un vaso de vidrio que estaba sobre la mesa del living.
-bébetelo- le ordené .
Ella cerró los ojos y tragó el esperma.
-para que te calme la sed , ese es tu refresco , puta cochina.
Acto seguido la dejé atada de las muñecas, con los brazos en alto como ya dije al principio. Me fuí a tomar una ducha para quitarme la transpiración que me había provocado el pequeño maratón. Mientras caía el agua sobre mi cabeza me preguntaba qué seguiría después. La dolorosa no se rendía, es más , yo estaba a punto de hacerlo, con lo que ya le había propinado sólo deseaba consolarla , curarle sus heridas , arrumarla y hacerle el amor, pero sabía que mi rendición provocaría su desprecio y ya nunca más la vería , debía resistir y aumentar mi sadismo; volví a la sala , desnudo y descalzo , secándome con una toalla. Ella continuaba atada , con los brazos en alto, aún no comenzaba a dar muestras de incomodidad , se veía serena. Encendí la estufa para entibiar el ambiente; ambos estábamos desnudos y no queríamos resfriarnos. No obstante estar en primavera , el clima costero sin ser excesivamente frío era muy húmedo por lo que puse la calefacción a su máxima capacidad; la cabaña era de madera y no tardaría en subir la temperatura.
-Te voy a revisar el cuerpo , Claudia- le dije .
Con la mano le apreté las mejillas a fin de que abriera la boca como un pez ; le metí los dedos por sus encías , dientes , paladar y lengua; apreté su nariz , le metí los dedos en las fosas nasales; di 2 fuertes tirones a sus orejas a los que respondió con un "aay" tembloroso; traté de introducirlos en sus oídos sin éxito . Apreté su cuello presionando hasta que empezó a dar muestras de sofoco , luego jalé del cabello; lo sacudí uno , dos , tres veces , lanzó un "aaay" y los ojos se le llenaron de lágrimas ; -Plaf - le dí un cachetazo en la cara ,
-ya deja de quejarte , puta.
Seguí con su parte trasera , pasé mi palma por su espalda , di un cachetazo a cada una de sus nalgas y seguí bajando , pero antes me puse un guante de goma en la mano derecha y le dije,
-no quiero ensuciarme con tu mierda de puerca.
Introduje el dedo medio y luego el índice en su ano. Lo metí y lo saqué alternativamente, luego escarbé con brutalidad , como si tratara de encontrar algo; ella volvió a quejarse. Me quité el guante y continué pasando la mano por sus muslos. No se trataba de caricias sino de un símil de revista , una búsqueda de alguna imperfección que en realidad no existía. Me puse frente a ella para revisar la delantera , pasé por sus sobacos perfectamente afeitados , por su pecho , bajé a sus ubres de vaca que tanto me gustaban .
CONTINUARÁ.
Nota: Las ilustraciones son un aporte de la artista y pensadora Supnem(http://www.maquinacionesextranias.blogspot.com/ ) y las fotografías de la viajera y fotógrafa Lilith(http://www.fotosdelilith.blogspot.com/) . A ambas , mis eternos agradecimientos.